LA MARINA DE ZU MAMÁ

La Marina de zu mamá es celosa, celosa como un Otelo. No soporta la competencia de su hermano. Y a él, que lo sabe, le falta tiempo para hacerla rabiar de vez en cuando con eso. Hace un rato se ha acercado a mí, me ha dado un abrazo de oso y me ha preguntado en voz bien alta, no fuera a ser que la niña se perdiera ni una vocal:
- ¿A quién quieres más, madre, a Marina o a mí?
He mirado de reojo a la enana, que, con el ceño fruncido, clavaba en nosotros sus ojos entornados hasta el punto de parecer solo dos rajitas en su rostro. Y como mi hijo es como es porque tiene a quién salir, he respondido:
- A ti.
Eso no era una niña, era el león de la Metro (Goldwin Mayer) con melena rubiasca y revuelta incluida. Rugió.
- ¿A él? ¿A él?- ha preguntado escupiendo despacio las palabras.
Mi expresión al responderle nada tenía que envidiar a la de la esfinge:
- Claro, es tu hermano y lo quiero mucho.
El silencio que siguió a mis palabras se podía cortar con un cuchillo hasta sin afilar.
- Muy bien, quédate con él, yo me quedo con mi ciriaubrio - ha respondido con la dignidad ofendida de una reina, abrazándose más fuerte aún a su dinosaurio de tela.
- Y que zepas que mañana le diré a Carloz que me haga otro tutuaje en mi manita con su tolulador- ha añadido, desafiante.
- ¿Otro tatuaje con ese rotulador de tinta casi indeleble? Sabes que no me gusta que llegues a casa pinturreada como un sioux, y menos aún tener que recurrir poco menos que a un láser para borrar ese dichoso rotulador de tu amigo.
- A Marina le uzta, y ez mi puerpo- responde, desafiante.
- A Marina le gustará todo lo que quiera, pero a la madre de Marina no, y la madre de Marina aún sigue mandando sobre tu cuerpo. Cuer-po, a ver, dilo bien. Cuer-po....
- Cu-puer-po - repite sin demasiada convicción.
- Cuer-po, Marina, cuer-po...
- Cuuu...puer-po..
Decido dejarlo estar. Por ahora, en la batalla campal que mi hija mantiene con la pronunciación de la lengua española el tanteo está claro: pronunciación - 1, Marina - 0.
- Zí, hija, zí, cu-puer-po, vale - sonrío, remedando su ceceo contumaz.
- Hablaz mal, mamá, no es "zí", es "Zííí" -me reprende, haciendo mucho énfasis en la "i"- A ver, repite conmigo: "Zííí"...
- Zííí...
Con un gesto de impaciencia insiste:
- Que no, "zííí" no, es "ZÍÍÍ"....
- Sííí...
-¡Ahora zí! - exclama triunfalmente. Su lengua será de trapo, pero tiene un oído finísimo, y distingue perfectamente una palabra bien pronunciada de la que no lo está.
Mejor vuelvo al tema que me ocupa y preocupa en estos momentos.
- Pero vamos a ver, ¿por qué tienes que permitirle a Carlos que te pintarrajee la mano?
- Porque ez mi novio- responde en tono triunfal, y con una suave sonrisa bailándole tontamente en los labios.
- ¿Tu novioooooooooooo? pero, ¿qué estás diciendo? Las niñas de 4 años no tienen novios, no sabes ni lo que es eso.
- Zí tengo novio, pero no me da muzitoz en la boca. A Andrez y a María Bériz zí ze los da, y a Dezi, y a Daniela, pero a Marina no.
Empiezo a pensar que mi hija sí que tiene cierta idea de lo que son los novios. Y también que mi "yerno" es un jovencito muy liberal, y un poquito promiscuo, sí... Bueno, al menos, respeta a mi hija, aún no le da besitos en la boca.
¿O es que no la quiere...?
Sacudo la cabeza, me temo que empiezo ya a desvariar. Aún es demasiado pronto para empezar a preocuparme por los asuntos sentimentales de una niña de 4 años. Creo...
- Pero vamos a ver, ¿no es Carlos ese que te dice fea y tonta cada dos por tres?
- Zí. También me dice que miz zapatos zon feos, y mis vaqueroz, y mi coleta.
- ¿Y tú qué le contestas?
