Infidelidades
Hay silencios que no callan. Aquellos que en la quietud de la noche dan alas a nuestros pensamientos y que resuenan revoloteando en nuestra cabeza, borrosos, inconsistentes, como humo dispersado por brisas caprichosas, resuelto en nada... ¿Cómo darles voz para que se plasmen consistentes en un papel en blanco, que hace de confesor nuestro?
Esta noche los míos gritan, adquieren voz, femenina, y cuerpo, el de un espejo en el que rebotan crudamente mis propios reproches callados largamente y que hoy protestan por hacerse escuchar, vestidos de tu voz, para reflejarme en él.

Nunca hablamos de ello. Nunca me lo dijiste. ¿A qué estabas esperando todo este tiempo? ¿Pensaste que nuestra relación podría seguir indemne con tu mutismo? ¿Creíste que la callada por respuesta era mejor que la verdad? ¿No pudiste confiar en que nuestra relación era más fuerte, en que yo podría ayudarte? En todo caso, la relación pudo ser sólida, y con tu desconfianza no ya solo hacia mí, sino sobre todo hacia ti, te demostraste que eras débil. Te convenciste de que mi confianza no era digna de ti. Dime por qué. ¿Creías que tenías derecho a juzgar el incondicional amor que te profesaba?
Podré perdonarte por tus infidelidades, por tus torpezas, hasta por tus defectos. ¿Pero crees que podré perdonarte el que no fueras fiel a ti mismo? Jamás lo entendiste. Las personas buscamos...¡no!, más bien exigimos que nuestras parejas, amigos y demás compañías de viaje sean fieles a sí mismos.
En su momento, al conocernos, te deseé... Eras inteligente, una brillante promesa. Y tan apuesto... Pero eso a la larga se marchita. Nuestra apariencia externa es la estatua joven que brilla con el sol. Las inclemencias del tiempo se encargan de desgastarla, igual que las que ese otro tiempo que los relojes marcan lo hacen con nuestro sino.
La belleza exterior es efímera, fugaz. Por supuesto, es un imán que nos atrae. Pero luego necesitamos ir más allá, ahondar en nuestras parejas. Descubrirnos mutuamente, tanto nuestras virtudes como nuestros defectos. Las virtudes de nuestros compañeros de viaje nos hacen vislumbrar un futuro en común maravilloso, y si decidimos aprender de ellas mutuamente nos regalan una enseñanza impagable. Los defectos nos recuerdan que somos humanos, que erramos, que nos haremos daño, y que, aún así, lucharemos por creer en nuestro otro yo que camina a nuestro paso. Y sobre ese lienzo, pintar conjuntamente una vereda, que se extienda ante nuestros ojos y nos invite recorrerla.

Pero no podemos perdonar, ni tan solo intentar comprender, que no se confíe en nosotros. Si no tenías fe en ese camino que emprendíamos juntos, ¿por qué decidiste en su momento seguir mi senda e invitarme a seguir la tuya? ¿Ya dudabas en ese instante, o fue con los pasos recorridos cuando tu duda creció? Lo que más me duele es que hayas callado, porque para bien lo hubiéramos solucionado, o para mal cada uno habría torcido por su propio camino, y aún así, te hubiese admirado por tu integridad incluso desde la distancia.
Tus silencios eran naves que ibas quemando en las orillas del mar de la soledad que se nos ensanchaba. ¿Debí callar yo también? ¿O acaso debí gritar porque mis palabras ya no entraban en tu corazón? Entendemos a los sordos de oído, porque no han elegido su desdicha. Pero el que es sordo de corazón no sabe a dónde se aboca, pues él elige su camino. Entonces, ¿me quieres decir qué palabras podría haber pronunciado para que me escucharas?
No puedes pretender que te respete en tu traición. Por ello, te insto a que si te cruzas con una nueva persona con la que desees emprender un nuevo rumbo, por favor, respeta nuestra memoria aprendiendo de los errores que cometiste conmigo. Por mí, ahórrale dolor innecesario a tu futura compañera.
Ve en paz.
EUDLF



Lucy dijo
Hola:
Vine a agradecerte las palabras que me dejaste en el blog de Madeleine. Realmente pensé muchísimo si debía o no dejar ese comentario ya que ella es una persona adorable a la que quiero muchísimo, pero creo que para que las cosas que nos afligen, sea en nuestra vida privada como en la de nuestro país se solucionen, hay que hacer una crítica constructiva empezando por uno mismo, a pesar del dolor y la vergüenza que eso conlleva.
Cuando escribí las entradas de mi blog que menciono en el comentario lloré como una criatura, porque siento que nos robaron la vida, nuestro futuro y lo que es peor el de nuestros hijos. Se por tener familia en Europa que Uds. no tienen la menor idea de lo que realmente nos pasa y que muchos de nosotros, los que tienen la oportunidad de viajar al exterior, muchas veces nos han dejado muy mal parados por lo que nosotros llamamos "viveza criolla" que más que viveza es prepotencia. En ese momento pasaron muchísimos argentinos por mi blog pero nadie hizo ningún comentario, creo que es mucho más fácil esconder la tierra debajo de la alfombra para que nadie la vea.
Quizás esas entradas hayan sido producto de la impotencia que uno siente ante tanta sin razón realmente no lo se, pero puedo asegurarte que es la verdad.
Te mando un beso grande y nuevamente muchísimas gracias por haber entendido el mensaje que en ningún momento quiso ser ofensivo para nadie.
Desde Buenos Aires - Argentina
Lucy
3 Noviembre 2006 | 05:30 PM