JUNIO

Está lloviendo ahora en Sevilla. Solo lleva haciéndolo unos minutos y probablemente cesará pronto, pero lo necesario para disipar el extremo calor que empieza ya a apoderarse de estas tierras. Refrescará la atmósfera lo suficiente para que los bastante más de 30º que viene haciendo ya sobre las 3 de la tarde se hagan soportables. Durará poco, lo sé, la maldita atmósfera perderá pronto la memoria y volverá a hacer el calor tórrido, casi insufrible, propio de esta estación del año. Un calor que parece no tener fin; desde por la mañana la humedad baña la piel, sembrándola de minúsculas gotitas de sudor, la ropa se pega al cuerpo, y el pelo a la nuca... Todavía por ahora la noche apenas trae un leve airecillo que calmará la sed del día, pero mañana promete ser tan asfixiante como hoy... Más sed, más sudor, más humedad... 38º a las 3 de la tarde... Y aún no ha empezado el verano. Esto es solo el aperitivo. Cuando llevemos dos días en que a las 9 de la noche el termómetro no ha bajado de los 39º; dos meses en que el sol calienta y derrite el asfalto, la sesera...; cuando salga fuego, flama, del suelo en una vaharada que penetra por las fosas nasales y los pulmones como si quisieran ahogar,podremos decir que estamos en verano.
Hace ya semanas que vamos en manga corta en Sevilla. Las primeras horas de la mañana son fresquitas, pero conforme avanza el día , aunque ya más suavizado, continúa caldeando el aire de mi tierra un aire cálido y plomizo que quema, que asfixia, que funde asfalto y neuronas, castiga la piel y los pensamientos, dispara (y disparata) los nervios, que nos impele a cometer insensateces, que parece que quita la vida pero que la da exacerbando el ánimo, haciendo a veces enloquecer unos sentidos acorralados por ese calor que los nubla, que hace receptiva cada terminación nerviosa hasta la exasperación. Mi aire sabe a cenizas amargas, a sequedad, pero también a dátil oscuro, dulce, a aceituna madura preñada de dorado líquido... Es el sabor de mis raíces. Es sabor a sur. Es sabor a mí, como rezaba el bolero, a mí, que soy sureña hasta la médula.







eltioantonio dijo
Por aquí ha amanecido algo fresco, aunque la humedad de estos días, es matadora. Me gusta que llueva -hace falta- y además es más placentero el fesco que este calor insufrible... Paciencia, es lo que queda, pronto el otoño. UUff que gusto con el otoño.
Besos Ren
15 Junio 2007 | 11:17 AM