La Coctelera

rincones

23 Agosto 2007

ISABELLE EBERHARDT, LA "REBELDE"

"... Nómada seré toda mi vida, amante de los horizontes cambiantes, de las lejanías aún inexploradas, pues todo viaje, aun a las regiones más frecuentadas y conocidas, es una exploración», anotó en su diario Isabelle Eberhardt. Aventurera, periodista, escritora, apasionada estudiosa y practicante del Islam, su corta e intensa vida constituyó su mejor novela.

Isabelle Eberhardt nació en Ginebra en 1877, fruto de amores extramatrimoniales de su madre, una aristócrata alemana casada con un general y senador ruso. Respecto a su padre se ha barajado la posibilidad incluso de que se tratase del poeta Rimbaud, pero ni siquiera la propia Isabelle llegó a saber nada con certeza. Lo más probable es que fuese el preceptor de sus hermanos y amante de su madre, Alexander Nicolaievitch Trofimovsky, un sacerdote ortodoxo ruso nihilista y amigo del anarquista Bakunin, con el que se fue a vivir acompañada de sus hijos aun antes de quedar viuda.

Su casa era centro de reunión de anarquistas, nihilistas, conspiradores y revolucionarios de distintas nacionalidades. Isabelle no fue a la escuela pero de Trofimovsky aprendió griego, latín, turco, ruso, árabe, alemán e italiano, además de filosofía, literatura, geografía, historia y nociones de medicina. Exactamente la misma educación que sus hermanos varones. Además de la enciclópedica ilustración provista por su tutor, la educación de Isabelle se verá completada por las discusiones -a veces violentas- de los visitantes que llegaban a su hogar y los relatos de experiencias de remotos y exóticos confines.

Desde muy joven desprecia las prendas femeninas y prefiere vestir como un muchacho. Quienes la conocieron hablan de su ausencia de feminidad y sus maneras varoniles. En los escasos retratos que de ella se conservan parece un adolescente, pero la excesiva belleza de sus rasgos la delatan.

El enclaustramiento, el desorden afectivo y sentimental de Isabelle amenaza con explotar, y el mundo exterior la atrae como un fruto salvaje. Como modo de exorcizar sus demonios, comienza a escribir.

Cansadas de la personalidad excesivamente vitalista y apabullante de Trofimovsky, Isabelle (contaba ya veinte años) y su madre se marchan a vivir a Argelia. Se instalan definitivamente en los confines del barrio indígena, en una casa sencilla de adobe blanqueada con cal y un patio interior con azulejos y naranjos donde viven su anhelada libertad. Isabelle trueca sus vestidos europeos por una chilaba blanca, profundiza sus estudios de árabe clásico, estudia a fondo el Islam y ambas terminarán convirtiéndose a esta religión. Durante unos meses su felicidad fue completa. Hasta que, enferma de corazón, Nathalie, la madre, muere.

Sumida en el dolor, la joven marcha a Argel, y después a Túnez. En esa época Isabelle publica sus primeros artículos y cuentos bajo diversos seudónimos. También es entonces cuando adopta por vez primera apariencia de hombre para colarse en las mezquitas a discutir con los mullah, actividad que alterna con otras -seguramente menos recomendables pero
más divertidas- en los tugurios de la kasbah argelina.

Disfrazada de beduino y oculta bajo el nombre masculino de Mahmud Saadi recorría el Magreb a caballo para sorpresa de los nativos y escándalo de los occidentales. Por el día mantenía reuniones con místicos sufíes y por la noche frecuentaba los prostíbulos, en los que se dedicaba a observar a los hombres, amparada en su disfraz masculino. Fumaba kif y bebía alcohol, a pesar de haberse convertido a la religión islámica, y tuvo
numerosos amantes europeos, turcos y árabes. Con la misma pasión frecuentaría los bajos fondos de Argel y los lugares de
recogimiento y oración:

"¡Qué éxtasis! ¡Qué borracheras de amor bajo aquel sol ardiente! Mi naturaleza era también ardiente y la sangre me fluía con rapidez febril por mis venas inflamadas de pasión […] Unas veces era la embriaguez de mi alma en aquel país maravilloso, bajo aquel sol único y los sublimes vuelos del pensamiento hacia las regiones serenas de la especulación, otras veces los dulces éxtasis siempre preñados de melancolía, los éxtasis del arte, esa quintaesencia goce de goces".

