NUEVA SECCIÓN
Cuando me planteé la sección "Mis pintores favoritos" me aconsejaba una amiga que me centrara en la buena pintura realista, y que me alejara de lo que ella llama "esperpentos de hoy en día" (su contundente manera de metaforizar los cuadros abstractos) y "engañabobos" (en su particular diccionario, “dícese de cualquier pintor contemporáneo”).
Sé que el arte abstracto tiene muchos detractores, pero no creo que sea prescindible. Sí lo es la dinámica asquerosamente comercial en que entraron algunos de sus artistas, como el Kandinsky que numeraba su cuadros o el Picasso que se limitaba a firmar un lienzo en blanco, cuya venta generaba unos ingresos desorbitados solo por el valor de su firma. Reconozco que es vomitiva la especulación que hay en torno al arte. Van Gogh apenas vendió un par de cuadros en toda su vida, y mientras él pasaba estrecheces económicas hoy se pagan cifras astronómicas por su producción. Tendría motivos para cortarse la otra oreja... Son vomitivos la estupidez y el endiosamiento de algunos críticos que pontifican sobre un arte cuya interpretación en ocasiones me parece que ellos mismos crean, sorprendiendo a propios (empezando por el mismo pintor) y extraños...
"¿Saben aquel que diu....?" No, no es un chiste lo que voy a contar ahora, aunque lo parezca, sino una anécdota real. Una célebre pintora abstracta donó una composición suya a un museo de Arte Contemporáneo. Los críticos lo visitaron. Desde su pedestal de hombres singulares, de elegidos, emitieron sus opiniones, interpretaron la intención de la artista al pincelar tal o cual trazo, y fueron escuchados y alabados por sus conocimientos, solo al alcance de unos pocos. Años después la pintora visitó el museo y, lógicamente, la sala en que se exponía el cuadro que había donado. Cuando llegó, extrañada, preguntó: "¿Qué hace mi cuadro colocado boca abajo?"

Si yo hubiera sido uno de esos críticos hubiera buscado una boca de metro para no salir de ella nunca más en mi estúpida y orgullosa vida, pero es que yo nunca hubiese sido crítico de nada. Y menos de arte contemporáneo, donde lo único que debería contar es la genialidad de ser capaz de reinventar la realidad, esquematizándola al máximo, interpretándola sólo a través de un cúmulo de sensaciones plasmadas en pinceladas que son más estados de ánimo que otra cosa. ¿Quién pone vallas al campo...? ¿Quién las pone a la expresión abstracta de lo que ve el artista, de lo que siente y así plasma en el lienzo? Sólo el engreído: el crítico de arte... Yo únicamente aspiro a contemplar una de estas obras y a disfrutar de ella, a experimentar sensaciones y a no interrogarme.
Admiro la imaginación, la capacidad de estilizar la realidad hasta su mínima expresión... Sé que hay mucho engaño, pero cuando me paro ante un cuadro abstracto y me siento fascinada por la composición, por los colores, por las texturas, no aspiro a nada más, solo al placer que me reporta. Prescindo de cualquier otra consideración respecto al artista; lo que me importa es su legado artístico y las sensaciones que éste produce en mí, no la trastienda humana que hay tras el cuadro que me emociona, el carnaval en que uno convirtió su existencia, los impulsos de carácter mercantilista que movieron a otros, la ideología política de que presumieron y de la que luego carecieron en tantas ocasiones...

Picasso, Dalí... Dos grandes farsantes de la vida, cada uno a su manera, pero dos grandes pintores. Decía Dalí, con esa genialidad entreverada de locura que siempre lo caracterizó: "Picasso es comunista. Yo tampoco..." De Dalí me interesan sus cuadros, emocionarme delante de su "Persistencia de la memoria", quizás uno de mis favoritos, y me interesa el pintor, que no el hombre. De Picasso me fascinan sus dibujos, su Etapa azul… Confesaré que el cubismo, aunque original y revolucionario, nunca me llegó a convencer de nada, pero obviamente no le resto mérito a la originalidad que supone la concepción del mundo bajo ese prisma. ¿Quién soy yo para ello? No soy una experta en arte, simplemente me gusta y lo disfruto. En mí encontrarás poca teoría y mucho sentimiento. No te creas casi nada de lo que te diga, porque en su mayoría serán sensaciones, no certezas...
No me veo capaz de renunciar en esta sección a ningún tipo de pintura. Todas y cada una de ellas componen la paleta completa del arte pictórico. Velázquez o Rembrandt son la objetividad, no hay mucho lugar para la imaginación. Kandinsky es la subjetividad, la interpretación, la sugerencia, el velo mágico que oculta sin desearlo la realidad... La pintura realista está hecha, en la otra tienes que colaborar tú para terminar de elaborarla. En la primera las sensaciones vienen ya dadas y canalizadas por la obra, en la segunda has de sentir tú. La realista muestra, la otra insinúa. Y conste que ante un Velázquez se me pone el vello de punta, y lo digo en sentido literal… Nunca deja de admirarme cómo un pintor puede robar un trocito a la vida y apresarlo en un lienzo sin más cadenas que un poco de óleo, unos pinceles y un soporte de tela… Los ojos de su retrato de Inocencio X me dan escalofríos, parece que me traspasan después de llevar 400 años muerto.
Pero admirar y apreciar la pintura realista, embebecerme ante ella, no me quita disfrutar y sentir con la misma pasión la obra de autores contemporáneos. Estos cuadros son para mí como la música: sencillamente me dejo llevar por ellos, por lo que me sugieren, permito que las sensaciones me inunden sin intentar explicarme lo que veo. Sólo sentir: nada más... Y nada menos.
RENAISSANCE


