LA LUZ (3)
Sin saber muy bien por qué, Alberto estudió aquella noche con más ganas que nunca. O quizás sí lo sabía, y es que aquella luz le venía haciendo últimamente una compañía muy especial. Quizás, y en cierto modo, mayor que la que le ofrecía la presencia de sus dos amigos, o por lo menos de una manera distinta, no sabía explicárselo. Aquella idea le resultó de repente absurda e incómoda. Miró subrepticiamente a sus compañeros, como avergonzado y temeroso de que hubiesen podido leerle de alguna forma el pensamiento, y lo desterró inmediatamente de su cabeza.
Cuando, sobre las 5 de la madrugada, Jaime y Chema se fueron a dormir unas horas Alberto siguió despierto aún un rato más, pensando. ¿Quién sería en realidad la persona que ocupaba aquella habitación? ¿Sería de verdad una modista? A lo mejor se trataba de una chica que necesitaba leer algo para conciliar el sueño, pues poco después de las 2 de la madrugada se apagaba la luz... Bostezó largamente y decidió que lo mejor era acostarse un rato.
Los días sucesivos, al aproximarse las 10, se sentaba frente a la terraza, esperando que se encendiera aquella luz. Entre 10 y 11.30 la bombilla del segundo piso del número 1 de la calle Gervasio Gómez se iluminaba y entonces él empezaba a estudiar con plena tranquilidad. Porque hasta ese momento era incapaz de concentrarse en lo que leía.

Solitario. Gallery-San Miguel de Allende
Jaime y Chema comentaban que había que ver lo estudioso que se había vuelto Alberto. Nunca se le había visto tanto entusiasmo con la Química Industrial; bueno, ni con la Química Industrial ni con ninguna otra asignatura. Alberto se limitaba a reír y a bromear, pero no les decía que la luz que se encendía enfrente en el intervalo de una hora aproximadamente ejercía en él, en la soledad oscura, profunda y sin límites de la noche, el efecto de un faro, que le ofrecía la compañía y seguridad que éste aporta a un marinero en la inmensidad negra y desolada de la mar. Cuando a aquellas horas de la madrugada miraba por las cristaleras de la terraza hacia la calle y la veía tan callada, tan vacía, tan muerta..., la soledad que siempre había percibido como parte consustancial de él, acentuada por la noche, ya no era tan sola. Y la pequeñez que sentía en la oscuridad tampoco era tan pequeña, ni el mundo era tan mundo como le parecía a esas horas sino un poco más pequeñito, porque allí enfrente, en aquel segundo piso, había una luz encendida. Y con aquella luz una persona estaba respirando a su mismo compás, pensando con él, viviendo a su misma vez...
Pero Alberto sabía que sus amigos no iban a entenderle, sobre todo Jaime, que era un ser absolutamente prosaico. A Jaime lo que más le gustaba de un periódico era la página de la Bolsa y la de sucesos. ¿Cómo iba a entender lo que significaba para él a las 2 de la madrugada aquella luz? Era imposible, tan imposible como lo sería para Chema, para quien el ser humano era un compuesto de agua en un 70 % y materiales varios en el restante 30 % , todo ello regido por una cadena de reacciones bioquímicas. Recordaba un día en que, hablando de chicas, Chema aseguraba que el amor era un mito, algo muy poco práctico. Él no se había atrevido a responderle lo que pensaba: que, gracias a Dios, es muy poco práctico... Que sólo se siente, se vive, roba el alma, el aliento, la vida, los días, el pensamiento, la voluntad... El amor no se explica. Uno es la otra persona, la siente dentro de sí las 24 horas, incluso físicamente, no se puede pensar en otra cosa... ¿Cómo va a ser práctico? La palabra "amor" debiera tener género femenino...
Ahora que lo pensaba, le resultaba curioso... Había convivido durante 4 años con dos personas. Habían sido 4 años muy largos; tantos días respirando el mismo aire, durmiendo bajo el mismo techo, estudiando juntos, compartiendo penas, alegrías, confidencias... Cuánto habrían hablado de lo humano y lo divino...
Su mirada paseó, errabunda, por la calle muerta, por las farolas, único signo de vida en ellas. Farolas... Como las palabras, pensó... Sí, así son las palabras, farolas que alumbran los más íntimos pensamientos de las personas, lo que sienten, su forma de ser... Cada una de ellas vierte un haz de luz sobre lo que somos, y aunque a veces crean sombras caprichosas que desvirtúan la realidad, a la postre la iluminación que procuran permiten al otro hacerse una idea general de quien habla. Lo poco o mucho que alguien dice acaba iluminando su figura, sólo tiene que haber otro enfrente que coja el pincel y bosqueje ese retrato. Mientras más luz haya, más detalles captará de su interlocutor.

Cuatro años era mucho tiempo, sí, y había habido tantas palabras cruzadas entre los folios de apuntes, entre las sartenes, entre las cervezas tomadas en tabernitas baratas frecuentadas por estudiantes... Más que suficientes para perfilar esos retratos, ahora que lo pensaba, y aquello lo inquietó. No podía evitar contemplar aquellas imágenes que su pincel había trazado , advertir cada detalle con absoluta nitidez. Eran tan diferentes de él... Siempre consideró que eran las personas más cercanas, más allegadas, sus mejores amigos, con los que había compartido cuanto era capaz de compartir con alguien. Aunque, si bien lo pensaba, tampoco había sido mucho... Su temperamento reservado, su tendencia a la introversión tampoco le permitieron nunca excesos en ese sentido. Reconoció que siempre había sido un solitario, un lobo estepario que, en lo esencial, rara vez se agregaba a la manada.
Cuatro largos años... Las personas con que había alcanzado la comunicación más íntima de que había sido capaz. Empezaba a comprender que aquella convivencia había sido un edificio que había estado flotando en el aire, sin cimientos... De repente se sentía vacío, tremendamente vacío por dentro. ¡Dios mío!, la cabeza le daba vueltas, estaba a punto de estallarle.. ¿A qué venía ahora aquel balance de su vida en común, aquel juicio a sus compañeros? Eran dos buenos amigos, no tenía derecho a albergar aquel sentimiento de soledad, de tiempo perdido. O más que perdido, no vivido, o no comprendido... Irritado consigo mismo por lo absurdo de los pensamientos que le asaltaban, cerró los libros y decidió acostarse. Sabía que ya no sería capaz de concentrarse en los problemas de Química Industrial.

RENAISSANCE



La hormiguita dijo
Tienen un gran blog. Gracias por el enlace, que es recíproco.
Saludos!
29 Noviembre 2006 | 06:53 PM