Hacia 1899 se dedica a viajar por el Sahara. El descubrimiento estético se sublima en emociones amorosas y místicas. El país de los mares de arena será el lugar de su propio descubrimiento. Por un extraño efecto de retorno, allí donde la mirada sólo puede colgarse del horizonte, el viaje se hace interior: "El Ued [curso de agua en el desierto] me llegó como revelación de belleza visual y de profundo misterio, la toma de posesión de mi ser errante e inquieto por un aspecto de la tierra que no había sospechado". En ese oasis, en agosto de 1900, encontrará al hombre de su vida, Ehuni Slimène, un suboficial de las tropas indígenas que se convierte en su amante estable. Era miembro de una secta sufí, en la que Isabelle también se integra.

Su forma de ser, liberada y contestataria, molesta por igual a franceses y árabes, hasta el punto de que un beduino -supuestamente siguiendo órdenes de un ángel- intenta asesinarla a sablazos. Para el culpable, trabajos forzado a perpetuidad; para la víctima, una vez recuperada de sus heridas,la expulsión por alborotadora.

Exiliada en Marsella se dedica a escribir cuentos, aunque su obra literaria nunca tuvo gran repercusión. En esa ciudad se casa con Slimène y adquiere así la nacionalidad francesa, lo que le permite regresar a Argelia. Allí vuelve a las andadas: se traviste, bebe alcohol, fuma kif y se ve envuelta en peleas de taberna y en romances extramatrimoniales, pero compagina todo ello con una vida espiritual dedicada a visitar eremitas.

Trabaja como enviada especial para un semanario argentino bilingüe, siguiendo caravanas y convoyes militares. En 1903 se encuentra, en primera línea, en Aín Sefra, donde un conflicto de fronteras hace estragos entre Marruecos y Argelia. Sus artículos y análisis políticos defendiendo a los campesinos y atacando el colonialismo se recogen en diversos periódicos entre ellos Le Mercure de France.

Allí Isabelle comienza su amistad con el coronel Lyautey, futuro Mariscal de Francia, a quien servirá de intérprete, siempre envuelta entre los pliegues de su albornoz, calzada con botas de marroquín y cubierta con turbante, mientras afronta el caliente aliento del desierto, los accesos de fiebre y la debilidad de su salud, aquejada entre otros males de sífilis, malaria, tifus y paludismo, que la envejecieron prematuramente. De modo profético, escribe: "Dentro de un año, por estas fechas, ¿viviré todavía...? He llegado a la conclusión de que no hay que buscar la felicidad. Se la encuentra por el camino, aunque siempre en sentido contrario. La he reconocido muchas veces..."

De ella diría el general: “Era lo que más me atrae del mundo: una rebelde. Encontrar a alguien que sea verdaderamente ella misma, fuera de cualquier prejuicio, cualquier cliché, y que pase por la vida tan liberada de todo, cual pájaro en el espacio, sí que es un regalo… ¡Amaba ese prodigioso temperamento de artista y todo lo que en ella hacía sobresaltar a los notarios, caporales y mandarines de cualquier calaña!“

La aventura -como puede suceder en una novela- termina mal. El 21 de octubre de 1904, cuesta abajo de la montaña Mekter, las aguas furiosamente crecidas de los ríos Sefra y Mulen atraviesan la aldea de Aín Sefra anegándola. El ued se ha salido del lecho. La puerta de la choza de adobe y paja donde vive con su amado es invadida con violencia por el barro amarillento. Isabelle, con valor y fuerza, saca a su marido de la choza, regresa a por unos manuscritos y cuando trata de salir nuevamente, la casa se derrumba sobre ella y en esta ocasión "La Rebelde" no resiste esa avalancha. En el fárrago, tras el umbral, vestida de caballero árabe, su cuerpo yace inerte en el barro. Tenía 27 años.

Así la encontraron los militares que el general Lyautey mandó en su búsqueda. Junto a ella la casi totalidad de lo que había escrito. Una bolsa salvada de la crecida del río guardaba cuadernos, libros de notas y cartas. Cuatro cuadernos intactos -exceptuando lascubiertas descoloridas- forman lo que Isabelle llamaba "Mis diarios".

Sólo algunas novelas breves y los reportajes para los periódicos vieron la luz en vida de Isabelle. La gran mayoría de sus textos se publicaron tras su muerte, y aún están a la espera de recibir el reconocimiento que merecen.

