La Coctelera

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Categoría: Femenino singular

23 Agosto 2007

ISABELLE EBERHARDT, LA "REBELDE"

"... Nómada seré toda mi vida, amante de los horizontes cambiantes, de las lejanías aún inexploradas, pues todo viaje, aun a las regiones más frecuentadas y conocidas, es una exploración», anotó en su diario Isabelle Eberhardt. Aventurera, periodista, escritora, apasionada estudiosa y practicante del Islam, su corta e intensa vida constituyó su mejor novela.

Isabelle Eberhardt nació en Ginebra en 1877, fruto de amores extramatrimoniales de su madre, una aristócrata alemana casada con un general y senador ruso. Respecto a su padre se ha barajado la posibilidad incluso de que se tratase del poeta Rimbaud, pero ni siquiera la propia Isabelle llegó a saber nada con certeza. Lo más probable es que fuese el preceptor de sus hermanos y amante de su madre, Alexander Nicolaievitch Trofimovsky, un sacerdote ortodoxo ruso nihilista y amigo del anarquista Bakunin, con el que se fue a vivir acompañada de sus hijos aun antes de quedar viuda.

Su casa era centro de reunión de anarquistas, nihilistas, conspiradores y revolucionarios de distintas nacionalidades. Isabelle no fue a la escuela pero de Trofimovsky aprendió griego, latín, turco, ruso, árabe, alemán e italiano, además de filosofía, literatura, geografía, historia y nociones de medicina. Exactamente la misma educación que sus hermanos varones. Además de la enciclópedica ilustración provista por su tutor, la educación de Isabelle se verá completada por las discusiones -a veces violentas- de los visitantes que llegaban a su hogar y los relatos de experiencias de remotos y exóticos confines.

Desde muy joven desprecia las prendas femeninas y prefiere vestir como un muchacho. Quienes la conocieron hablan de su ausencia de feminidad y sus maneras varoniles. En los escasos retratos que de ella se conservan parece un adolescente, pero la excesiva belleza de sus rasgos la delatan.

El enclaustramiento, el desorden afectivo y sentimental de Isabelle amenaza con explotar, y el mundo exterior la atrae como un fruto salvaje. Como modo de exorcizar sus demonios, comienza a escribir.

Cansadas de la personalidad excesivamente vitalista y apabullante de Trofimovsky, Isabelle (contaba ya veinte años) y su madre se marchan a vivir a Argelia. Se instalan definitivamente en los confines del barrio indígena, en una casa sencilla de adobe blanqueada con cal y un patio interior con azulejos y naranjos donde viven su anhelada libertad. Isabelle trueca sus vestidos europeos por una chilaba blanca, profundiza sus estudios de árabe clásico, estudia a fondo el Islam y ambas terminarán convirtiéndose a esta religión. Durante unos meses su felicidad fue completa. Hasta que, enferma de corazón, Nathalie, la madre, muere.

Sumida en el dolor, la joven marcha a Argel, y después a Túnez. En esa época Isabelle publica sus primeros artículos y cuentos bajo diversos seudónimos. También es entonces cuando adopta por vez primera apariencia de hombre para colarse en las mezquitas a discutir con los mullah, actividad que alterna con otras -seguramente menos recomendables pero
más divertidas- en los tugurios de la kasbah argelina.

Disfrazada de beduino y oculta bajo el nombre masculino de Mahmud Saadi recorría el Magreb a caballo para sorpresa de los nativos y escándalo de los occidentales. Por el día mantenía reuniones con místicos sufíes y por la noche frecuentaba los prostíbulos, en los que se dedicaba a observar a los hombres, amparada en su disfraz masculino. Fumaba kif y bebía alcohol, a pesar de haberse convertido a la religión islámica, y tuvo
numerosos amantes europeos, turcos y árabes. Con la misma pasión frecuentaría los bajos fondos de Argel y los lugares de
recogimiento y oración:

"¡Qué éxtasis! ¡Qué borracheras de amor bajo aquel sol ardiente! Mi naturaleza era también ardiente y la sangre me fluía con rapidez febril por mis venas inflamadas de pasión […] Unas veces era la embriaguez de mi alma en aquel país maravilloso, bajo aquel sol único y los sublimes vuelos del pensamiento hacia las regiones serenas de la especulación, otras veces los dulces éxtasis siempre preñados de melancolía, los éxtasis del arte, esa quintaesencia goce de goces".

Hacia 1899 se dedica a viajar por el Sahara. El descubrimiento estético se sublima en emociones amorosas y místicas. El país de los mares de arena será el lugar de su propio descubrimiento. Por un extraño efecto de retorno, allí donde la mirada sólo puede colgarse del horizonte, el viaje se hace interior: "El Ued [curso de agua en el desierto] me llegó como revelación de belleza visual y de profundo misterio, la toma de posesión de mi ser errante e inquieto por un aspecto de la tierra que no había sospechado". En ese oasis, en agosto de 1900, encontrará al hombre de su vida, Ehuni Slimène, un suboficial de las tropas indígenas que se convierte en su amante estable. Era miembro de una secta sufí, en la que Isabelle también se integra.

