Muchas veces, casi con toda seguridad todos los días queremos proteger nuestra existencia de todos los males que ocurren en el mundo. Tras leer esta línea inicial es posible que entiendas que me refiero a TODOS LOS GRANDES MALES QUE ASOLAN AL MUNDO. Pero te pregunto que si con la cantidad de días que nos toca vivir crees que todos sufriremos TODOS ESOS GRANDES MALES te diré que seguramente yerras en tu pensamiento. ¡Por supuesto que existen y jamás debemos obviarlos! Pensar en ello es importante, pero reconóceme que no es tu prioridad inmediata. ¿Entonces de qué te estoy hablando? Pues del día a día. Solemos alimentar nuestro morbo malsano viendo las grandes desgracias ajenas pensando que no nos va tan mal. Envidiamos a los ricos y famosos porque llevan esa vida tan estupenda que deseamos. Aunque, eso sí, si a uno de ellos le sucede una tragedia, la seguiremos con tanta atención como si la viviéramos nosotros dejando de lado nuestras pequeñas mezquindades.
Y ahí quiero llegar, a nuestras pequeñas mezquindades. Cuando nos acontece una desgracia de gran magnitud, nos vemos sacudidos con tal fuerza que todo lo que hacíamos rutinario pierde importancia porque en esos instantes reordenamos nuestras prioridades. Nos marcará tanto que desechamos nuestros valores establecidos, replanteándonos cómo debemos vivir a partir de ahora. En cierto modo, nos supone una catarsis de proporciones gigantescas y consecuencias verdaderamente imprevisibles. Pero esta catarsis suele darse generalmente en esta clase de situaciones. Frente a ello, nos volvemos a levantar y nos preparamos más concienzudamente a la lucha de puertas afuera.
Aunque me haya extendido, quería explicar el hilo central de esta reflexión. Mientras que los grandes males pueden sacar lo mejor de nuestra naturaleza mediante un inusitado coraje, sin embargo, los pequeños males son las goteras de nuestra alma. Podemos combatir en una gran pelea en un día muy señalado. Pero lo realmente difícil es mantener el ánimo día a día para afrontar las pequeñas mezquindades como tener que aguantar a la vecina que se queja de todos y por todo, del cartero que está siempre malhumorado, del taxista que grita a todo el mundo, ya sea porque el de al lado conduce temerariamente o la de delante va demasiado despacio, y por nombrar al compañero de trabajo que todo le parece mal mientras mira cínicamente a todo el mundo, y así podríamos sumar.
El primer día o el primer mes lo llevamos bien, pero por algún factor que desconocemos permitimos que esta actitud se nos contagie. Por si no bastara, hemos de lidiar además con nuestros propios problemas: tratar de cumplir los plazos fijados en el trabajo, los gastos de casa - algunos imprevistos -, llegas a casa y ves a los niños gritando o llorando, el coche que le falla vete tú a saber qué pieza, el malhumor de tu pareja y podríamos seguir enumerando...
Con semejante panorama ya pierdes la ilusión de animar, ayudar, colaborar e incluso escuchar a los demás. Al contrario, exigimos que nos comprendan, nos escuchen, queriendo olvidar que a los demás les pasa exactamente lo mismo que a nosotros. Como el efecto de la bola de nieve, la cosa se agrava, porque comienzan y se prolongan las ofensas, los disgustos y rencores por motivos que, en condiciones de absoluta normalidad y sensatez, pensaríamos que se tratan de verdaderas chorradas porque en general olvidamos el verdadero valor de las cosas, pero nos duelen y actuamos en consecuencia. "Como me miraste mal, ahora te retiro el saludo". "Te estuve esperando toda la mañana, pero no apareciste, así que no cuentes más conmigo." Así que perdemos la perspectiva y acabamos pensando que el 99% del género humano es malo por naturaleza, y ese 1% excepcional lo reservamos para nuestros allegados y mirando también si nos van a hacer daño o no.