RENAISSANCE

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23 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Una mujer fuera de serie, Ren. Un alma libre, pero es una pena que la misma rebeldía que las hace diferentes a esta clase de personas, sea la misma característica que acaba con la vida de ellas. Nunca consiguen "canalizar" ese espíritu rebelde y viven de forma caótica y desenfrenada..., y lastimosamente, así terminan. Un abrazo.

24 Agosto 2007 | 04:51 AM

Earendil

Earendil dijo

Saludos !!!

¡¡¡ qué gran mujer !!! Isabelle me ha sorprendido. Sólo había oído hablar de ella cuando comentaba Alberto Vázquez Figueroa sus viajes por el Sahara. Del resto, poco sabía, y es impresionante comprobar la pasión que transmitía en cada acto...

Como comentáis, es una lástima que vidas tan intensan sean un torbellino de decepciones, caos y duren tan poco tiempo...

Arrivederci !!!

24 Agosto 2007 | 09:22 AM

eric

eric dijo

¡Buf! menuda mujer y menudos 27 años.
Las personas que ponen los pelos de punta a los más "acomodados" siempre me han llamado la atención ( aunque demasiado estrés para mí;)) pero no estoy de acuerdo con Madeleine con eso de que su forma caótica y desenfrenada de vida acaba con ellos; fue una riada lo que la mató. Lo otro suena a "castigo".
No he oído nunca nada de ella; ha sido todo un descubrimiento. Como Hapte, intentaré buscar algo más. Gracias por darnos a conocerla, Ren.
Un besote.

24 Agosto 2007 | 09:43 AM

eltioantonio

eltioantonio dijo

Interesante, imagino las cosas que pudo ver y sentir haciendose pasar por hombre y así poder escribir con sentimientos masculinos, muy admirable toda una aventurera.

Saludos, muy bueno

24 Agosto 2007 | 11:54 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida ren, contigo siempre aprendemos cosas verdaderamente nuevas. Solamente por ello debemos agradecerte el que escribas y te podamos leer.

Y agradecer también esa recuperación de personalidades femeninas de las que los ignorantes conocemos poco o nada. La historia la hemos hecho los hombres y en ella hemos escrito lo que nos ha dado la gana, y está claro que la mitad de ella habrá quedado en el tintero.

Pero una vez dicho esto, es importante obviar que tu protagonista es una mujer, al menos para mí, solamente así no caeremos en el tópico fácil. Porque después de reconocer que ella debió de tener más dificultades que un hombre para hacer lo que hizo, ya está todo dicho y nada más hay que decir.

Lo importante es qué hizo y por qué.

Yo, la verdad, esta clase de personalidades “libres”, me ponen un poco nervioso. Creo intuir alguna impostura “básica”. Es difícil decirlo debido a que son muy seductoras, y a cualquiera de nosotros nos hubiese gustado tener una vida así, llena de aventuras y de amores sin responsabilidad y ataduras. Y además ser también un artista, escribir, pintar.

Naturalmente en ellas hay también mucho de verdad. En su rebeldía y en que sus actos ponen en evidencia muchas veces los nuestros, llenos de miedos y cobardías. Pero no sé, este tipo de personas acostumbran a ser egoístas y a dejar muchos cadáveres por el camino. Su exhuberancia y encanto esconde sus defectos, nos apabulla y ensombrece. Tienen la gran habilidad de viajar con poco equipaje, y la verdad, no sé, no me fio

De ella diría el general: “Era lo que más me atrae del mundo: una rebelde. Encontrar a alguien que sea verdaderamente ella misma, fuera de cualquier prejuicio, cualquier cliché, y que pase por la vida tan liberada de todo, cual pájaro en el espacio, sí que es un regalo… ¡Amaba ese prodigioso temperamento de artista y todo lo que en ella hacía sobresaltar a los notarios, caporales y mandarines de cualquier calaña!“
Esa es precisamente la descripción de alguien que a mí me haría inmediatamente desconfiar de ella.

Yo ya sé lo que quiere decir, lo que pretende señalar ese general. Pero yo desconfío inmediatamente de aquellas personas que para ser ellas mismas, primero deben “liberarse”, o bien, cómo a veces oímos o leemos, “sacar a la bestia que llevan dentro”

Nunca me he creído eso de “espíritus libres”.

