SAXO
Leía ayer el blog de Peretti (http://www.lacoctelera.com/ottoottotre) el primero de una serie de posts muy interesantes en los que algunos cantantes hablan en las letras de sus canciones sobre distintas ciudades. Un viaje a través de la música… Me pareció una idea preciosa y muy acertada, porque pocas cosas hay tan evocadoras como la música. Sus notas son telas de araña que tienen la facultad de atrapar para siempre entre sus hilos vivencias, fragmentos de nuestro pasado, y devolvérnoslos intactos cada vez que suenan.
Mientras escuchaba el tema que había posteado y leía su reseña sobre Roma me venía a la mente uno de esos momentos emotivos que se viven en los viajes, de aquellos que van aparejados a la música. Es lo más tonto del mundo, pero sigo experimentándolo con una fuerza extraordinaria a pesar de que han pasado ya al menos seis años. ¿Me acompañáis a Londres durante unos minutos?
Eran más de las 11 de una cálida noche, y paseábamos por los alrededores de la estación Victoria ya casi para dirigirnos a coger el metro de regreso al hotel. Aún deambulaba gente por las calles, pero tan poca que no bastaba para disimular el aspecto de desierto de cemento y ladrillo que ofrecía la ciudad.
Se respiraban la paz y la tranquilidad propias de esas horas, ese perfume denso y cálido a noche de verano. Las crudas luces que arrojaban farolas y neones de rótulos publicitarios sobre la parte inferior de los edificios no eran suficientes para despejar las negras penumbras que cubrían el resto y los arropaban en su descanso nocturno. El tiempo parecía transcurrir a cámara lenta.
En un momento determinado, la plácida y casi dulzona quietud que lo llenaba todo se vio sajada por las notas nostálgicas de un saxofón que desgranaban lentamente una melodía de Matt Monroe: "Alguien cantó". Me quedé muy quieta, casi en suspenso, para escuchar al músico callejero que, apoyado indolentemente contra la esquina de un edificio, parecía tocar más bien para sí mismo, con pocas esperanzas ya a aquellas horas de recibir alguna retribución económica a cambio de su esfuerzo. La música rasgaba el velo negro de la noche, hendía el aire y se elevaba sobre los jardines que se entreveían a lo lejos, sobre las casas señoriales de la zona, cruzaba el cielo estrellado, aquella luna, arropaba la calma de la noche, casi acallaba el murmullo suavísimo del escaso tráfico nocturno ...
Fue algo mágico. La noche cálida, la pálida luna, los perfumados jardines, los clásicos y serenos edificios, envueltos en aquella música... Y yo allí, intentando aprehender con todas mis fuerzas aquel momento, cerrando los ojos para verlo y oírlo todo mejor, entregada en cuerpo y alma a la lentitud y abandono de aquellas notas... No me gusta el sonido de las trompetas, del saxo ni de ningún instrumento de viento, me producen una enorme tristeza y melancolía. Ni siquiera me gusta Matt Monroe. Pero aquel saxo de voz rota y aquella lenta melodía se elevaban como apenas el único signo de vida en la noche londinense, casi podía verse cómo las notas se iban materializando una a una en el aire formando una filigrana casi dramática que flotaba etéreamente en él. Y cuando dejaron de sonar, la calle y la noche quedaron como desnudas. Sin magia.

RENAISSANCE






eltioantonio dijo
Sin duda alguna las canciones marcan los momentos, las personas que tienen el detalle de caer a cuenta del mismo, guardaran en su mente un recuerdo que no morirá jamás... Saludos
P.D: Ren gracias por tus halagadores y guapos comentarios, artista.
23 Marzo 2007 | 06:54 PM