Su forma de ser, liberada y contestataria, molesta por igual a franceses y árabes, hasta el punto de que un beduino -supuestamente siguiendo órdenes de un ángel- intenta asesinarla a sablazos. Para el culpable, trabajos forzado a perpetuidad; para la víctima, una vez recuperada de sus heridas,la expulsión por alborotadora.

Exiliada en Marsella se dedica a escribir cuentos, aunque su obra literaria nunca tuvo gran repercusión. En esa ciudad se casa con Slimène y adquiere así la nacionalidad francesa, lo que le permite regresar a Argelia. Allí vuelve a las andadas: se traviste, bebe alcohol, fuma kif y se ve envuelta en peleas de taberna y en romances extramatrimoniales, pero compagina todo ello con una vida espiritual dedicada a visitar eremitas.

Trabaja como enviada especial para un semanario argentino bilingüe, siguiendo caravanas y convoyes militares. En 1903 se encuentra, en primera línea, en Aín Sefra, donde un conflicto de fronteras hace estragos entre Marruecos y Argelia. Sus artículos y análisis políticos defendiendo a los campesinos y atacando el colonialismo se recogen en diversos periódicos entre ellos Le Mercure de France.

Allí Isabelle comienza su amistad con el coronel Lyautey, futuro Mariscal de Francia, a quien servirá de intérprete, siempre envuelta entre los pliegues de su albornoz, calzada con botas de marroquín y cubierta con turbante, mientras afronta el caliente aliento del desierto, los accesos de fiebre y la debilidad de su salud, aquejada entre otros males de sífilis, malaria, tifus y paludismo, que la envejecieron prematuramente. De modo profético, escribe: "Dentro de un año, por estas fechas, ¿viviré todavía...? He llegado a la conclusión de que no hay que buscar la felicidad. Se la encuentra por el camino, aunque siempre en sentido contrario. La he reconocido muchas veces..."

De ella diría el general: “Era lo que más me atrae del mundo: una rebelde. Encontrar a alguien que sea verdaderamente ella misma, fuera de cualquier prejuicio, cualquier cliché, y que pase por la vida tan liberada de todo, cual pájaro en el espacio, sí que es un regalo… ¡Amaba ese prodigioso temperamento de artista y todo lo que en ella hacía sobresaltar a los notarios, caporales y mandarines de cualquier calaña!“

La aventura -como puede suceder en una novela- termina mal. El 21 de octubre de 1904, cuesta abajo de la montaña Mekter, las aguas furiosamente crecidas de los ríos Sefra y Mulen atraviesan la aldea de Aín Sefra anegándola. El ued se ha salido del lecho. La puerta de la choza de adobe y paja donde vive con su amado es invadida con violencia por el barro amarillento. Isabelle, con valor y fuerza, saca a su marido de la choza, regresa a por unos manuscritos y cuando trata de salir nuevamente, la casa se derrumba sobre ella y en esta ocasión "La Rebelde" no resiste esa avalancha. En el fárrago, tras el umbral, vestida de caballero árabe, su cuerpo yace inerte en el barro. Tenía 27 años.

Así la encontraron los militares que el general Lyautey mandó en su búsqueda. Junto a ella la casi totalidad de lo que había escrito. Una bolsa salvada de la crecida del río guardaba cuadernos, libros de notas y cartas. Cuatro cuadernos intactos -exceptuando lascubiertas descoloridas- forman lo que Isabelle llamaba "Mis diarios".

Sólo algunas novelas breves y los reportajes para los periódicos vieron la luz en vida de Isabelle. La gran mayoría de sus textos se publicaron tras su muerte, y aún están a la espera de recibir el reconocimiento que merecen.

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1 Marzo 2007

AGNODICE, PRIMERA MUJER MÉDICA Y GINECÓLOGA

Agnodice fue famosa en el campo de la medicina y la obstetricia pero también por haber sido protagonista de una de las primeras rebeliones femeninas. En la Grecia Clásica las mujeres vivían en un estado de difícil segregación, legitimada además por la opinión difundida y suscrita por voces autorizadas como la de Aristóteles sobre la inferioridad básica del sexo femenino. Tenían prohibido participar en la vida pública, y el acceso al conocimiento. En los S.V y IV a.C. se organizo en Atenas un cierto movimiento de emancipación femenina, el cual quedó recogido en obras como Medea de Eurípides y La Republica de Platón

Cuenta Higino (siglo I a.C.), bibliotecario del emperador Augusto, que había en Atenas una ley que prohibía a las mujeres el ejercicio de la Medicina, incluido el Arte Obstétrico, lo que ocasionaba el grave inconveniente de que muchas mujeres, demasiado sensibles al rubor de ser auxiliadas por los hombres en el puerperio, perdían estúpidamente su vida y la del feto.

