EPÍLOGO
Esta es tu última camisa... Por fin, después de todos estos meses, he tenido fuerzas para abrir el armario donde colgaban ese par de mudas, donde se apilaban los CDs que te gustaba oír cuando venías a casa, mis favoritos, pero que hubiera sido incapaz de escuchar todo este tiempo. Dolías tanto...
Todas tus pertenencias están ya en una caja, y en ella quiero meter también tu recuerdo antes de cerrarla y precintarla. No he podido evitar hundir mi rostro en los pliegues de esa camisa y aspirar profundamente, cerrados los ojos, antes de doblarla y guardarla en la cajita. Aún huele a tu colonia, a ti... Una punzadita aguda me ha traspasado el estómago. Vuelve a mi memoria y a mi piel la última noche que pasamos juntos, y una sonrisa nostálgica asoma, distraída, a mis labios. Cómo imaginar que era la última vez que tus dedos recorrían la geografía de mi cuerpo, que tus labios abrazaban los míos, que hacías vibrar mis entrañas como cuerdas de guitarra…

¡Qué vacía parece de repente la casa! Aun siendo solo un pequeño refugio de montaña, hoy me parece inconmensurablemente grande, destartalada. Estaba tan llena de ti… En el hueco silencio que la puebla ahora aún me parece oír los ecos de tus risas y tus palabras, de las mías, sentados como solíamos en el suelo, sobre la alfombra, con la espalda apoyada en el respaldo del sofá al amor y la calidez del fuego de la chimenea. Era tan agradable encenderla los fines de semana que podíamos venir aquí, oír los troncos chisporrotear mientras crepitaban su conversación, una conversación que quizás nosotros no podíamos entender -aunque quién sabe-, pero que siempre arropó a la nuestra... Me parece ahora oler el humillo que desprendían las llamas rojas, amarillas, bailoteando tan alegres entre los leños, el aroma de las piñas que echábamos en ellas para que se tostaran inundando la habitación. Todavía alfombran el hogar donde se consumían los maderos algunas de las telillas marrones que se desprendían de ellas, cubriendo casi las cenizas…
Resuena aún en la estancia tu voz grave, profunda, leyendo en alto algún libro con ese acento del norte que tanto me gustaba mientras yo te escuchaba absorta en tus palabras, en tu rostro iluminado por las llamas, el hielo fundiéndose lentamente en los vasos, las agujas del reloj vagando despacito por la esfera sin que fuésemos conscientes de su caminar, y sin ellas pretender que lo fuéramos... Y aquellas discusiones cuando diferíamos en la interpretación de algún párrafo… Eran gloriosas. Sabes que siempre fui buena luchadora, que argumento hasta la saciedad, y que lo hago con pasión y convencimiento. Pero tú no te quedabas atrás. Defendíamos nuestros puntos de vista sentados sobre la alfombra, los ojos chispeantes, las mejillas arreboladas por el calor de la chimenea y por la pasión... Hasta que a ti te picaba la risa por algo dicho con este acento andaluz mío, y yo, muy seriecita, me quedaba mirándote desconcertada por un instantes, con el ceño un poco fruncido, y acabábamos ambos a carcajadas limpias, tú tumbado en esa alfombra cuan largo eres de un empujón, por reírte de mí. Luego iba a buscarte una bebida mientras tú te recuperabas de la sorpresa y te incorporabas. Coca cola y chorrito de ginebra, sin mezclar...Y después te daba un besito de arrepentimiento, pero con la chispita divertida bailándome en los ojos.
Las voces y las imágenes del pasado se desvanecen, y me sorprendo con una sonrisa bobalicona que se me va desdibujando lentamente de los labios, mientras mis ojos recorren la estancia. Tan lánguida, tan vacía, tan muerta, tan desangelada… De repente me doy cuenta de que flota en el ambiente un tristón olor a cerrado, a humedad. No había venido en meses… Antes de salir definitivamente de allí, con la mano aún sujetando el pomo de la puerta, miro atrás y echo una última mirada a la chimenea, ayer crepitando vida, hoy tan muerta, solo cenizas y hollín que cubre de una fina capa de polvo grisáceo los muebles. Y mi corazón…

RENAISSANCE



Antonio Alviárez dijo
Ren, no me gusta sentirte así, eres una gran Mujer, eso nunca lo olvides.
Abrazos
7 Enero 2007 | 12:46 PM