Vivir para ver...
Leo la siguiente noticia en el diario digital ADN:
Detienen a cinco personas por organizar un 'striptease' en un funeral
Pekín quiere acabar con la costumbre de montar este tipo de funciones para atraer personas a los ritos funerarios rurales.
La costumbre china de amenizar los funerales rurales con un striptease podría desaparecer ya que cinco personas fueron detenidas por organizar este tipo de funciones.
Todo comenzó el pasado día 21 de agosto, cuando la Televisión Central de China ofreció una información en la que se hizo eco y criticó las funciones "obscenas" ofrecidas por dos compañías de strippers en el funeral de un campesino.
Unos 200 vecinos, incluidos varios niños, asistieron a la actuación, habitual en los entierros rurales para atraer espectadores y conseguir así la mayor afluencia posible al funeral, pues existe la creencia de que cuantos más asistentes, más honor para el fallecido.
La crítica información de la televisión pública propició la intervención de la policía y tendrá probablemente consecuencias mayores, puesto que ya son muchas las voces que han pedido que se prohíban estos espectáculos. Incluso se ha puesto un número de teléfono a disposición de los ciudadanos para que denuncien este tipo de actuaciones, con recompensas de hasta 37,5 dólares (29,3 euros).
Tras la inevitable sonrisa, surge la reflexión. Realmente, no puedo pensar en un acto social que goce de menos atractivo que unos funerales… Sin embargo, en la China rural se masifican gracias a los innegables atractivos de una señorita que los desvela seductoramente ante un público con seguridad enfervorizado y enardecido.
Y, puestos a pensar, pienso también en las plazas de toros, o los campos de fútbol, llenos hasta la bandera de los herederos directos de aquellas turbamultas del “Panem et circenses” romano. En los cines donde se exhiben películas de incomprensible éxito como “Torrente, el brazo tonto de la ley”, cuyo humor grueso le hizo traspasar la barrera de los 3.000.000 de espectadores, llegando a recaudar 2.000 millones de las antiguas y añoradas pesetas, (algo así como más de 12 millones de euros). Acuden a mi mente las terrazas y locales de moda, atestados de personas deseosas de ver en carne y hueso a los famosillos que en ellas se exhiben como reclamo. Los famosillos creados por esa nueva raza de dioses en que se han empeñado en devenir algunos periodistas de la prensa rosa, autoerigidos en sumos hacedores de patéticos personajillos que crean y luego destrozan sin piedad a medida de las necesidades mediáticas.
Y pienso luego en esos conciertos de exquisita música barroca en que no se llena ni la mitad del aforo, en los museos que albergan todo tipo de joyas artísticas e históricas, locuaces testigos de nuestro rico pasado, por los que apenas resuenan los pasos de algunos pocos españoles mezclados, eso sí, con los de los numerosos extranjeros que vienen a embeberse de nuestra historia y de nuestro patrimonio cultural. Me vienen al pensamiento las salas de exposiciones donde cuadros geniales de prometedores pintores noveles –y no tan noveles- bostezan intentando disimular el aburrimiento ante los pocos espectadores que los visitan, para más inri, algunos de ellos amigos y compromisos del artista. Esas presentaciones de libros en que la mitad de los asientos están penosamente vacíos, aunque luego el ágape que sigue al acto de la presentación suele estar –cosas de la vida- más concurrido que el mismo acto…
Y, recordando esos noticiarios que en ciertos países como Rusia y alguno del sudeste asiático ven incrementado su nivel de audiencia gracias a hermosas presentadoras que se van despojando, noticia a noticia, de la ropa que las cubre al principio del informativo, visto lo visto en los funerales de la China rural, comienzo a preguntarme si los chinos no habrán descubierto de nuevo la pólvora al implementar sus entierros con actuaciones de streaptease, si no tendremos que acabar por recurrir al poder de convocatoria de este tipo de espectáculos para llenar los museos, los conciertos, las exposiciones, las presentaciones de libros… Vivir para ver…
RENAISSANCE



Señora Nostalgia dijo
Muy bueno este artículo y los comentarios que haces, muy acertados. Hay que ver a lo que la gente recurre para llamar la atención. Lo triste es que tengan que usar esas tácticas para lograr llenar plazas. Soy de Colombia, y allí tenemos un personaje político muy famoso, que fue alcalde de Bogotá y candidato presidencial, pero que en su época de profesor universitario, desesperado porque no lograba mantener la atención de los estudiantes, se bajó los pantalones y les hizo "mooning" a los alumnos, y por supuesto, no sólo consiguió la atención de ellos sino del país entero. Un saludo y te felicito por tu blog. senoranostalgia
21 Septiembre 2006 | 03:46 AM