No sé, creo que no me he explicado demasiado bien. ¿Tú, que opinas ren?, me gustaría mucho saber tú opinión sobre esa clase de personas, independientemente que sean hombres o mujeres, eso tanto da.

Besos.

24 Agosto 2007 | 05:34 PM

rincones

rincones dijo

No cabe duda de que Isabelle fue un personaje sumamente interesante, Hapte, que tuvo el valor de afrontar sus conflictos e intentar resolverlos, de enfrentarse a los convencionalismos en su convulsa búsqueda de la libertad y de intentar ser ella misma.

He estado buscando por internet obras suyas, o al menos fragmentos extensos, pero nada.. Pero soy mala buscadora, eso también vaya por delante.. :-) Quizás no haya nada de sus escritos traducido al español, pero si dominas más o menos el francés quizás puedas encargar en alguna librería al menos los "Écrits intimes", de la editorial Petite bibliotheque Payot, cuya portada abre este post.

Besotes, guapa.

25 Agosto 2007 | 01:58 PM

rincones

rincones dijo

En el caso de Isabelle quizás se pueda hablar no en realidad de un proceso de autodestrucción, Made, pero sí de una dejación de sí misma y de su salud que no podían conducirla a nada bueno. Sin embargo, yo no generalizaría... Las circunstancias tan especiales de esta mujer bien pudieron abocarla a una búsqueda personal que canalizó de forma anárquica, pero ha habido más mujeres (y hombres, por supuesto) que se salieron de las normas establecidas impulsadas por una rebeldía innata, por un ansia de libertad que les nacía de dentro, no por motivaciones tan complejas como las que movieron a Isabelle. Unas murieron jóvenes, vencidas por enfermedades como la disentería, la malaria y otras fáciles de contraer en determinados ambientes. Otras llegaron a una edad avanzada a pesar de los riesgos que inevitablemente conlleva este tipo de vida.

Como Eric, creo que ese ritmo caótico y desenfrenado no ha de acabar necesariamente en un final catastrófico. Eso sí, todo el que emprende ese camino conoce sus riesgos, y hay que tener mucho valor para arrostrarlos en busca de un bien tan etéreo como la libertad.

Besotes, princesa.

25 Agosto 2007 | 01:59 PM

rincones

rincones dijo

Como tú, Earendil, había tenido noticias de esta singular mujer a través de escritos de Vázquez Figueroa, y cuando me informé un poco más sobre ella me sorprendió al intensidad con que había vivido.

Su vida fue excesivamente corta, pero tengo la impresión por los pocos textos de ella a que he podido tener acceso de que tampoco ella esperaba que fuese mucho más larga de lo que fue. Hay personas que queman etapas demasiado rápido..

Bacci, Earendil.

25 Agosto 2007 | 02:00 PM

rincones

rincones dijo

A mí también me llaman la atención ese tipo de persona, Eric, y si te digo la verdad me encantan.. ;-) Imagino el ceño fruncido y la expresión muchas veces horrorizada de las autoridades francesas ante aquella mujer vestida de beduino, a caballo, fumando, bebiendo, discutiendo con los mullah, denunciando en sus artículos los abusos colonialistas..je.. Una piedra en el zapato. Incluso se ha barajado la posibilidad de que el atentado que sufrió no fuese en realidad consecuencia de la "visión" de un loco, sino encargado por las mismas autoridades.

Yo tampoco creo que el temprano fin que tuvo su vida caótica y desenfrenada fuese un castigo, sino algo previsible a lo que hay que arriesgarse si se quiere llegar hasta las últimas consecuencias en la búsqueda de esa libertad que se persigue.

Me alegra que te haya interesado la figura de esta mujer, Eric. Un besote.

25 Agosto 2007 | 02:00 PM

rincones

rincones dijo

Dejando aparte otras consideraciones como la infelicidad y la falta de ubicación que la condujeron a tierras exóticas y centrándonos únicamente en sus experiencias como aventurera, no cabe duda de que éstas debieron de ser fascinantes, Antonio. Toda una vida de novela..

Besos.

25 Agosto 2007 | 02:01 PM

rincones

rincones dijo

Llevas toda la razón, Pele, la Historia ha sido escrita tradicionalmente por hombres en un mundo de hombres, eso es un hecho incontrovertible, y me parece interesante sacar a la palestra las vidas y hechos de mujeres que lograron destacar en determinadas actividades en un entorno que a menudo les resultaba hostil por su condición femenina.