Joven brillante de la alta sociedad ateniense, Agnodice se siente frustrada por la prohibición de estudiar a que se enfrentan las mujeres. Estimulada por su padre, se corta el cabello y se viste de hombre para poder asistir a clases, especialmente a las del célebre médico Herófilo de Calcedonia, que se había destacado por las finas disecciones que hacía en cadáveres humanos para estudiar su anatomía. Daba lecciones al aire libre, lo cual era una práctica habitual en la culta Atenas. En el año 350 antes de nuestra era Agnodice obtiene los mejores resultados en el examen de medicina y se hace ginecóloga, sin revelar su verdadera identidad. Pronto las pacientes afluyen a su consulta, y sus colegas varones, celosos de su éxito, hacen correr el rumor de que se estaría aprovechando de su profesión para seducir y corromper a las mujeres casadas...

Contra viento y marea, siguió atendiendo a sus pacientes desde una identidad falsa confesándoles en secreto su sexo y generando confianza entre su consulta. Los otros médicos la acusan de aprovecharse sexualmente de sus pacientes, y de haber violado a dos de ellas.

Llevada a juicio, al comparecer ante la autoridad no opuso resistencia a que se le desnudara como lo pidieran sus acusadores, a fin de evidenciar su sexo. El escándalo fue tal que pidieron el máximo castigo para ella por haber ejercido siendo mujer, y con ello violado las leyes aprobadas por la Asamblea del Pueblo.

Cuando parecía que su causa estaba perdida, vino en su auxilio el primer movimiento feminista de que se tiene noticia en la historia. Madres de todas las clases sociales expresaban su gratitud por la eficiente atención obstétrica que habían recibido de Agnodice, y una multitud de sus pacientes declara ante el templo que si la médico es ejecutada, morirá con ella. .

La opinión pública de Atenas se estremeció por el proceso y mientras los 31 miembros del Areópago vacilaban en dictar una sentencia condenatoria, las esposas de los cuatrocientos senadores los obligaron a elaborar nuevas leyes, en las que no sólo se autorizaba a las mujeres para ejercer la obstetricia, sino que se prohibía que ese arte fuera desempeñado por los hombres. La resistencia organizada funcionó. Presionados por la multitud, los magistrados absuelven a Agnodice y le permiten continuar el ejercicio de la medicina. Al año siguiente, el Consejo Ateniense modificará la ley y autorizará a las mujeres a estudiar dicha disciplina.

Sin embargo, su trabajo científico fue más allá. Según algunos historiadores, Agnodice es en realidad la primera mujer astrónoma de la antigüedad. Esta intelectual estudió el conocimiento de los astros de los Caldeos de Mesopotamia, concentrando su teoría en el estudio de los eclipses solares y lunares, explicando que ocurrían con un orden determinado.

Deberían pasar varios siglos para que aquella primera mujer médica fuera seguida por otras graduadas en la Universidad de Salermo, entre las que estuvieron Rebeca, Constanza, Tomaza, Estefanía y Trótula (s. XI), autora de un tratado de Obstetricia que estuvo vigente hasta 1500.

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26 Enero 2007

HILDEGARD VON BINGEN. UNA MUJER AVANZADA PARA SU TIEMPO

Hildegard von Bingen, relevante mística, considerada la primera bióloga alemana, la primera médica y la primera feminista, es sin dudas una de las mujeres más extraordinarias de la Edad Media europea. En pleno siglo XII, sólido paraíso de oscurantismo, esta abadesa dedicó los más ochenta años de su vida a contrariar con astucia y sutileza los mandatos opresivos de su época. Hildegard fue visionaria, escribió sobre teología, propuso un universo heliocéntrico 300 años antes que Copérnico, escribió sobre la gravitación universal 500 años antes que Newton, pregonó el herbalismo, se carteó y polemizó con Papas, reyes, nobles, etc. que siempre tuvieron enorme respeto a sus opiniones (evidentemente no por su condición de mujer, sino de visionaria), compuso música avanzada y fundó en Rupertsberg su propia abadía, una suerte de comunidad femenina donde las monjas daban rienda suelta a sus talentos artísticos, aprendían a cantar, copiaban e ilustraban manuscritos, hacían gimnasia y bebían cerveza. Su credo era pura dinamita: promovía la igualdad de géneros, negaba que el placer sexual fuera fruto del pecado y sostenía que la sangre que verdaderamente manchaba no era la de la menstruación sino la que derramaban las guerras. ¡Y en pleno s. XII!

¿Quién fue esta mujer tan singular? Hildegard Von Bingen nació en Bermersheim (Alemania) en el valle del Rhin, en el año 1098 en el seno de una familia noble alemana. Fue la menor de diez hijos. Desde muy niña manifestó un carácter enfermizo e imaginativo, así como visiones que más tarde la propia Iglesia confirmaría como inspiradas por Dios. Fue entregada a los ocho años como diezmo a la Iglesia, al convento benedictino de Disibodenberg, que se encontraba bajo la órdenes de su pariente Jutta. Esta se encargó personalmente de la educación de la jovencita, que tuvo un profundo aprendizaje en latín, griego, liturgia, música, oración y ciencias naturales, y además una disciplina ascética. A los dieciocho años, Hildegard toma los hábitos benedictinos.

