MI ILDA

Por lo general todos solemos sensibilizarnos con este tipo de causa, pero quizás no comprendamos su alcance real hasta que no nos topamos de cara con esa realidad, o al menos con algo que nos acerca a ella. Y yo me he topado... Desde hace unos días tengo nueva asistenta en casa. Es una chica boliviana. Seria, formal, trabajadora, parca en palabras... El día que la entrevisté me dio los datos personales típicos en estos casos: edad, estado civil... Me comentó que tiene 32 años, casada, dos hijos, recién llegada a España y sin papeles. Esto último me hizo vacilar por unos segundos. La chica, evidentemente, lo notó, y el "Necesito trabajar, señora..." que salió de sus ojos suplicantes más que de su boca, bajito, como ella habla, disipó de inmediato la duda. Y se quedó...
Poco después de empezar en casa, una tos persistente la obligó a ir al médico. El diagnóstico fue neumonía. Hace un par de días, tras dos semanas de reposo, me llamó pidiendo reincorporarse; no estaba del todo recuperada, pero insistía en que se encontraba mucho mejor, en que el médico prácticamente le había dado ya el alta y que tenía que trabajar, que necesitaba el dinero. Y por fin ayer, mientras casi a la fuerza la hacía tomarse un zumo, comenzó a salir parte de la historia. Su situación económica en su país era insostenible, así que sus padres habían contraído una deuda para poder pagar el visado y el pasaje de avión de ella y de su marido a España, avalando dicha deuda con su casa, lo único que poseen. Necesitaba mandar "plata a sus viejos" para mantenerlos a ellos, a sus dos hijos (un niño de casi 10 años y una niña de 4) y enjugar el débito. No me explicó cómo habían conseguido ese préstamo, ni las consecuencias de no cumplir con los pagos a tiempo, y preferí no preguntarle. No ha mencionado en ningún momento que fuese a través de ninguna entidad bancaria. No suele ser ese el camino en los casos de los sin papeles; por lo general, son mafias organizadas las que suelen poner un visado de turista y un pasaje de avión, a precios astronómicos, en las manos de personas desesperadas, y en sus mentes la idea de que en Europa o Norteamérica se atan los perros con longanizas. Y los que prestan siempre cobran...
Mi Ilda tiene miedo; cuando se cruza por la calle con algún policía baja la cabeza y cambia de acera, por temor a que sus rasgos, que delatan claramente su procedencia, lo animen a pedirle documentación y al no poder presentarla termine en un juzgado, y recibiendo una carta de expatriación como ya le ha ocurrido a dos de las chicas bolivianas que conoció en España. ¿Cómo pagaría, entonces, la deuda...?
Mi Ilda mira a mi hija de 3 años con la nostalgia por la suya de 4 clavada en sus ojazos negros, y vuelca en ella la ternura y las caricias que no puede darle a su hijita.
Mi Ilda contempla asombrada al Epi, casi tan grande como mi niña, que se revuelca por el suelo muerto de risa, de un risa escandalosa, cuando se le aprieta una manita, porque nunca ha visto muñecos como esos. El mes próximo será el cumple de su hijo, y le gustaría mandar a su madre algo de dinero extra para que le compre un regalo, que desde luego no será un juguete porque hay necesidades más perentorias.
Mi Ilda hace camas, limpia, plancha...y tose, porque como ya no tiene fiebre está empeñada en trabajar. Por más que le he asegurado por activa y por pasiva que va a cobrar los días que esté enferma aunque no venga a casa creo que no se fía, y se me presenta puntualmente a las 9.30 asegurándome que se encuentra bien y que no soporta estar inactiva. Y busca desesperadamente otro trabajo para las tardes, porque necesita el dinero. Pero tose...
Mi Hilda acepta a media mañana un zumo y un paquetito de galletas, o de magdalenas. Se bebe el zumo, pero ya he visto que solo come una galleta o una magdalena; el resto lo guarda disimuladamente en su bolso, supongo que para dárselo a su marido, que trabaja en una obra, de albañil, cuando llega a casa por la noche.
Mi Hilda tiene miedo, miedo y pena, porque carece de papeles y añora tremendamente a sus hijos, así que esta mañana me he estado informando sobre la manera de legalizar su situación y que pueda caminar tranquilamente por la calle y traer a sus pequeños. Y resulta que no puedo hacer nada por ella... Los trámites, sobre ser larguísimos, exigirían su vuelta a Bolivia, donde habría de permanecer meses hasta poder regresar a España con el visado de trabajo, y después aún tardaría año y pico en poder acogerse a la reunificación familiar y traer a sus hijos. Ella y su marido no pueden permitirse ese billete de avión de vuelta, pero menos aún estar allí tantos meses sin trabajar, o haciéndolo de manera eventual. ¿Cómo pagan la deuda? Está condenada a intentar hacerse pequeña hasta la invisiblidad cada vez que se cruce con un policía.
Y yo no puedo evitar que me rocen y me duelan su miedo, su pena, su tos, la sonrisa cariñosa pero triste que le dedica a mi hija, su asombro ante los juguetes... Ya sé que siempre han existido las desigualdades sociales, y me han enseñado que así habrá de ser mientras el hombre sea hombre, pero para según qué cosas soy mala alumna. No acabo de digerir esa lección, así que me he ido al blog de Misipayi a "robarle" descaradamente parte de su post: un vídeo en el que se explica cómo sumarnos cómodamente a la iniciativa que se tomará el próximo 7 de junio pidiendo una política global más justa. No es necesario ir a Alemania a aclararle a estos ocho presuntamente grandes que este planeta no es su cortijo. Lo único que hay que hacer es no trabajar ese día, no consumir y salir a la calle. No es tan difícil... El vídeo ofrece una rápida panorámica del mundo convulso en que vivimos. Yo no quiero eso, y no quiero países llenos de Ildas traspasadas por el miedo, la pena y la tos, aunque a esos ocho les convenga que haya naciones sumidas en una pobreza, miseria e ignorancia que les posibilitan a explotar sus recursos económicos y humanos, y tener una cantera de mano de obra barata. Así que el día 7 de junio iré a darme un paseo por las calles.
No soy tan ilusa como para pensar, como triunfalistamente afirma el vídeo, que ese día el mundo dará un giro de 180º, pero si algo tengo claro es que el poder reside en el pueblo, que los gobernantes, en tanto y en cuanto son solo mis representantes, no son más que ejecutores de ese poder, no sus dueños, y que tengo derecho a hacerme oír. Y que si muchos nos hacemos oír muchas veces, en algún momento algo cambiará. En las últimas décadas se han conseguido muchos avances respecto a los derechos humanos, y esto no ha hecho más que empezar.
He oído, como todo el mundo, hablar de los sin papeles, de los que empujados por la miseria se ven forzados a abandonar sus familias, sus hijos, de las mafias que controlan el enorme negocio en que se ha convertido la desesperación de muchos, pero no es lo mismo conocer personalmente a alguien en esta situación. Entonces es cuando uno es conciente de que es necesario participar en iniciativas como las que propone ese vídeo, y en cualquiera que sirva para hacer saber a los que rigen nuestros destinos que queremos un mundo más justo. Yo, desde luego, me apunto. El que quiera, ya sabe...
RENAISSANCE







eric dijo
No voy añadir nada. Ya lo has dicho todo.
Aunque no nos veamos, que sepas que ya somos dos. El dia 7 de junio.
27 Abril 2007 | 12:43 PM