Pero no es un afán reivindicativo lo que me lleva a hacerlas asomar a la pantalla, sino el hecho de que sus historias me parecen fascinantes al tratarse en general de personas adelantadas a su tiempo. Lo mismo daría que fueran hombres, pero sí es cierto que la condición femenina de estas protagonistas y las dificultades anejas a dicha condición acentúa el mérito que pueda tener intrínsecamente la labor que realizaron. Esto es un hecho objetivo, y ahí me quedo. Todo lo que sea empezar a redundar y a hacer valoraciones a partir de aquí, desde luego sería caer en el tópico fácil. Y seguramente rondar un tipo de feminismo que no comparto.

Es indudable que personalidades del tipo de Isabelle Eberhardt resultan muy atractivas. ¿Quién no quisiera ser capaz en un momento determinado de liberarse de los lazos de todo tipo que oprimen, de dar carpetazo definitivo y procurar vivir de acuerdo a lo que verdaderamente nos pide el cuerpo? Trabajos en los que muchas veces no nos sentimos a gusto, plazos, hipotecas, familias con las que no congeniamos tanto como sería deseable, ciudades claustrofóbicas, prisas, frustraciones de todo tipo... No tenemos más que una vida, y raro es el que la vive siguiendo sus inclinaciones, sus deseos, sus verdaderas necesidades. ¿Cómo no caer en la tentación de admirar y envidiar a quienes tuvieron el suficiente valor, temeridad o locura, como quiera llamársele, para romper con todo y seguir los dictados de su corazón, para alcanzar esa utopía que llamamos libertad y que cuando vemos que alguien la roza parece resultar algo menos inalcanzable, más humano, incluso real..?

"Lo importante es qué hizo y por qué." Centrémonos en eso. Sí, Pele, esa es la clave, al menos en el caso de Isabelle. Ha habido otras mujeres viajeras a finales del XIX y principios del XX como Gertrude Bell, de vida igualmente apasionante, de la que se llegó a decir que actuó como espía al servicio de los ingleses en la Primera Guerra Mundial, arqueóloga, viajera infatigable a través de Oriente Medio. O Ella Maillart, la primera mujer en participar en los Juegos Olímpicos - concretamente en los de París- en deportes náuticos, que recorrió casi todo el mundo e hizo de su vida un verdadero canto a la aventura.

El caso de Isabelle era distinto. Una niña que se cría en un ambiente atípico, bajo una férrea disciplina moral e intelectual, asistiendo desde muy niña a tertulias-discusiones (incluso violentas) entre radicales, exaltados, conspiradores... Con una educación tan radicalmente igualitaria entre varones y hembras que ni siquiera pudo identificarse con el rol correspondiente a su sexo, con lo que eso conlleva de desestabilización a una edad tan temprana (con 16 años vestía de chico y cortaba leña en el jardín de su casa, como sus hermanos varones). Es sintomática no solo su costumbre de firmar sus cartas a amigos y después a sus hermanos, tras la diáspora familiar, con distintos seudónimos, tanto masculinos como femeninos, sino sobre todo la de hablar de sí misma en género masculino. No soy sicóloga, Pele, pero creo que podría tratarse de una chica con una marcada crisis de identidad, o al menos de personalidad.

Súmale a ese tipo de educación y a una estructuración familiar cuando menos atípca, un carácter tendente a la tristeza, a la depresión, a los frecuentes y extremos cambios de ánimo, patentes en fragmentos escritos por su propia mano como estos, extraídos de sus cartas y diarios:

"Estoy solo, como siempre he estado en todas partes, como lo estaré siempre en el gran universo, maravilloso y decepcionante"

""Slimène es el esposo ideal para mí, que estoy fatigado, cansado y harto de la soledad que me rodea"

" Lo que me hace más daño es la prodigiosa movilidad de mi naturaleza y la inestabilidad realmente desoladora de mis estados de ánimo, que se suceden unos a otros con rapidez inaudita. Eso me hace sufrir y no conozco otro remedio más que la muda contemplación de la naturaleza, lejos de los hombres, cara a cara con el gran Inconcebible, único refugio de las almas desamparadas […] Niña educada sin religión, en medio de la incredulidad y la desgracia, en el fondo de mi alma atribuyo la poca felicidad que me ha sobrevenido en la tierra sólo a la clemencia de Allah Misericordioso". Creo que este último párrafo es muy revelador...