En 1136, Jutta murió y Hildegard —a pesar de ser muy joven— asumió la dirección del convento. A la edad de cuarenta y dos años le sobrevino el episodio de visiones más fuerte, durante el cual recibió la misión de predicar tanto éstas como la comprensión religiosa que le había sido otorgada. Fue la primera y única mujer en siglos autorizada por la Iglesia a predicar, cosa que hizo en numerosas giras por pueblos y templos de Alemania. A partir de ahí Hildegard recoge sus experiencias fundamentalmente en una de sus 9 obras, Scivias. También escribe, entre otros temas, sobre teología, botánica, ética y medicina. En concreto destaca su Liber compositae medicinas o Cusae et curae, donde describe al ser humano en relación con los elementos naturales, así como síntomas y tratamientos de enfermedades. Expone que la alteración del medio natural puede hacer enfermar (concepto que antecedió a la Ecología), la importancia de la alimentación en la salud y el uso de plantas como remedios adelantándose a la homeopatía y a las flores de Bach. Además, comentaba la influencia de los estados anímicos en los males corporales, como hacen hoy día las modernas teorías de la Psicología, cuestión esta que hasta hace muy poco no se ha puesto de relevancia en la medicina actual.

Hildegard no sólo se dedicó a escribir, sino que además compuso música gregoriana y escribió setenta y siete canciones aproximadamente, y una ópera Ordo Virtutum, en la que la compositora fue más allá de las normas de la música medieval otorgándole un nuevo lenguaje. Su música, de la que solía decir que le era dictada durante sus visiones, estilísticamente está adelantada más de un siglo respecto de su época. No fue la única mujer de su época en escribir música, pero fue una de las pocas que logró mantener la autoría de todas sus obras gracias a que supervisó personalmente la copia de los manuscritos. Tan audaz acto permite hoy en día escuchar su música. Novecientos años después de su nacimiento, se sigue escuchando su música, se editan C.D.s y se realizan conciertos en todo el mundo.

Alcanza un enorme prestigio cuando un comité de teólogos del Vaticano legitimó sus visiones y sus mensajes, que para muchos eran predicciones del futuro, aunque ella lo negara y dijera que más bien era una proyección del presente. Tal fue su reconocimiento que llegó a ser conocida como la Sibila del Rhin. En este momento, la gente la buscaba para escuchar sus palabras de sabiduría, para curarse o para que los guiara. Su capacidad para predecir, tener revelaciones y su don para las visiones místicas fue uno de sus aspectos más enigmáticos de este personaje. Es un caso único en la Historia pues nunca ha existido otra mujer que tuviese visiones y revelaciones en estado de vigilia. Hildegard era capaz de entrar en éxtasis sin perder el conocimiento, viendo, oyendo y conociendo simultáneamente mientras continuaba consciente en el mundo terrenal. Tenía visiones pero jamás caía en éxtasis: se sentía mal, le dolía todo, enfermaba, pero estaba perfectamente lúcida. Es el único caso en toda la historia de la Iglesia.

En vida fue admirada, respetada y mantuvo una notable actividad epistolar con monarcas, Papas, nobles caballeros y doctos frailes, algo inaudito para una mujer en la Edad Media. Se ha barajado incluso la posibilidad de que esta astuta e inteligente mujer utilizara estas visiones en parte como una estrategia para granjearse un prestigio que le permitiera defender sus posturas.

En cuanto a su relación con la Iglesia, no siempre fue cordial, pues Hildegard atacó seriamente las costumbres de ésta y la denunció por corrupta y por no seguir realmente los preceptos de compasión. Además la desafiaba constantemente. Describió a Dios con atributos femeninos, algo revolucionario para la época, y convirtió las debilidades atribuidas a las mujeres en fortalezas, luchando por la equiparación de los sexos en cuanto al castigo por los pecados. En una época en que no había duda de la culpabilidad de Eva, ella se limitó a decir que ésta no había cometido falta, sino que era una víctima engañada por Satán, quien le envidiaba su capacidad de dar vida. Por si fuera poco, se atrevió a visualizar el acto sexual como una unión espiritual que iba más allá de la procreación.

La relación con la Iglesia alcanzó su crisis cuando Hildegard y las monjas del convento de Rupertsberg que ella había fundado (se llama así por un santo cuya biografía escribió) dieron sepultura en el cementerio de su convento a un joven revolucionario, que había sido excomulgado por el arzobispo. Así, según la Iglesia, el joven no merecía santa sepultura, pero la abadesa insistía en que él se había arrepentido. Se negó a desenterrarlo e incluso hizo desaparecer cualquier rastro del enterramiento, para que nadie pudiera buscarlo.

Este actitud claramente retadora le acarreó a la abadesa y a todas las monjas a su cargo la prohibición de hacer música. Ella, muy molesta, le escribió al arzobispo una carta bastante dura en la que se lamentaba de la «pérdida» que esto significaba para todo el Rhin y además amonestaba a la autoridad eclesiástica.

