La Coctelera

rincones

20 Mayo 2007

5. Fuego

He llegado. Mi última etapa. Tengo la total certeza de que no hay más caminos que recorrer. De alguna forma he recuperado la consistencia de mi cuerpo y ya no estoy sujeto a las veleidades de Eolo. Ahora me encuentro frente a la entrada de una montaña, concretamente el cráter de un volcán. El olor del azufre lo inunda todo al tiempo que la temperatura del aire es superior a lo normal, y sin embargo no se percibe actividad alguna. Alzo la vista y el volcán es tan alto que no se alcanza a ver su pico. A mi espalda se extiende una vasta llanura. Está claro que es un monte solitario, sin signos de asentamientos humanos en kilómetros a la redonda. Miro por última vez el paisaje exterior y me encamino hacia el cráter con determinación. Sé que debo hacerlo, que este era el objetivo de mi viaje,y que el lógico miedo que experimento a lo que me puede esperar si traspaso ese cráter no puede detenerme ahora...

Quietud. No hay otra palabra que describa lo que se siente dentro. Para mi sorpresa, las paredes y el suelo están labradas por manos de gran habilidad. El acabado en todos los detalles es exquisito, aunque se aprecia el desgaste que el tiempo produce al pasar incansablemente su mano por encima de ellos. No tengo prisa ni miedo en avanzar. Sólo existe un camino, así que no urge tomar decisiones por ahora. El tramo parece no acabar nunca. Camino durante horas siguiendo la ruta trazada de antemano hace ya siglos, desde el principio de los tiempos. Las claraboyas del techo han sido construidas para iluminar el recinto, por eso no he tropezado en ningún momento ni he titubeado por miedo a dar un paso en falso. Ignoro cuánto ha pasado desde que entré. Ni siquiera me planteo si voy en círculos porque no he encontrado desviaciones en todo el trayecto. También me doy cuenta de que no siento dolor, ni hambre, ni sueño. Simplemente me limito a caminar porque sé que iré a parar a algún sitio.

Frente a mí se alza una puerta de metal. Por el tacto distingo muchos adornos y remaches. Esperaba que estuviera oxidada, pero parece recién colocada. Está claro que mientras el tiempo dejó su rastro en el pasillo, la puerta ha permanecido inalterada. No encuentro manilla alguna para abrirla. Realmente no tengo la menor idea de cómo hacerlo. Menuda contrariedad... No he recorrido un pasillo durante cinco días para luego quedarme pasmado ante una puerta que no tengo forma de traspasar.

Frustrado, me siento en el suelo y busco alguna solución. Estoy en blanco. He recorrido mundos y siempre había una salida. La hubo en el desierto. También en el mar. Igual que en la selva. Tampoco tuve problema cuando experimenté la levedad del vuelo. Pasan las horas y sigo atascado. Tan larga se hace la espera que comienzo a recordar los mundos anteriores que me tocaron vivir...

La penosa rutina del desierto, el no saber cómo variar el rumbo de una triste vida. La monotonía de sentimientos que me inspiraba un mar tranquilo hasta que un cúmulo de pasiones encontradas lo revolvieron en una furiosa tormenta. La engañosa comodidad de una selva que me brindaba todo lo que deseaba y que mi espíritu, sin embargo, no encontraba suficiente. Una existencia casi etérea que me llevaba de forma errática a lugares donde contemplaba las experiencias de otras personas, sus alegrías, sus tristezas, sus logros y sus fracasos. Así que de alguna forma, entiendo que eran procesos que me ayudaban a marcar lo que quería y lo que no quería. No los percibo como lecciones sino como ejemplos que me podrían servir para un futuro. Y sin embargo aún no veo claro por qué tuve que vivirlas.

No sé cuánto tiempo ha pasado desde que he llegué. La falta de luz me hace perder la noción. Al no tener sueño ni hambre carezco de referencias para marcar las horas. Nunca mejor dicho, me hallo en un callejón sin salida. Y pasa el tiempo...

