VELA PARA EL PALO MAYOR DEL “ICTÍNEO SONRIENTE”, TEJIDA EN UNOS RINCONES (I)
Para Zosi y Hapte, capitán y vigía respectivamente de una nave muy especial que navega entre palabras, sonrisas y alguna que otra gotita salada, pintando con ellas paisajes marinos sobre un lienzo de magia.
El barco surca plácidamente los océanos. Dicen que más allá del horizonte hay un mar ignoto de aguas transparentes que llaman “El mar de la calma”; no figura en ninguna carta marina, pero la vigía asegura que existe y que no hacen falta cartas de navegación ni instrumentos convencionales para encontrar el rumbo. Solo es necesario seguir la estela del sol en su ocaso.
Dejando atrás inciertas y acibaradas aguas, navega la nao en busca de atardeceres tornasolados de naranja y plata a rítmico golpe de remos; salpican éstos en las caras de la tripulación sueños que retozan, traviesos, entre las olas. Las velas, tejidas no con hilos sino con quimeras, se hinchan y despliegan impulsadas por un suave viento del este. El sol, ya tibio sobre la piel, derrama áureas chispitas que titilan sobre la superficie del mar, dorando y dulcificando aún más su color, y se esfuerza por caldear también al capitán, que, a popa, contempla pensativo la estela blanquigris dejada por el barco. Tras ella quedan, enredadas entre las algas y sumidas en las profundidades abisales, antiguas pesadillas. Pero alguna aún flota pirueteando sobre la espumosa estela…
La grumete de las rimas sustituye por un rato a la vigía allá en lo alto de la cofa, y otea el horizonte en busca de señales que indiquen que se acercan a su destino. De repente su vista repara en el capitán, tan mudo, tan absorto... Ella recuerda que una vez fue cazador de estrellas, que tuvo alas y remontó el vuelo. A veces lo ha visto mirar al cielo, con un cierto deje de nostalgia en los ojos. Ahora es pescador de estrellas, pero claro, la captura es más difícil… Sin pensarlo dos veces, la grumete comienza a maniobrar una de las velas que el capitán había ordenado poner en el palo mayor, las de la quimeras que fabulan fantasías, y ante la sorpresa de la tripulación el barco despega con suavidad de las aguas y empieza a surcar lentamente los aires, en dirección a una de las estrellas que tachonan el firmamento. Se eleva la nave atravesando el éter, cruzando nubes, hasta aterrizar con suavidad en la más lejana de todas.

RENAISSANCE



Antonio Alviárez dijo
Hermoso relato, navegar de esto trata la vida, hay que agarrar muy bien el timón. Besos Ren
14 Enero 2007 | 12:46 PM