Te escribo esta reflexión porque seguramente, tras pintarte semejante cuadro desolador concluirás con que cuanto más conoces a las personas, más quieres a tus animalitos de compañía y que para un mundo así no hacen falta alforjas, que no nos espera ningún viaje, que muy bien que estoy en casita. Aunque no me creas, te afirmo que ahí fuera nos espera un mundo hermoso y hostil, duro pero esperanzador, que te espera a ti, me espera a mí y a todos los demás porque a pesar de nuestras pequeñas mezquindades, generalmente somos buenas personas pero con una mala brújula en lo que a decisiones y reflexiones se trata.
La Naturaleza nos ha hecho básicamente gregarios, pero solemos caer en la contradicción de no querer ver a nadie porque no deseamos soportar escuchar las tonterías al mismo tiempo que echamos de menos hablar con gente para que nos escuchen... nuestras tonterías. Como además, aguantamos, nos reprimimos, ocurre que un día no te apetece verlos mañana ya lo llamarás o te prometes tomar un café. Pero lo pospondremos y acabaremos saliendo de casa únicamente para ir al trabajo como autómatas olvidando llamar a nuestros amigos.
Un buen día te darás cuenta al plantearte qué fue de tu vida, porque realmente los que vivieron sus días, salieron al mundo a tratar de conquistarlo sin preocuparse de si fracasarían. No se preocuparon si el mundo que les esperaba fuera era hostil, feo o desagradable sencillamente porque asumieron, sin saberlo conscientemente, que ese mundo era el que les había tocado con otras personas de todo tipo y con las que había que convivir.
Ignoro si te aíslas en tu hura, la morada del huraño, pero no olvides que te espera un mundo ahí fuera. Así que ahí tienes la puerta.
EUDLF
servido por rincones
1 comentario
compártelo
Es inevitable. Cada día queremos desconsolarnos con noticias que los medios (¿o son miedos?) de comunicación nos atiborran. Y digo queremos porque no somos capaces de buscar buenas noticias o pensar en cómo mejorar la situación. Previsiblemente caemos en la trampa de pensar que cualquier tiempo pasado era mejor, "¡Qué barbaridad! Estas cosas no pasaban antes. ¿A dónde vamos a parar?"
Permítanme decirles que estas cosas pasaban y peor. Había más guerras, crueldad, odio, fanatismo. Pero queremos creer que no era así. Pero sí, y lo que realmente pasaban, todas esas noticias de guerras espantosas, matanzas inconcebibles y demás abominaciones humanas no nos alcanzaban sencillamente porque las noticias jamás nos llegaban.
No quiero creer que vamos a un camino de destrucción irremediable, porque entonces certificamos la defunción de una de las mejores virtudes del ser humano: la esperanza. Sin ella, ¿qué nos queda?
En los tiempos pretéritos, tuvimos la fortuna de tener a Mozart, un ser que vivió en condiciones miserables, arruinándose una y otra vez, enfermando hasta que falleció a la corta (según nuestras medidas) edad de treinta y cinco años. Su época, como la mayoría que a la humanidad le ha tocado vivir, no ha sido fácil. La vida tenía menos valor que ahora. Los niños morían apenas habían nacido. Con nuestros ojos, con la idea de que el mundo es un auténtico desastre, no habríamos sobrevivido apenas un asalto. Mozart, como cualquier contemporáneo suyo, encontraría nuestra época un tiempo muy cercano al paraíso. Valoraría seguramente los avances tecnológicos y sociales.
Pero yo me pregunto: ¿ahora se palpa un espíritu de lucha, supervivencia y superación como antaño o más bien vemos una suerte de alienación y forma de nihilismo que hagamos lo que hagamos no hay solución?
Veo con mucho temor, la suerte de cinismo que se teje en la moral de nuestra sociedad. Nos podemos imaginar la innumerable cantidad de comentarios del estilo, "¿Para qué traer niños a este mundo si es una m***?". De este tipo de cuestiones hago dos posibles lecturas, aunque invito al lector a que me haga saber alguna conclusión que se me escapa. La primera lectura es que hay tal grado de desesperanza en nuestra moral que de seguir así, nuestra sociedad irá irremediablemente abocada a su desaparición. Y sin embargo, no puedo aceptar que semejante argumento tenga validez, porque en ese caso, ya nos hubiéramos extinguido hace siglos, cuando nuestros antepasados padecieron plagas, guerras y "castigos divinos", con la idea de que ante tal panorama, mejor apagáramos y cerráramos.
