Agnodice fue famosa en el campo de la medicina y la obstetricia pero también por haber sido protagonista de una de las primeras rebeliones femeninas. En la Grecia Clásica las mujeres vivían en un estado de difícil segregación, legitimada además por la opinión difundida y suscrita por voces autorizadas como la de Aristóteles sobre la inferioridad básica del sexo femenino. Tenían prohibido participar en la vida pública, y el acceso al conocimiento. En los S.V y IV a.C. se organizo en Atenas un cierto movimiento de emancipación femenina, el cual quedó recogido en obras como Medea de Eurípides y La Republica de Platón

Cuenta Higino (siglo I a.C.), bibliotecario del emperador Augusto, que había en Atenas una ley que prohibía a las mujeres el ejercicio de la Medicina, incluido el Arte Obstétrico, lo que ocasionaba el grave inconveniente de que muchas mujeres, demasiado sensibles al rubor de ser auxiliadas por los hombres en el puerperio, perdían estúpidamente su vida y la del feto.

Joven brillante de la alta sociedad ateniense, Agnodice se siente frustrada por la prohibición de estudiar a que se enfrentan las mujeres. Estimulada por su padre, se corta el cabello y se viste de hombre para poder asistir a clases, especialmente a las del célebre médico Herófilo de Calcedonia, que se había destacado por las finas disecciones que hacía en cadáveres humanos para estudiar su anatomía. Daba lecciones al aire libre, lo cual era una práctica habitual en la culta Atenas. En el año 350 antes de nuestra era Agnodice obtiene los mejores resultados en el examen de medicina y se hace ginecóloga, sin revelar su verdadera identidad. Pronto las pacientes afluyen a su consulta, y sus colegas varones, celosos de su éxito, hacen correr el rumor de que se estaría aprovechando de su profesión para seducir y corromper a las mujeres casadas...

Contra viento y marea, siguió atendiendo a sus pacientes desde una identidad falsa confesándoles en secreto su sexo y generando confianza entre su consulta. Los otros médicos la acusan de aprovecharse sexualmente de sus pacientes, y de haber violado a dos de ellas.

Llevada a juicio, al comparecer ante la autoridad no opuso resistencia a que se le desnudara como lo pidieran sus acusadores, a fin de evidenciar su sexo. El escándalo fue tal que pidieron el máximo castigo para ella por haber ejercido siendo mujer, y con ello violado las leyes aprobadas por la Asamblea del Pueblo.

Cuando parecía que su causa estaba perdida, vino en su auxilio el primer movimiento feminista de que se tiene noticia en la historia. Madres de todas las clases sociales expresaban su gratitud por la eficiente atención obstétrica que habían recibido de Agnodice, y una multitud de sus pacientes declara ante el templo que si la médico es ejecutada, morirá con ella. .

La opinión pública de Atenas se estremeció por el proceso y mientras los 31 miembros del Areópago vacilaban en dictar una sentencia condenatoria, las esposas de los cuatrocientos senadores los obligaron a elaborar nuevas leyes, en las que no sólo se autorizaba a las mujeres para ejercer la obstetricia, sino que se prohibía que ese arte fuera desempeñado por los hombres. La resistencia organizada funcionó. Presionados por la multitud, los magistrados absuelven a Agnodice y le permiten continuar el ejercicio de la medicina. Al año siguiente, el Consejo Ateniense modificará la ley y autorizará a las mujeres a estudiar dicha disciplina.

Sin embargo, su trabajo científico fue más allá. Según algunos historiadores, Agnodice es en realidad la primera mujer astrónoma de la antigüedad. Esta intelectual estudió el conocimiento de los astros de los Caldeos de Mesopotamia, concentrando su teoría en el estudio de los eclipses solares y lunares, explicando que ocurrían con un orden determinado.

Deberían pasar varios siglos para que aquella primera mujer médica fuera seguida por otras graduadas en la Universidad de Salermo, entre las que estuvieron Rebeca, Constanza, Tomaza, Estefanía y Trótula (s. XI), autora de un tratado de Obstetricia que estuvo vigente hasta 1500.

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