"¿Qué ha sido eso?" Un temblor sordo, similar a un terremoto pero sin la intensidad de éste. Percibo una luz que se escapa por una rendija de la puerta. En efecto, la puerta se está abriendo y es lo que provoca el temblor. ¿Por qué se ha abierto la puerta al final? No lo sé, y no tengo a nadie que me dé una explicación. No me atrevo a tocar la puerta y me limito a esperar. La luz que sale del otro lado es brillante, pero no enceguece. Y aunque es una luz calurosa, se me antoja muy acogedora. Casi podría decir que desprende amor. No encuentro palabras.

Me adentro en la estancia inundada de esa luz sobrenatural, dejándome embriagar por ese maravilloso sentimiento. Aunque la luz obstaculiza en algo mi visión ya puedo distinguir las formas de los objetos. Se trata de una habitación circular muy amplia, calculo que unos 50 metros de un extremo a otro. En la parte superior se ve una especie de chimenea, no sabría describirlo mejor, y al fondo un haz de luz diminuto. Sospecho que me encuentro en el centro del volcán. Y justo debajo de esa oquedad se eleva un recipiente que contiene un líquido incandescente. De él saltan llamas traviesas. El líquido parece tener vida propia. No es un elemento muerto y caliente, constantemente se dibujan formas caprichosas. Inspecciono la sala redonda por si hubiera algo más. En efecto, a un lado de la sala, se halla una mesa con objetos que parecen ser herramientas de fundición. Deduzco que esta sala es un taller de herrería. Sin embargo no parece un lugar utilizado por nadie y menos aún habitado.

Me acerco al recipiente. De alguna forma, el líquido siente mi presencia. Al acercarme al recipiente el fluido se revuelve con vida propia ansiosamente, despidiendo grandes llamas calentando la sala bruscamente. Hago una prueba y me alejo. Entonces el líquido se calma como al principio y la temperatura descienda a su estado original. Reflexiono sobre lo que debería hacer a continuación. Me relajo y abro mi mente. En un momento dado avanzo con lentitud hacia el recipiente. De nuevo el líquido se encrespa y escupe grandes llamaradas. Aunque me detengo no retrocedo. Pasan los minutos y el furor del fuego mengua gradualmente. Avanzo otro paso y de nuevo una llamarada feroz resurge. Igual que antes, espero unos minutos para que el fluido se calme. Este proceso de acercamiento dura horas. No importa. Tengo todo el tiempo del mundo y puedo esperar.

El recorrido es lento. Tanto tiempo empleado en esto me hace recordar de nuevo. De nuevo imágenes erráticas me surgen sin cesar y se agolpan en mis ojos. La mayoría relacionadas con mis experiencias de escenarios anteriores. Esta vez tienen sentido. Intuyo que son cruciales para el momento en que me encuentre al lado del recipiente. De alguna forma los necesitaré. Igual que en las veces anteriores, el instinto me dirá cómo debo actuar.

Cuando finalmente estoy al lado del recipiente y éste ya no despide llamas rugientes, poso mis manos en su borde circular y espero. El líquido está en absoluto reposo y comienza a iluminarse mostrando una imagen. Es un nacimiento. Me conmueve tanto la escena que mis lágrimas brotan incontenibles cayendo en el líquido. En algún momento me parece ver diminutas imágenes en las lágrimas derramadas que se asemejan al recuerdo del nacimiento que presencié en cuando yo era incorpóreo. Seguidamente surge la imagen de un hombre de edad avanzada sentado en una terraza mirando al mar. Nuevamente mi llanto rompe con gran congoja y derramo otra vez irreprimibles lágrimas. Como ocurriera momentos antes, puedo distinguir en ellas mientras caen en las llamas imágenes de este hombre . Cuando el llanto se me ha secado, el recipiente comienza a temblar y el líquido se va revolviendo, despidiendo otra vez grandes fogaradas. En ese momento no soy ya capaz de despegar las manos del recipiente y sé cuál es el final de este viaje con total certeza. Tarde o temprano las llamas me engullirán y lo que ocurrirá después solo Dios lo sabe. Mi corazón late con fuerza. Mi destino está sentenciado. Ha terminado un viaje y comienza una nueva aventura. Extrañamente no hace calor y me dispongo a fundirme con el fuego. Adelante...

- Doctor, el niño se encuentra bien, 3.900 gramos y 50 centímetros de estatura. En principio parece sano.