Pero si esta primera lectura es bastante desoladora, la segunda ya se me antoja espantosa, porque se trata de tomar el hedonismo como forma de vida válida y aceptada por todos los componentes de esta sociedad. No lo dirán, pero lo pensarán: "No traigo hijos porque quiero disponer de mi tiempo libre totalmente y me niego a atarme de ninguna forma". Y es que muchas veces el gallo ha olvidado de que en su momento fue pollo. Y muchos no han sido ni serán padres - aunque otros sí -, pero todos, absolutamente todos somos hijos, y olvidamos lo que nuestros padres renunciaron por traernos a este mundo. Aunque dejo al lector la siguiente reflexión:
¿Qué valores estamos practicando entre nuestros contemporáneos
y a la vez inculcamos a nuestros hijos?
Por eso, no me creo que cualquier tiempo pasado fue mejor. Sencillamente, esa falacia no puede darse porque tenemos grabado a fuego nuestro instinto de supervivencia. Se sabe que en tiempos de bonanza, el índice de suicidios de un país industrializado es alto. Ahora bien, si ese país entrara en guerra, civil o con otra nación, ese índice descendería notablemente. Nada como pasar estrecheces para valorar la vida y luchar por ella.
--
EUDLF
servido por rincones
6 comentarios
compártelo
El prestigioso autor
Italo Calvino aduce las siguientes razones para acercarnos a los clásicos.
- Los clásicos son esos libros de los cuales se suele oír decir: «Estoy releyendo...» y nunca «Estoy leyendo...».
- Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos
- Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando e imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual.
- Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera.
- Toda lectura de un clásico es en realidad una relectura.
- Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir.
- Los clásicos son esos libros que nos llegan trayendo impresa la huella de las lecturas que han precedido a la nuestra, y tras de sí la huella que han dejado en la cultura o en las culturas que han atravesado (o más sencillamente, en el lenguaje o en las costumbres).
- Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima.
- Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad.
- Llámase clásico a un libro que se configura como equivalente del universo, a semejanza de los antiguos talismanes.
- Tu clásico es aquél que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él.
- Un clásico es un libro que está antes que otros clásicos; pero quien haya leído primero los otros y después lee aquél, reconoce enseguida su lugar en la genealogía.
- Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a la categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo.
- Es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone.

Invito a los lectores a proponer una lista de tres libros que consideren que se puede encuadrar en esta categoría por cualquiera de los motivos expuestos por Calvino. El abanico cronológico lo dejamos abierto totalmente; podríamos ir desde uno fechado en los tiempos de las antiguas Grecia y Roma hasta uno contemporáneo.
--
EUDLF
servido por rincones
12 comentarios
compártelo
Hace poco más de 6 años, en febrero de 2.001, el gobierno talibán afgano anunció su propósito de dinamitar los Budas de Bamiyán. La reacción internacional no se hizo esperar; amigos y enemigos se pronunciaron por igual, horrorizados. Además de las voces del Dalai Lama y la Asociación Budista Oficial de China, de muchos gobiernos musulmanes y por supuesto de la comunidad internacional occidental, Paquistán - uno de los tres únicos países junto a Arabia Saudita y los Emiratos Arabes Unidos que reconocían el gobierno de talibán- y la budista Sri Lanka emprendieron nuevas iniciativas encaminadas a disuadir al movimiento islámico radical. Un enviado de las Naciones Unidas advirtió a los talibanes que de seguir adelante con sus planes la reacción sería devastadora. La UNESCO criticó la campaña e instó a las naciones musulmanas para que intercedieran para evitar la destrucción de las estatuas. El Museo de Arte Metropolitano de Nueva York se ofreció a comprar las reliquias antes que verlas destruidas, y la misma propuesta fue hecha desde Grecia.

Los fundamentalista talibanes rechazaron todas estas peticiones, así como la de última hora realizada por el secretario general de la ONU, Kofi Annan, para reconsiderar la decisión. "Tenemos intenciones de no dejar una estatua en pie. La tarea es ahora destruir las estatuas de Bamiyan. Son fáciles de romper y no toma mucho tiempo", fueron las declaraciones del líder de Talibán, Mullah Mohamad Omar. La "excusa": los recursos destinados por la UNESCO y las ONGs del extranjero para la renovación de estas estatuas, muy criticados por el gobierno talibán aduciendo que había problemas muchos más urgentes en Afganistán, y el decretazo hecho a a través del Ministerio del Vicio y la Virtud (solo el nombre ya pone el vello de punta...), en que se decidió que estas estatuas eran ídolos y por tanto contrarias al Corán, que está en contra de ls representaciones humanas.