La Iglesia decidió perdonarla y pocos años después esta polifacética y mística mujer murió habiendo rondado los 90 años de vida. Cuenta la tradición que a la hora de la muerte aparecieron dos arcos muy brillantes y de diferentes colores en el cielo. Hubo varias tentativas de canonizarla, y aunque esto nunca llegó a suceder, popularmente se la conoce como santa e incluso el papa Juan Pablo II la reconoció como «una mujer santa".

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2 Enero 2007

ASPASIA, LA HETAIRA

Nació en Mileto en el año 470 antes de Cristo. Su padre fue un escultor llamado Rhodos. Cuando apenas contaba diez años, leía apasionada las obras de los poetas y de los filósofos, y con especial interés las de Pitágoras, a quien debió el conocimiento de que en el cosmos todo es número y armonía. Antes de cumplir los quince años, Aspasia de Mileto, portento de belleza y de inteligencia sutil, alcanzó fama en su patria y en el resto de la Jonia. Y hombres jóvenes, maduros y ancianos, intelectuales y atletas, duros milites y blandos efebos, se deleitaban en contemplar sus encantos corporales y en escuchar la gracia de su ingenio.

Dos años después llegó a Mileto Sofrón, antiguo arconte de Atenas, varón otoñal tan audaz como voluptuoso, quien, turbado por su hermosura, supo enardecer su corazón y su mente encareciendo las maravillas de su ciudad, pintando con lisonjeros colores la vida en ellas de las "hetairas", enalteciendo el poder que ejercían, ponderando su lujo, exagerando sus riquezas y poetizando el culto que los atenienses les tributaban; para lo cual se valió de acentos tan seductores que consiguió huyera de su casa, subiera a su galera y marchara con él.

Las hetairas, en aquella época y en Grecia, no fueron vulgares prostitutas, sino mujeres que preferían vivir sin yugos legales y religiosos antes que someterse a la rígida servidumbre que el matrimonio imponía a las hembras. Una hetaira podía alimentar las mismas inquietudes culturales que los varones, participar tanto de las ciencias como de la política, asistir a las ceremonias y sacrificios en los templos, visitar a las nobles casadas y ser correspondida por ellas. Las hetairas eran mujeres sin yugo, dueñas de sus vidas.

Una vez en Atenas, Aspasia formó parte de los círculos intelectuales y políticos. No solo destacó como filósofa, además de cómo experta en retórica, sino que sus textos de ginecología y obstetricia fueron los más importantes en medicina femenina hasta que aparece la obra de Trótula en el siglo XI.

En casa de Sócrates, quien la distinguió con su amistad y parece ser que también con su amor, conoció a Pericles, orador y estadista ateniense. Se enamoraron, y después tres años de relaciones se lleva públicamente a vivir a su casa a Aspasia tras separarse de su mujer, con la que había tenido dos hijos. En virtud de una ley aprobada por iniciativa suya cuatro años antes no pudo hacerla su esposa por no ser ateniense, y el hijo que tuvieron ambos, también llamado Pericles, no alcanzó la legitimización ni gozó de la ciudadanía, aunque recibió como legado la gran fortuna de su padre al morir éste. Pero la pareja se amó entrañablemente. Dicen los que los conocieron que jamás salió de casa o entró en ella sin besar a la mujer que tanto quiso. Rara vez se ausentaba de su lado si no era para acudir al Ágora o a la Sala de los Consejos.

Afirman historiadores de la época que Aspasia convirtió su hogar en algo así como uno de aquellos salones femeninos de la Francia de la Ilustración, en el que se daban cita el arte y la ciencia, la filosofía y la política, acicateándose recíprocamente, y que fue como la reina, sin corona, de Atenas; que dio el tono a las modas, siendo para las mujeres de la ciudad ejemplo seductor de libertad intelectual y moral.

Su fama e inteligencia concitaron la envidia de algunos hombres célebres de su época; de ella dijo el comediógrafo Aristófanes que había incitado a Pericles para encender la guerra del Peloponeso contra los de Megara, o que había establecido un burdel disfrazado de escuela de retórica, acusación esta por la que fue llevada ante el tribunal, donde nada pudo probarse. Dropeitos afirmaba que enseñaba el amor contra natura, Hermipo que corrompía a la juventud ateniense... Pero fueron muchos más los ilustres contemporáneos que, además de elogios a su belleza, reseñaron sus muchos méritos: Jenofonte le atribuyó la composición de buena parte de los discursos de Pericles, a quien también enseñó a hablar y a desenvolverse en público, Platón (de quien fue maestra) puso en su pluma el admirable Discurso fúnebre de Menexenes, Anaxágoras refiere que dirigió en Atenas una escuela a la que acudían las muchachas de las más nobles familias, y aún sus madres, y padres, para aprender de ella delicadeza de trato social, para imitarla en los gestos y en las actitudes; y, que en ocasiones, asistieron a sus enseñanzas Sócrates, Alcibíades, Fidias y el propio Anaxágoras. El propio Sócrates le enseñó filosofía y dialéctica.

