SEÑORES DEL TIEMPO

Enormes puertas de roble se abren solas ante mí, centímetro a centímetro, con lentitud. El agudo chirriar de los goznes produce un eco inquietante en la inmensidad del vacío salón, vestido con pesados cortinajes de terciopelo rojo. Solamente ocupa la estancia un reloj de proporciones gigantescas. Su gran esfera me llama... Camino hacia ella despacio sobre el suelo de damero, como hipnotizada, y me detengo enfrente. Sé lo que tengo que hacer... Entro en la esfera y me siento sobre una de las manecillas, que en ese mismo momento comienzan a girar hacia atrás,en sentido contrario, recorriendo su circunferencia y pasando sobre las cifras al principio con extrema lentitud, para ir ganando progresiva velocidad. Se difuminan los contornos del salón hasta desaparecer totalmente sus paredes, el damero del suelo, los rojos cortinajes...
Grandes y desvaídas masas nubosas en todos los tonos de grises se mueven sin cesar, y me envuelven ahora. Entre ellas diviso unas escalinatas que no comienzan ni terminan en ninguna parte. Son las que Kronos cincelara en los principios de todo lo que existe. Los Señores del Tiempo han abandonado definitivamente las agujas del reloj, y cubiertos por sus capuchas, envueltos en sus negras túnicas, bajan majestuosos, clepsidras en mano, los escalones, hasta perderse entre los jirones blanquigrises que todo lo ocupan.
En ese momento, las horas salen despedidas violentamente de la esfera en todas direcciones. Poco a poco van adquiriendo corporeidad, y moldeándose en translúcidas figuras. Erguidas, flotando inmóviles en el éter, enarbolan sus violines y tocan su música, la música del no-tiempo. A su son comienzan a agitarse las mareas, que diviso con claridad desde la masa de nubes. Pero la perturbación solo dura unos instantes; enseguida las azules superficies retornan a un movimiento cada vez más pausado, tanto que llega a ser ingrávido. Las surca como a cámara lenta un decrépito barco fantasma, con las hinchadas y desplegadas velas hechas jirones. Hiendel a quilla sus aguas, y a su paso levanta espumeantes estelas blancas que se estrellan contra ella con ímpetu ralentizado, y regresan a las olas deshaciéndose en lánguidas y blanquecinas hilachas, como lienzos de encajes rotos. La figura de la espectral nave, en irreal balanceo,se va perdiendo lentamente a lo lejos. Lleva mi vida dentro...
En la línea del horizonte tornasolado en granas y oros emergen de las aguas soles y después lunas, sucesivamente, los unos bolas de fuego rojo, las otras bolas de fuego blanco, nimbadas de irrealidad. Y se suceden noches y días sin descanso, cada vez más rápido, hasta convertirse en telones blanquidorados que se relevan a desenfrenada velocidad con otros negros, tan enloquecedoramente rápido que llega un momento en que no se distinguen uno y otro color. Ya no existe nada,solo esos telones en vertiginosa sucesión.
De repente la esfera del reloj estalla... Es extraño, no ha hecho el menor ruido... Los mil fragmentos en que se ha astillado, y yo misma, salimos disparados enmil direcciones, para ir a caer en el ejército de nubes que ha tomado el relevo a aquel kinetoscopio de días y noches. Nubes y más nubes que corren raudas, como empujadas por un apremiante viento, en un juego de sepias y grises que apenas permiten ver algún jirón de azul del cielo que casi cubren por entero.
Desde la nube diviso el barco fantasma surcando a la deriva los mares. Continúa alejándose, para siempre... En un estado de total delicuescencia me siento fundir poco apoco con la nube, hasta que el último de mis átomos forma parte de ella. Ahí, empapándola, quedan mis lágrimas. Cuando llueva caerán a la tierra mezcladas con la lluvia, para ir a formar parte de la memoria de los árboles.
RENAISSANCE






rincones dijo
No, Hapte, no sé nada de Zosi, y créeme que bien quisiera porque lo extraño muchísimo. Realmente no no damos cuenta de cuánto apreciamos a alguien hasta que se va... Y sinceramente, quiero creer que volverá. Se nota su ausencia...
No, todo era una simbología de la muerte. El tiempo de la protagonista ha acabado, y el barco se lleva su vida. Sus lágrimas son de tristeza por haber llegado al final, pero no quiero que deje de existir para siempre... Parte de ella, su esencia-contenida en esas lágrimas- regresará a la tierra para dar vida, junto con la lluvia, a los árboles, y permanecer al menos en la memoria de estos. Vida y muerte formando un ciclo inacabable.
La verdad es que el Ictíneo se nos quedó tan grabado que quizás el subconsciente me ha jugado una "mala pasada" a la hora de elegir la metáfora.
Un beso enorme, cielo. Hasta mañana.
11 Abril 2007 | 01:51 AM