A MIL AÑOS LUZ

Granadinos, liderados por José Ignacio Lapido, desgraciadamente dejaron de existir como grupo en 1.996. Fueron un paréntesis de lirismo y buena música en el panorama facilongo, intrascendente y comercial de buena parte del pop y el rock españoles de los 80, de aquellos años de chim-púm en que las aspiraciones más elevadas que podían leerse en la mayoría de las letras iban desde ese
"Me tumbo en la hamaca
pues no quiero trabajar
Oh nena, dale al pay pay
que me voy a asfixiar"
o
"Ey...yo te invito a una copa o dos, porque yo
soy el más grande, yo soy el mejor
tengo un Porche en la puerta que no está nada mal"
ambos de Objetivo Birmania, a esta otra de Olé Olé:
"No controles mi forma de bailar
porque es total y a todos les excita
No controles mi forma de mirar
porque es total y a todos enamoro"
pasando por aquellos Hombres G que no tenían tampoco mayor pretensión que quitarle el sujetador a la chica de ya ni recuerdo qué canción o echarle polvos pica-pica al que le había birlado a la novieta.

Lapido es un compositor de temas "con mensaje", pero en absoluto dogmático ni panfletario, ha tenido siempre un discurso propio, sincero y coherente. Es malabarista de metáforas, como he leído por ahí, poeta triste de la vida, de la calle... Perdedores y personajes marginales deambulan atormentados, como sin norte, por sus letras, enredados en vibrantes notas escupidas con rabia y a veces desesperación por guitarras eléctricas y baterías, convencidos de que la felicidad no es más que una entelequia en una sociedad ahíta de mentiras y falta de revolución, en la que el ángel de la guarda de cada cual está por ahí perdido, esnifando cocaína. ¿Dónde, pues, la salvación? Si un día creyeron que al menos el amor vendría a redimirlos, no tardaron en darse cuenta de que también él suele pasar de largo. Vagan desorientados por laberintos de tormentas mentales, intentando bordear arenas movedizas sin conseguirlo casi nunca, escupiendo contra el viento, buscando sin encontrar, errando por caminos equivocados, fluctuando entre la cumbre y el abismo...
Son las de Lapido canciones de cuna y rabia, protagonizadas por personajes que se arrastran entre el agnosticismo, el escepticismo, los anhelos frustrados, la desesperación por el tiempo que pasa… Muchos de ellos, como antes decíamos, marginales, pero a los que este bardo urbano reviste, como dice él mismo, de una cierta dignidad poética, de un estoicismo que los distancia del victimismo típico.
Generalmente los dedos del granadino relampaguean sobre cuerdas de guitarra para extraer sus punzantes notas, y arrancar de cuerdas y notas a personajes atormentados y heridos enhebrados en ellas. Pero en ocasiones esos dedos se remansan en acústicas o eléctricas que alumbran hermosos arpegios punteados, acompañados de lentas baterías y teclados que van dejando caer sus notas como tintineantes gotas de agua... Y la música se hace poesía, y la letra más... Poesía intimista, como la de "A mil años luz", una de las más bellas canciones de Lapido y que para mí posee unas connotaciones especiales.

y me he sumergido en un sueño sin poderte tocar
formando un mosaico de sombras,
buscando a ciegas lo que sé que no está.
He acariciado siluetas danzando en la niebla
he atesorado los días que te vi sonreír
así se hace eterno el instante,
la última página antes del fin.
Aunque te sueño en azul
ando perdido en un juego de espejos
sigues estando tan lejos
a mil años luz
a mil años luz.
He destilado la luz escarchada del alba
si nuestros pasos se cruzan la podremos beber
como un vino de suaves llamas
que nos recuerde lo que fuimos ayer.
Aunque te sueño en azul
ando perdido en un juego de espejos
sigues estando tan lejos
a mil años luz
a mil años luz.
Casi como en el mito de Narciso, un hombre contempla en el estanque el reflejo del rostro amado, pero esta vez el de una mujer. En este tema y en la mayoría de los de Lapido, el amor, metaforizado por el fuego como tantas veces se ha hecho en la literatura, parece pasar de largo, estar " a mil años luz". El reflejo de la amada en el estanque se desvanece sin poder tocarla. Tanto el amor como el objeto amado fluctúan entre la irrealidad y el deseo, resueltos en intangibilidades : "siluetas danzando en la niebla", todo puro juego de apariencias y anhelos insatisfechos: " sumergido en un sueño sin poderte tocar/ formando un mosaico de sombras,/buscando a ciegas lo que sé que no está". Sin embargo quizás quede un resquicio para la esperanza, un rayito que se abre paso entre la brumosa irrealidad en que se desarrolla el poema: "He destilado la luz escarchada del alba/ si nuestros pasos se cruzan la podremos beber",embotellada en el mismo surrealismo que envuelve la composición. Solo quizás...






sarah dijo
Gracias ren, me suena el nombre y alguna canción...pero apenas les conozco...y merece mas que la pena, gracias y un beso.
2 Junio 2007 | 11:29 AM