Viviendo aún Pericles, denunciaron a Aspasia ante el Aerópago por delito de impiedad. Compareció ante un tribunal de mil quinientos ciudadanos para responder de la más grave de las acusaciones: la de haber despreciado a los dioses. Pericles habló durante tres horas en su defensa, y, apelando a todos los recursos de su prestigio y de su elocuencia, y hasta a sus lágrimas, obtuvo el perdón.

Tras la muerte de Pericles y del hijo que tuvo con él, se casó con Lysicles, rico tratante de ganado del que, con sus lecciones y consejos, hizo un excelente orador que llegó a arconte de la ciudad, y que más tarde moriría como un héroe en la guerra. Después de esto, el rastro de Aspasia se pierde en la Historia.

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29 Diciembre 2006

HIPATIA

Hildegart, "la virgen roja", inauguró una sección denominada Femenino singular, dedicada a mujeres que han destacado especialmente por su valía en épocas en que su rol en la sociedad se limitaba al de madres y esposas.

Hoy damos paso a Hipatia, la más conocida de las mujeres científicas de la antigüedad, la primera cuya obra se conoce con detalle. Durante mucho tiempo fue la única mujer citada en la historia de las Matemáticas y de la Astronomía.

Nació en Alejandría, Egipto, en el año 370 de nuestra era y murió en esa misma ciudad en el 415. Creció en el culto ambiente alejandrino, donde ya otras científicas habían dejado su huella. Su padre fue Teón de Alejandría, ilustre filósofo y matemático, y maestro de Hipatia desde niña. Teón, de mentalidad muy liberal para su época, permitió que su hija se convirtiera en mujer de Ciencia y Filosofía, algo muy inusual en un sistema social en el que las mujeres no tenían derecho a la educación y sus vidas transcurrían en los espacios privados de sus casas.

Según refiere el historiador Sócrates Escolástico, 120 años después del terrible asesinato de Hipatia, “la belleza, inteligencia y talento de esta gran mujer fueron legendarios, superó a su padre en todos los campos del saber, especialmente en la observación de los astros”.

Hipatia se dedicó durante veinte años a investigar y enseñar Matemáticas, Geometría, Astronomía, Lógica, Filosofía y Mecánica en el Museo, institución dedicada a la investigación y la enseñanza, y fue oficialmente nombrada para explicar las doctrinas de Platón, Aristóteles, etc. en la Biblioteca de Alejandría, por lo que sus compañeros la llamaban "la filósofa". Escribió al menos 44 libros, que se han perdido y solo conocemos por las menciones que hacen a ellos destacados alumnos suyos. Era defensora del heliocentrismo, teoría que defiende que la tierra gira alrededor del sol, diseñó el astrolabio plano, usado para medir la posición de las estrellas, los planetas y el sol, y contribuyó a la invención de aparatos como el aerómetro y el destilador de agua.

Ganó tal reputación que al Museo asistían estudiantes de Europa, Asia y África a escuchar sus enseñanzas sobre la Aritmética de Diofanto, y su casa se convirtió en un gran centro intelectual. Según el historiador Sócrates Escolástico "consiguió un grado tal de cultura que superó con mucho a todos los filósofos contemporáneos. Heredera de la escuela neoplatónica de Plotinio, era conocedora de todas las ciencias filosóficas. Por este motivo, quien buscaba el conocimiento filosófico iba desde cualquier lugar hasta donde ella se encontraba... Pero a más de saber filosofía, era también una incansable trabajadora de las ciencias matemáticas".

Hipatia se convirtió en una de las mejores científicas y filósofas de su época, erudita de un conocimiento perseguido por los seguidores de Cristo, con cuya doctrina no comulgaba, y le tocó vivir en tiempos duros para el paganismo. Su situación llegó a ser muy peligrosa en aquella ciudad que se iba haciendo cada vez más cristiana. Los cristianos quemaron y destruyeron todos los templos y centros griegos y persiguieron a los académicos, obligándolos a convertirse si no querían morir. Algunos cedieron, pero Hipatia no consintió en ello a pesar del miedo y de los consejos de sus amigos, como Orestes, prefecto romano y alumno suyo, que no consiguió nada a pesar de sus ruegos. Se negó tanto a convertirse al cristianismo como a renunciar al conocimiento griego, a la filosofía y a la ciencia que por más de veinte años había aprendido y enseñado. Hipatia resultó ser para sus enemigos, no una mujer científica sino una bruja peligrosa.

En el año 412 el obispo Cirilo de Alejandría fue nombrado patriarca, un título de dignidad eclesiástica que equivalía casi al del Papa de Roma. Los historiadores creen que Cirilo, ardiente defensor de la ortodoxia cristiana, fue el principal responsable de la muerte de Hipatia, aunque no exista documentación directa que lo acredite.

Se dice que Cirilo era enemigo de esta mujer, a la que temía y admiraba a la vez. Por lo tanto creó un clima y un ambiente de odio y fanatismo hacia ella, tachándola de hechicera y bruja pagana. En la cuaresma, en marzo del 415, fue asesinada por un grupo de monjes Nitrianos, seguidores fanáticos de Cirilo, encapuchados y vestidos de negro, que la sacaron de su carruaje y la arrastraron por los cabellos hasta dentro de una iglesia. Bajo el liderazgo de Pedro el Lector, mano derecha de Cirilo, la desnudaron y allí frente al altar y el crucifijo le arrancaron la carne de sus huesos con fragmentos de ostras afiladas. Después la despedazaron, arrojando finalmente el cuerpo mutilado a las llamas. Tenía 45 años.