- Buen trabajo, enfermera. Ya puede llevarlo a su madre.

FIN

--
EUDLF

servido por rincones 10 comentarios compártelo

10 comentarios · Escribe aquí tu comentario

eric

eric dijo

... y una nueva vida comienza.

Un saludo.

20 Mayo 2007 | 07:43 PM

eltioantonio

eltioantonio dijo

Queridos Ren, me aterra un poco pensar en la reencarnación. Morir, atravesar el umbral, y retornar en el viaje, es algo que no desearía al menos para mi. Aún tenga que pasar el Eolo y sus vicisitudes, prefería adentrarme mucho más y si algo malo se me depara -pues no tendré- otra alternativa, pero si una vez hundido en aquel oscuro lugar se me llevará a un lugar de tranquilidad, donde mi espíritu pueda estar tranquilo y en paz, como en este momento. Bienvenido sea el fin y no una nueva vuelta a este lugar llamado tierra.

Besos

20 Mayo 2007 | 09:45 PM

diasazules

diasazules dijo

fantastico, como siempre.
un beso

21 Mayo 2007 | 01:18 PM

puntodelectura

puntodelectura dijo

el broche perfecto para finalizar la saga

saludo

21 Mayo 2007 | 03:25 PM

rincones

rincones dijo

eric dijo

... y una nueva vida comienza.

Un saludo.

Y muchas más, porque no se queda en una sola ocasión.

haptesupreina dijo

Simplemente magistral
un abrazo

Gracias, muchas gracias.

eltioantonio dijo

Queridos Ren, me aterra un poco pensar en la reencarnación. Morir, atravesar el umbral, y retornar en el viaje, es algo que no desearía al menos para mi. Aún tenga que pasar el Eolo y sus vicisitudes, prefería adentrarme mucho más y si algo malo se me depara -pues no tendré- otra alternativa, pero si una vez hundido en aquel oscuro lugar se me llevará a un lugar de tranquilidad, donde mi espíritu pueda estar tranquilo y en paz, como en este momento. Bienvenido sea el fin y no una nueva vuelta a este lugar llamado tierra.

Besos

Antonio, si creemos en la reencarnación y siguiendo sus enseñanzas, se nos insta aprender vida tras vida hasta que se nos permita subir de grado. Personalmente, aunque vivir aquí no es fácil, me gusta disfrutar de las oportunidades que brinda cada día.

Un saludo.

diasazules dijo

fantastico, como siempre.
un beso

Muy agradecido.

puntodelectura dijo

el broche perfecto para finalizar la saga

saludo

Hasta la fecha no se me ocurrió otro. A lo mejor habia mejores alternativas.

Un abrazo.
--
EUDLF

22 Mayo 2007 | 06:36 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

La verdad fabuloso, Canario. La purificación y el renacer. Bonita manera de poner la muerte y una vida nueva. Un abrazo.

23 Mayo 2007 | 06:58 AM

rincones

rincones dijo

Querida Madeleine,

toda nueva vida es una nueva oportunidad para vivir cosas maravillosas. Con el renacer se nos brindan nuevos momentos.

Muchos besos, EUDLF.

23 Mayo 2007 | 11:04 AM

gineblog

gineblog dijo

Interesante... pero porque todos los niños miden 50 cm al nacer?

Saludos

24 Mayo 2007 | 10:47 PM

EUDLF

EUDLF dijo

No sabría decirte si todos los niños al nacer miden exactamente 50 cm. Éste en concreto sí mide esa longitud.

Un saludo.

25 Mayo 2007 | 10:39 AM

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Sobre mí

Realmente somos dos personas en esta sección. Un grancanario, EUDLF, y una sevillana, RENAISSANCE. La idea de publicar un blog conjuntamente viene de nuestra inquietud por expresar ideas, cuanto menos, curiosas en un crisol de chispas.

Lo más extraño es que jamás nos hemos visto en persona. Pero la amistad ha crecido en nuestros momentos más duros y dolorosos. Valga como brindis nuestra aportación al mundo de las letras, los sentimientos y nuestra esperanza de que el ser humano es un espíritu sin fronteras.


(How to tell stories. De Sebastian Holmer).

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