El 1 de marzo de 2001 la comunidad internacional, encabezada por Naciones Unidas, buscó afanosamente ya por última vez frenar la destrucción de los dos colosos de piedra y otros figuras preislámicas, pero la advertencia del régimen talibán se cumplió. Pocos días después, la cadena televisiva americana CNN retransmitía ante los asombrados ojos del mundo una de las mayores actos de barbarie cultural de que da cuenta la Historia: la destrucción de los Budas de Bamiyán. De nada había servido la protesta unánime internacional y las iniciativas promovidas por la UNESCO o por la ONU previas al brutal atentado...

Se usaron misiles antiaéreos, munición de tanque, cargas explosivas colocadas alrededor de las estatuas y ametralladoras que eliminarían por último los rastros de los colosos de piedra. Para el 06-03-2001 ya se habían bombardeado más de la mitad de los antiguos Budas, esculpidos en piedra y empotrados en un acantilado en el poblado central de Bamiyán, y tras las celebraciones del Eid al-Adh", la festividad islámica del sacrificio se terminó la tarea con la destrucción de las dos colosales figuras de 53 y 36´5 metros que quedaban, los de mayores dimensiones de todo el mundo, con una antigüedad de más de 1.500 años.
Las protestas llovieron después, lógicamente. La India calificó la planeada destrucción de "regresión al barbarismo medieval". Rusia, de "vandalismo"...

Los Budas de Bamiyan eran dos monumentales estatuas de Buda talladas a los lados de un acantilado en el valle de Bamiyan en Afganistán central, situado a 230 km del noroeste de Kabul a una altura de 2500 metros sobre el nivel del mar. Lo más probable es que se construyeran en los siglos V o VI, y representan una clásica mezcla del arte Greco-Budista. Los cuerpos principales fueron esculpidos directamente en la roca arenisca, pero los detalles fueron modelados en barro mezclado con paja, bañado con estuco. Este baño fue pintado para aumentar las expresiones de la cara, manos y cruces de las vestiduras. Las partes más bajas de las estatuas, los brazos, fueron construidas con barro y paja para sostener las armaduras de madera. Se cree que las partes superiores de sus caras fueron hechas con grandes máscaras de madera, o moldes. Fueron monumentos históricos por muchos años, e inscritos por la UNESCO por el Patrimonio de la Humanidad. Aunque el daño es ya irreparable, se pensó en la posibilidad de reconstruir las estatuas. El profesor de geodesia y topografía Robert Kostka, de la Universidad de Graz, Austria, localizó en 2002 un estudio de imágenes fotogeométricas realizado en 1970 por un grupo de ese centro sobre una de las estatuas, con las cuales se podrían realizar estatuas a escala que permitieran posteriormente reconstruir los Budas gigantes, pero la tarea de reedificarlas se ha visto truncada por falta de presupuesto.
Verdaderamente, a la comunidad internacional no le quedó nada por hacer para evitar la destrucción de un tesoro de incalculable valor. Las protestas fueron multitudinarias, y en todos los tonos... Lo que nunca he visto es la misma reacción ante la situación de la mujer afgana, ni antes, ni durante, ni después del régimen talibán. Porque si bien durante éste esa situación se recrudeció hasta límites kafkianos como todos sabemos, no ha sido mucho mejor ni antes ni ahora, fundamentalmente en zonas rurales. Shala Azad, portavoz de la asociación Rawa (Asociación Revolucionaria de Mujeres Afganas), denuncia que la Alianza del Norte comete los mismo crímenes que el anterior régimen. Reclaman a Naciones Unidas, a Estados Unidos y a la Unión Europea que dejen de considerar a los fundamentalistas como representantes del pueblo afgano y que les ayuden en su desarme y, al mismo tiempo, colaboren con ellas para llevar ante el Tribunal Internacional de La Haya a los responsables de la violación de Derechos Humanos. Y sigo sin ver más que tibios informes de la ONU sobre la situación actual de la mujer en Afganistán, pero desde luego no ese tipo de reacción indignada que se produjo antes y después de la destrucción de los Budas.