No se sabe con certeza si el arzobispo de Alejandría, Cirilo, que la consideraba un peligro para el cristianismo por sus trabajos en materia científica, ordenó directamente el asesinato perpetrado por sus monjes, o si se limitó a instigarlo y crear el clima propicio. También se baraja la hipótesis de que la amistad que Hipatia tenía con Orestes, el prefecto romano de Alejandría, fuese el factor desencadenante de su asesinato, pues el arzobispo se había convertido en acérrimo enemigo de éste en la lucha por el control entre Iglesia y Estado.

Orestes informó del asesinato y solicitó a Roma que se iniciara una investigación. Ésta se pospuso repetidas veces por "falta de testigos" y más tarde Cirilo proclamó que en realidad Hipatia estaba viva en Atenas. El prefecto renunció entonces a su cargo y huyó de Alejandría. El patriarca fue más tarde canonizado y elevado a santo.

El brutal asesinato de Hipatia marcó el final de la enseñanza platónica en Alejandría y en todo el Imperio romano. Al matarla, los cristianos asesinaron a una mujer, a una matemática y filósofa, la primera en la historia y la más notable de su época; pero no pudieron asesinar el pensamiento filosófico y matemático griego. Hipatia pagó con la muerte su papel simbólico de sabiduría y autoridad femenina, en un mundo en el que la fuerza del cristianismo era cada vez mayor y en el que las mujeres no debían hablar en las asambleas ni en los lugares de culto, y mucho menos enseñar en las escuelas.

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11 Diciembre 2006

LA VIRGEN ROJA

El pasado 9 de diciembre Hildegart Rodríguez Carballeira, joven superdotada, escritora, activista política radical, conferenciante y una de las pioneras españolas en el campo del feminismo y de la sexología, habría podido cumplir 92 años si su madre no hubiera segado su vida cuando solo contaba 18. La madrugada del 9 de junio de 1933 Aurora Rodríguez Carballeira empuñaba un revólver en la habitación donde yacía, dormida, su hija. Pasó un buen rato en el dormitorio, y cuando finalmente irrumpió el día, con toda la frialdad del mundo disparó a Hildegart en la sien izquierda. Y luego otra vez, en el mismo sitio. Después le buscó el corazón, y volvió a disparar. La cuarta vez el proyectil se alojó en el pecho de la chica. Sólo entonces consideró cumplida su misión. A los pies del cadáver había una carta hecha pedazos; al parecer, se trataba de una misiva amorosa.

¿Qué pudo desencadenar semejante tragedia, qué clase de mujer asesina a tiros a su hija fría y premeditadamente?

"Busco un hombre para tener un hijo. La unión se limitará al acto de procreación. No deseo casamiento ni ninguna otra forma de vínculo. Quien se presente deberá gozar de excelente salud física y mental y tener un coeficiente intelectual superior al de la media de la población". Este aviso fue publicado en 1913 en un periódico, y no pasó desapercibido para la opinión pública. Fue puesto por la joven Aurora Rodríguez Carballeira, una mujer fría y calculadora pero con ideas vanguardistas para su época. Nació en El Ferrol en 1.890, en el seno de una acomodada familia. Su padre era abogado. Creció, corpulenta, masculina, brusca, devorando ávidamente desde los 14 años los libros de la biblioteca del padre, fundamentalmente los de carácter político (socialismo utópico) y filosófico.

Apenas cumplió la mayoría de edad viajó de Galicia a Madrid para llevar a cabo lo que muchos consideran el primer experimento eugenésico-pedagógico de la historia: engendrar, criar y educar una hija que fuera el prototipo de una nueva mujer, una mujer liberada y educada para actuar como símbolo del fin de la opresión contra el género femenino y contra el proletariado. Paradójicamente, Aurora manifiesta a lo largo de su vida un claro desprecio por la mujer, a quien considera incapaz de pensar, sentir y desprovista de alma.

En poco tiempo encontró un progenitor a la medida de sus ambiciones y llevó a cabo su proyecto. El 31 de marzo del año siguiente tuvo una hija, a la que registró con el nombre de Carmen pero a la que siempre llamó Hildegart, nombre que en alemán quiere decir "Jardín de la sabiduría".

Concebida como experimento científico, la niña carece de infancia. Su madre jamás la besó, y no dejó que otras personas le hablaran ni la tocaran hasta los quince años. Vive dedicada al estudio constante, con dos temas prioritarios: la filosofía racionalista y todo lo relacionado con el sexo. Su madre piensa que es la única forma de que no caiga en la trampa que, en su opinión, esteriliza el talento de muchas mujeres.