Isabelle se refugió en la huida a otras tierras llenas de exotismo, en un misticismo casi fanático, en el alcohol (sus borracheras eran de antología), en el kif, el sexo... Busca en las soledades del desierto el contrapunto a su propia soledad, el bálsamo al dolor producido por la muerte de su madre, el posterior y casi seguido suicidio de su hermanastro Wladimir, la separación forzosa de su idolatrado hermanastro Agustín, que tuvo que enrolarse en la Legión Extranjera, y la posterior boda de este, que no llegó a superar...

¿Qué hizo Isabelle? Vivir como le dio la gana, cortar lazos con cualquier tipo de convencionalismo y dejarse llevar por sus inclinaciones. Y eso es lo admirable en ella, su valor para escoger la libertad. ¿Por qué lo hizo? No solo impulsada por su amor a la aventura, como las otras mujeres que he citado un poco más arriba, sino por la necesidad perentoria de cubrir sus carencias, su soledad, su desubicación...

No creo que dejara en el camino más cadáveres que el suyo propio. Y, si me apuras, quizás en su interior es lo que iba buscando. Si pensamos como víctima en su marido, al que tantas veces engañó con otros hombres, la cosa fue recíproca porque él también tuvo sus aventuras extramaritales.

Conociendo la infancia y primera juventud de Isabelle diría que fue un espíritu preso de sí misma por las circunstancias en que se desarrollaron sus primeros años de vida y por su particular tendencia a la melancolía y a la tristeza, un espíritu preso que buscó incansablemente ser un espíritu libre.

Ahora bien, en el caso que citas, el de las personas (hombres o mujeres, lo mismo da) que afirman que para ser ellas mismas primero deben “liberarse”, o bien “sacar a la bestia que llevan dentro”, la casuística es de lo más variada. En mi opinión, que es lo que deseabas saber, existen desde personas como Isabelle, marcadas por unas circunstancias vivenciales y personales, que realmente necesitan liberarse de una serie de secuelas arrastradas desde su infancia, hasta quien adopta un rol híbrido de "romántico" papel de heroína de folletín del XIX con pobre e incomprendido pollito Calimero. Sí que hay quien tiene mucho de qué liberarse. Y también quien se forja una personalidad paralela que le resulta sumamente atrayente adoptar, y que además se la cree. Evidentemente estamos hablando de personas con una inestabilidad emocional más o menos marcada, según el caso, incluso con una personalidad yo diría que histriónica. Y en este caso, sí estoy de acuerdo contigo en que suelen ser egoístas y dejar cadáveres en el camino, sacrificados en el ara de esa realización personal que buscan y que para ellos es prioritaria, aunque tengan que pasar por encima de los demás.

Si te digo la verdad, creo que éstas últimas son aún más desgraciadas que las que realmente han tenido motivos en sus vidas para necesitar esa liberación buscada con tanto ahínco, porque el reguero de cadáveres que van dejando asusta y aleja a los viandantes que pasan cerca, y al final termina quedándose absolutamente solas. Y lo peor es que no llegan a entender por qué esa soledad, y continúan sintiéndose víctimas de la incomprensión e incluso del egoísmo ajeno.

Perdona la excesiva extensión de esta respuesta, querido Pele, pero se me dispararon los dedos sobre el teclado.. :-)

Un beso grandote.

25 Agosto 2007 | 02:15 PM

azul

azul dijo

Creía que los aventureros solo existían en las novelas y en las películas, pero está claro que existen de verdad.

25 Agosto 2007 | 07:06 PM

ottoottotre

ottoottotre dijo

Hola Ren, solo pasaba a saludarte ya que ya he regresado de mis vacaciones. Con más timepo me pongo al día en cuanto a lectura de pots.

Un beso

25 Agosto 2007 | 07:10 PM

rincones

rincones dijo

Sí, Azul, existen de verdad los aventureros, y a veces es cierto que la realidad supera la ficción. La historia de esta mujer europea que se disfrazaba de hombre magrebí y pasaba por tal , que participaba en la peleas y ligaba a saco podría despertar hasta la sonrisa si la vièramos en un cine, seguramente pensaríamos que hay que ver la fantasía que tiene el guionista. Y ya ves..

