La Coctelera

rincones

12 Octubre 2006

Palabras como clavos

Cierto día, un padre preocupado por cómo su hijo trataba a los demás porque era impulsivo e irrespetuoso, decidió darle una lección.

- Hijo, no puedes tratar mal a la gente diciéndoles cosas malas y despreciándolos.

- ¿Por qué no, papá? No tiene tanta importancia. Además, yo soy así y no voy a cambiar. - Protestó el hijo.

- Pero ti no te gustaría que te trataran mal, ¿cierto? - preguntó el padre.

-Sí, papá. - Contestó avergonzado el hijo.

- Bien. Te diré lo que harás a partir de ahora. ¿Ves esa valla? Cada vez que reconozcas que has obrado mal con alguien, clavarás un clavo en ella.

Así pasó una semana. El primer día el padre vio muchos clavos en la valla. El segundo día vio muchos clavos, pero menos que el día anterior. Cada día que pasaba, el padre observaba que el número de clavos disminuía. Al final de esa semana, padre e hijo se dirigieron a la valla.

- ¿Has visto con cuánta frecuencia has obrado mal con la gente?

- Sí, papá, me doy cuenta. ¿Qué puedo hacer para remediarlo? - Preguntó el pequeño.

- Bien, hijo. A partir de hoy, cada vez que hagas una buena obra con las personas a las que hiciste daño podrás quitar un clavo de la valla.

Así pasaron dos semanas. Hasta el tercer día el padre no vio cómo iban desapareciendo los clavos. Cada día desaparecían con más rapidez hasta que ya no quedó ninguno.

- ¿Has visto, papá? ¡Ya no quedan clavos! ¿No estás contento por lo que he hecho? - Preguntó el hijo.

- Sí, hijo. Dime ahora, ¿qué ves en la valla?

- Veo los agujeros donde antes estaban los clavos. - Contestó el chico.

- Así es. Es muy fácil obrar a la ligera, sobre todo si nos portamos mal con nuestros semejantes. Lo difícil es recuperar la confianza de los demás cuando así hemos actuado. Esas marcas que ves en la valla son el recordatorio del mal que hemos hecho, de la pérdida de confianza de los demás y de lo difícil que es enmendar nuestros errores. Por eso quiero que a partir de ahora actúes con más sensatez y comprensión hacia los demás.

Y el hijo se quedó pensando mientras miraba los agujeros que él había dejado en la valla.

EUDLF

Tags: valla, padre, hijo, clavos

servido por rincones 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

haptesupreina

haptesupreina dijo

Profundo, invita a la reflexion y a plantearse que es mejor pensar antes de actuar, porque aunque pidas perdon y se intente enmendar lo que hemos errado , algo se ha roto de como era en un principio y queda el sedimento de la experiencia vivida que ya no posibilita la misma ingenuidad y confianza.
besos

13 Octubre 2006 | 01:10 AM

Renaissance

Renaissance dijo

El silencio de esta mañana de domingo ha sido roto hace un ratillo por el estridente sonido del teléfono. Alguien que una vez ocupó un huequito importante en mi vida, y que hoy, de repente, ha recordado mi número. Acabo de colgar, y de repente me ha venido al pensamiento tu post, EUDLF. El agujero que dejó el clavo... ¿Llegan a cerrarse alguna vez los agujeros...?

buen día, compi. Un besote.

15 Octubre 2006 | 11:19 AM

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Sobre mí

Realmente somos dos personas en esta sección. Un grancanario, EUDLF, y una sevillana, RENAISSANCE. La idea de publicar un blog conjuntamente viene de nuestra inquietud por expresar ideas, cuanto menos, curiosas en un crisol de chispas.

Lo más extraño es que jamás nos hemos visto en persona. Pero la amistad ha crecido en nuestros momentos más duros y dolorosos. Valga como brindis nuestra aportación al mundo de las letras, los sentimientos y nuestra esperanza de que el ser humano es un espíritu sin fronteras.


(How to tell stories. De Sebastian Holmer).

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