La Coctelera

rincones

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26 Octubre 2006

Cada día caemos y cada día nos levantamos...

No es fácil convivir con un fracaso. Siempre te queda la duda de que pudiste hacerlo mejor. Que quizás tenías que haber aportado la solución. Pero también surge la duda inevitable... ¿Acaso ella no tuvo su parte de culpa, no debería haber ofrecido también alguna opción, por ridícula o lejana que pudiera parecer?

Aún la añoras. ¿Pero realmente echas de menos a la compañera, o solo una compañía para matar soledades y a cuya presencia te acostumbraste por rutina? Después de haber vivido años con ella, ¿cuál es el poso que queda? ¿Fue algo tangible, palpable y profundo, algo que dejó una huella indeleble o al menos un recuerdo? ¿O por el contrario fueron restos tan inconsistentes que a la primera brisa dejan al descubierto un vacío doloroso, amargo e incomprensible?

Y acabas confesándote desde la flaqueza inherente a tu propia humanidad que lo que te desasosiega es la incertidumbre de tu futuro. En cierto modo, la edad nos ancla en la rutina. No lo deseamos. Y sin embargo es nuestro norte, y nos amilana todo aquello que no se ciña a ella, “¿Qué hacemos con esto?”, “¿Cómo hemos de comportarnos?” Hemos olvidado que, desde el primer momento de nacer, se nos impone la obligación de afrontar esta maravillosa y dolorosa aventura llamada VIDA. Y por el simple hecho de considerarla como una aventura, hemos de tener presente la máxima “Nunca des nada por sentado”. Un día lo tienes planificado, medido, atado. Incluso hasta contabilizado. Al día siguiente se nos fue todo por el sumidero. “¿Qué nos ha pasado?”, “¿Ahora qué hacemos?

Todos los días se nos pregunta (aunque no escuchamos y, por supuesto, ni nos tomamos la molestia de contestar): “¿Qué harás con tu vida, qué esperas de ella, qué espera ella de ti y qué le darás?

Tras el fracaso no podrás volver a las mismas cosas. Son dolorosas. Los recuerdos son traviesos. O bien llenas las horas malamente con actividades vacías (¿cómo llenar con el vacío...?) o te replanteas todo. Y si algún resto de inocencia te queda, sientes que se extingue. Te preguntas si el deseo de vivir, amar, apasionarte, ilusionarte e incluso de vivir volverá a prender (y a aprender) de nuevo.

Lo que jamás deberemos es mendigar compañía a cambio de cariño. Es un precio terriblemente caro. La soledad duele, pero la compañía mal entendida nos sale muy cara. Tengámoslo presente.

EUDLF

servido por rincones 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

haptesupreina

haptesupreina dijo

Que gran verdad enuncias al finalizar tu post, no hay que mendigar compañia a cambio de cariño,...realmente en la soledad tras una ruptura, cuando añoramos a la otra persona, realmente a veces añoramos mas la idea que hemos forjado sobre el amor, la ternura, la complicidad....y que asignamos a esa persona, pero mas bien estamos añorando algo abstracto ...
besos

27 Octubre 2006 | 11:10 PM

EUDLF

EUDLF dijo

Antes que nada, feliz cumpleaños.

Te agradezco el comentario. Es duro estar solo, pero una mala compañía se nos antoja más dolorosa. El artículo mezcla conceptos diferentes pero que están unidos.

Por un lado, el sentimiento de fracaso. No se puede admitir que uno es completamente culpable. Pero asumiendo su parte. El sentimiento de culpa por nuestros errores. Que siempre podía haber otro camino. A toro pasado, todo son soluciones.

De ahí pasamos a la soledad. Tema ya explicado en el artículo.

Es lógico, estas cosas solo pasan y se reflexionan en el camino del dolor. No sabemos aprender de otra manera.

Un besazo, hapte.

29 Octubre 2006 | 06:16 PM

Renaissance

Renaissance dijo

En un fracaso, la culpa es siempre compartida. Unas veces se peca por comisión, otras por omisión... pero normalmente ambos tienen siempre algo de lo que confesarse.

La soledad pesa, se hace difícil llenar la horas... Ver desaparecer la cómoda rutina en que estábamos instalados nos sume en el desconcierto, asusta, pero es posible cambiarla por otra que nos llene de verdad y nos ancle de forma satisfactoria a la vida, que nos impida levitar sobre ella. Es cuestión de actitud.

Has dicho dos grandes verdades en este comentario: que a toro pasado todo son soluciones y que no sabemos aprender más que en el camino del dolor. Cuestión de conjugarlas... Ante un libro abierto, tú y yo sabemos lo que hacen los malos y los buenos estudiantes: los primeros pasean la vista distraídamente sobre las hojas, ante sus ojos aparece clarísima la lección, pero no la asimilan. Otros entretenimientos los abstraen de lo verdaderamente importante. Los segundos profundizan en ella, aunque cueste tiempo y esfuerzo, deducen el corolario, y aplican las soluciones que ahora ven tan claras.

"Aprender" es una palabra llena de contenido, pero solemos quedarnos en su significante, apenas sobrevolándola. Y ahondar en ese aprendizaje es la única manera de no tener que recorrer de nuevo el camino del dolor.

Son muchas las rupturas y fracasos que jalona una vida, en muchos sentidos, todos extraemos conclusiones de ello, pero qué pocas veces APRENDEMOS, así, con mayúsculas...

Un besote.

30 Octubre 2006 | 01:38 PM

marta

marta dijo

hola quetal i esta es mui pero que blanco i es mui bonito :D i nada que es son mui guais las cosas

20 Julio 2009 | 06:11 PM

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Sobre mí

Realmente somos dos personas en esta sección. Un grancanario, EUDLF, y una sevillana, RENAISSANCE. La idea de publicar un blog conjuntamente viene de nuestra inquietud por expresar ideas, cuanto menos, curiosas en un crisol de chispas.

Lo más extraño es que jamás nos hemos visto en persona. Pero la amistad ha crecido en nuestros momentos más duros y dolorosos. Valga como brindis nuestra aportación al mundo de las letras, los sentimientos y nuestra esperanza de que el ser humano es un espíritu sin fronteras.


(How to tell stories. De Sebastian Holmer).

Si desean hacernos alguna sugerencia pueden hacerlo a a.los.rincones@gmail.com

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