.
Cuando Eric me sugirió este artículo para la sección A debate los tiros no iban por aquí, pero al hilo del recuerdo de la barbarie cometida con los Budas no he podido sustraerme al de esa otra que se cebaba y continúa prácticamente igual con las mujeres de ese país, para las que jamás se alzó de forma oficial ninguna voz desde ninguna institución, al menos que yo sepa, corríjanme si me equivoco. Y creo que estas mujeres debieran de tener, al menos la misma importancia que aquellas estatuas...
Lo que me gustaría traer aquí a debate es la siguiente pregunta: ¿siirve de algo la ONU, los tratados internacionales en pro de los Derechos Humanos y los del Medio Ambiente? ¿O habría que ir pensando en arbitrar otro tipo de medidas, renovar desde el fondo las instituciones, sus atribuciones..?
RENAISSANCE
servido por rincones
26 comentarios
compártelo
Esta nueva sección pretende plantear temas que puedan ser de interés y suscitar controversia, un intercambio de opiniones del que todos podamos enriquecernos, partiendo de frases o de fragmentos de obras de autores consagrados que puedan generar un debate sobre el tema que los vertebra. Además de los que pueda ir proponiendo Rincones serán bienvenidos todos aquellos que queráis aportar y que planteen cuestiones que sean de vuestro interés, bien enviándolo al correo que tenemos a vuestra disposición, a.los.rincones@gmail.com, bien citándolos directamente en cualquiera de vuestros comentarios.
El primer post de esta nueva sección lo inaugura Oscar Wilde. Postula en estas frases una cuestión tan controvertida como que en el arte todo es válido.
OSCAR WILDE
Un libro no es en modo alguno moral o inmoral. Los libros están bien o mal escritos. Esto es todo.
Ningún artista es nunca morboso. El artista puede expresarlo todo.
Vicio y virtud son para el artista materiales de un arte.
Como soporte para el debate, sendas reseñas de exposiciones de dos artistas que han levantado la inevitable polémica.

La primera fotografía corresponde a una exposición del artista Xiao Yu titulada "Ruan" y es una escultura hecha con la cabeza conservada en formaldehído de un feto muerto adherida a un cuerpo de gaviota.
Esta obra generó un fuerte escándalo en Suiza y un debate sobre los límites del arte. La muestra fue realizada en el museo de Bellas Artes de Berna, sin embargo las autoridades del museo decidieron retirar la pieza tras una queja sobre la falta de respeto a la muerte y la preocupación porque su espantoso aspecto pudiera traumatizar a los escolares en sus visitas.

La segunda foto recoge la composición artística de un artista franco-chino, Huang Yong Ping, titulada 'Teatro del Mundo' que pone en escena una serie de insectos y de reptiles vivos. Bajo una cúpula en forma de caparazón de tortuga Ping reunía saltamontes, cucarachas, tarántulas, ciempiés, lagartos, eslizones y escorpiones. Esta obra representa, según los comisarios de la exposición, "un microcosmos de los conflictos mundiales" e "incita a la gente a reflexionar seriamente sobre las dinámicas del poder en la sociedad contemporánea". Fue retirada de la galería de arte de Vancouver en que se exponía después de haber sido acusada de crueldad por los defensores de los animales.

La tercera foto corresponde a un trabajo del mismo autor titulado “La historia de la pintura china y la historia del arte moderno occidental lavado en lavadora durante dos minutos”. La pasta de papel resultante de haber metido en la lavadora dos importantes libros sobre arte chino es el motivo central de esta composición, de la que forman parte una placa de cristal y una caja de té china. Los críticos interpretan este trabajo como la expresión de conceptos relacionados con el Dadaísmo y el Budismo.
¿Hasta dónde se puede llegar en la expresión artística, tanto escrita como figurativa? ¿Toda idea original o al menos fuera de los circuitos tradicionales del arte se puede considerar como tal?
RENAISSANCE
servido por rincones
11 comentarios
compártelo