Besotes aventureros.

25 Agosto 2007 | 10:13 PM

rincones

rincones dijo

¡Eiiiiiiiii, Otto!! Qué alegría verte de nuevo... ¿Descansadito de estas vacaciones? No te esperaba hasta la semana próxima, así que doble alegría.

Besos enormes, y bienvenido.

25 Agosto 2007 | 10:15 PM

diasazules

diasazules dijo

Es impresionante lo que cuentas de esta mujer.
27 años de vida y parecen cientos.
Resulta extraño que convirtiendose al Islan tenga una vida tan liberal y agitada.

27 Agosto 2007 | 09:34 AM

Crazy Mary

Crazy Mary dijo

Me encanta aprender contigo...Tanto el post como los comentarios son clases magistrales, en este caso sobre esta mujer, Isabelle. Desde fuera, y visto con el paso del tiempo, su vida nos parece fascinante. Sólo me cabe una duda ¿ella fue feliz?...Y la verdad, no sé que responderme.
Muchos besos, maestra Ren.

27 Agosto 2007 | 11:37 AM

ottoottotre

ottoottotre dijo

el otro día entre a saludarte. Hoy por fin he podido leer el post. Como siempre me ha impresionado lo que cuentas de esa mujer. También como siempre me impresiona el debate que se abre con los comentarios. Como dices según creemos la historia la ha escrito los hombres. Bueno, el otro día paseando por el Louvre mi pareja me dijo que de seguro que alguna pintura firmada por algún nombre masculino estaba pintada por alguna mujer. No le dí importancia en ese momento y ahora llego aqui y me encuentro con este post. Y me hace pensar que seguro que muchas cosas firmadas por hombres son en realidad obras de mujeres. No me refiero a las ya conocidas sino a las que nunca podremos averiguar.
en fin que me encanto saber más de esa gran mujer.

Un beso

28 Agosto 2007 | 12:18 PM

rincones

rincones dijo

Lleváis mucha razón tu pareja y tú, Otto. Hay casos archiconocidos de ese tipo, pero seguro que existen muchísimos más de los que jamás tendremos noticias. Por suerte, hace mucho tiempo que ese tipo de injusticia pasó a la historia...

Me alegra muchísimo que te haya gustado el post,cielote. Un beso.

29 Agosto 2007 | 09:05 PM

rincones

rincones dijo

Ella fue una mujer extraña, Días, tomó de la vida lo que quiso y dejó aparte todo tipo de convencionalismos y de reglas, incluidas las del Islam. Yo creo que lo único que buscó en este fue una manera de llenar uno de los múltiples vacíos que sentía en su interior, el de la espiritualidad, y que en absoluto tomó nada más de esa religión.

Besos.

29 Agosto 2007 | 09:08 PM

rincones

rincones dijo

Estoy segura de que no fue feliz, Crazy, al menos por lo que puedo deducir de los pocos textos escritos por ella a que he tenido acceso. Buscar y conseguir placer no es sinónimo de felicidad, y de su desenfrenada vida pudo obtener mucho placer, pero no felicidad porque su búsqueda iba mucho más allá de eso.

Besos, guapa.

29 Agosto 2007 | 09:11 PM

rincones

rincones dijo

Estoy segura de que no fue feliz, Crazy, al menos por lo que puedo deducir de los pocos textos escritos por ella a que he tenido acceso. Buscar y conseguir placer no es sinónimo de felicidad, y de su desenfrenada vida pudo obtener mucho placer, pero no felicidad, porque su búsqueda iba mucho más allá de eso.

Besos, guapa.

29 Agosto 2007 | 09:11 PM

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Sobre mí

Realmente somos dos personas en esta sección. Un grancanario, EUDLF, y una sevillana, RENAISSANCE. La idea de publicar un blog conjuntamente viene de nuestra inquietud por expresar ideas, cuanto menos, curiosas en un crisol de chispas.

Lo más extraño es que jamás nos hemos visto en persona. Pero la amistad ha crecido en nuestros momentos más duros y dolorosos. Valga como brindis nuestra aportación al mundo de las letras, los sentimientos y nuestra esperanza de que el ser humano es un espíritu sin fronteras.


(How to tell stories. De Sebastian Holmer).

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