Antes de cumplir un año Hildegart hablaba y escribía su nombre. A los 3 escribía sin errores de ortografía, y a los 4 ganó un concurso de mecanografía. Con 10 años maneja con soltura el francés, inglés, latín, y traduce del alemán, portugués e italiano. A los 11 escribe en la revista "Sexualidad". A los 13 años terminó el bachillerato, y antes de los 17 se licencia en Derecho, a la vez que comienza las carreras de Filosofía y Letras y la de Medicina.

Su vida estuvo programada por su madre para ser una defensora del proletariado, animada por ideales solidarios. A los 14 años ingresó en las juventudes del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y en el sindicato Unión General de Trabajadores (UGT) y poco después escribe obras como "La rebeldía sexual de la juventud" (1931), "Malthusismo y Neomalthusismo" y "El control de la natalidad" (1932), en las que defendió la igualdad de mujeres y hombres, y especialmente la liberación sexual y reproductiva… Con 17 años ingresa en el Partido Republicano Federal y es nombrada secretaria de la Liga para la Reforma Sexual. En poco tiempo se convirtió en una oradora vehemente, admirada y aborrecida a partes iguales, que no iba ni al aseo sin su madre pero que daba mítines en todo el país, escribía artículos en torno a ideas socialistas, liberación sexual, eugenesia y abolicionismo, carteándose con intelectuales y escritores como H.G. Wells, que estaba absolutamente prendado de ella. Fue una de las figuras de aquellos convulsos años políticos de la República.

Fue cofundadora −con el Dr. Gregorio Marañón y otros− de la “Liga para la Reforma Sexual Española”. Este movimiento consideraba la vida sexual como positiva, defendía la emancipación de la mujer, su acceso a la educación y la igualdad de derechos en general, entre hombres y mujeres. En esta época, España, al igual que Alemania, era un país con ideas muy avanzadas en cuanto a la igualdad entre sexos y a la sexualidad. Así, parecería que la sexología surge en Estados Unidos, cuando en Europa muchos años antes ya había pioneros en su estudio científico, como lo fue Hildegart.

Pero todo ese espíritu libertario contrastaba radicalmente con la relación simbiótica y claustrofóbica que mantenía con su madre: ambas iban siempre juntas a todas partes, vestidas frecuentemente de negro. Resulta llamativa la atención a la sexualidad y las intenciones pedagógicas y reformadoras en ese campo por parte de una mujer madura, Aurora, que manifestaba su repugnancia hacia la intimidad física con los varones (para ella, el único objeto del coito es la reproducción controlada) y una joven apenas salida de la adolescencia y a la que su madre impedía cualquier proximidad fuera de su vigilancia con personas del sexo opuesto.

En un momento determinado, los planes de Aurora comenzaron a torcerse. Hildegart era una jovencita poco agraciada, gruesa, con una extraña expresión de oligofrenia en el rostro... Pero empezó a cuidarse, a adelgazar, a maquillarse, a vestirse mejor y a mantener correspondencia platónica con un joven teniente de Alcalde, Abel Velilla. Parecía bastante obvio que se había enamorado y que se estaba volviendo atractiva para los hombres. Aurora se sintió amenazada por esos cambios y Hildegart opuso por primera vez resistencia a su posesividad claustrofóbica, declarando la intención de independizarse. Aurora le exigió abandonar de inmediato la carrera política y la insana correspondencia amorosa, so pena de suicidarse. Hildegart hizo caso omiso al chantaje. La criada testificó durante el juicio que los dos meses previos al crimen fueron de continuos y violentos altercados entre ambas.

En opinión de Aurora habían aflorado en la joven comportamientos que traicionaban el destino para el cual la había creado, y decidió “suprimir su obra sublime con un acto sublime, ya que cualquier madre es capaz de parir, pero no de matar a sus hijos". Cuando luego le preguntaron por qué lo había hecho, respondió fríamente: "Si un arquitecto se da cuenta de que el edifico que construyó va a hundirse, antes lo vuela. Así hice yo con mi hija".

Había engendrado a Hildegart como instrumento para una revolución; cuando consideró que se había apartado de su objetivo, decidió eliminarla.

A pesar de su juventud, la labor intensísima de Hildegart le permitió dejar trece libros escritos, en los que defendió en particular la igualdad de mujeres y hombres y, especialmente, la libertad sexual y reproductiva. Entre sus obras figuran: Los tres amores históricos, Cómo se curan y evitan las enfermedades venéreas, Malthusianismo y neumalthusianismo, El control de la natalidad, La rebeldía sexual de la juventud, Revolución y Sexo, o ¿Se equivocó Marx?

RENAISSANCE

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Realmente somos dos personas en esta sección. Un grancanario, EUDLF, y una sevillana, RENAISSANCE. La idea de publicar un blog conjuntamente viene de nuestra inquietud por expresar ideas, cuanto menos, curiosas en un crisol de chispas.

Lo más extraño es que jamás nos hemos visto en persona. Pero la amistad ha crecido en nuestros momentos más duros y dolorosos. Valga como brindis nuestra aportación al mundo de las letras, los sentimientos y nuestra esperanza de que el ser humano es un espíritu sin fronteras.


(How to tell stories. De Sebastian Holmer).

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