- Que él ez muy guapo- responde de nuevo con esa sonrisa bobalicona en los labios y un tono, más que dulce, empalagoso.
Se me escapa un suspiro. Mi hija es guerrillera y reivindicativa, no transige por un paso mal dado con ninguno de sus compañeros, y cuando alguno la empuja o la insulta rápidamente le para los pies, si hace falta usando la fuerza bruta. Y a fe que tiene fuerza. Y que puede llegar a ser muy bruta... Ella y su fuerza. Pero ese niño la tiene hechizada, no cabe otra explicación.
- Mira, Marina, por muy guapo que sea no le vas a consentir que te pinturree, y menos con ese rotulador que luego no hay quien quite. No te lo permito, empiezo a estar cansada de que encuentres justificación a todas tus travesuras porque también las hace Carlos. No señorita, no te va a "tutuar" la mano porque lo digo yo. Y entérate de que también estoy harta de que me llegues a casa todos los días con el pelo rebozado en tierra del patio de recreo.
- Ez que él quiereeeeee... - medio me lloriquea, como queriéndome dar a entender que hay que rendirse ante lo inevitable. Y eso ya empieza a hacerme enfadar.
- Pues yo te he dicho que no, que no le puedes consentir esas cosas, es que no te lo permito, vamos. He dicho que no y es que no. A ver, ¿en casa quién manda?
- Carloz - afirma con tono tajante.
Me quedan tres salidas: soltarle una perorata, incluso con ribetes feministas, explicándole que una mujer ha de darse a valer, castigarla a su silla a pensar en que lo último que estoy dispuesta a soportar es un yerno despótico y machista, o cambiar de tema. Teniendo en cuenta que aún me queda toda su adolescencia por delante y es conveniente ahorrar energías para entonces, decido cambiar de tema, no sin lanzarle antes un pequeño dardo envenenado.
- Ya le diré yo a Virginia que vigile a ese Carlos cuando estáis en el recreo...
Marina me mira, rencorosa.
- Me da igual, Mirginia ez mi amiga.
"Mirginia", hasta hace poco "Piña" en idioma "mariniano", es la guardia de seguridad del colegio, una mujer alta, grande, con un corazón más alto y más grande aún, y que adora a los niños. Debe de ser porque ella aún no los tiene; cuando se le llene la casa de ellos seguramente ya no será tan comprensiva con las diabluras de los pequeños Terminaitors de que está rodeada en el colegio. Por Marina siente pasión - totalmente correspondida por mi hija -, y se muere de risa cuando el director llama a ésta a su despacho (el famoso "pacho Pepe") por alguna travesura y, tras la bronca correspondiente, Marina se echa a llorar y ablanda el corazón del "boss", que se apresura a consolarla y a rebajar la "condena". Porque Marina es una manipuladora nata... Tan jovencita y ya ha aprendido a llorar a voluntad. Solo ha de apretar fuertemente los ojos y empiezan a manar de ellos lágrimas como puños. Y luego se ríe, claro. Yo lo sé, Virginia también. Pepe, el director, no.
- Sí, decididamente es tu amiga. ¿Sabes qué ha dicho? Que fuiste la que mejor bailó en la función de fin de curso. Lo hiciste muy bien, hija.
De verdad que no es pasión de madre, palabrita del Niño Jesús que no, pero Virginia llevaba razón, yo lo vi con estos ojitos: no hubo una niña en toda su clase que bailase con más gracia y más empeño, ni que resultase más guapa con su camiseta y falda de vuelo turquesa y sus gomas en las muñecas de las que pendían largas cintas multicolores. Estuvo pa comérsela.
- Me guztó la purción. ¿Mañana guando vaya al cole hay máz?
-No, hija, mañana cuando vayas al cole no hay función, solo era hoy.
-Por la purpa de Carloz, zeguro, ze portó muy mal en el comedor guando eztábamos comiendo. Ziempre ze porta muy mal- refunfuña enfadada, ante la perspectiva de tener que estar el último día de clase sentada en su silla en el aula en vez de saltando y brincando como una cabra, que es lo suyo. Se ve que los amores no son suficiente para compensar su perentoria necesidad de gastar energías, y su odio africano a permanecer en la misma posición más de cinco minutos.
- No, esta vez no ha sido por culpa de Carlos, es que esa función solo se hace una vez, antes de las vacaciones. Anda, recoge del suelo tu girándula y el dinosaurio, llévalos a su sitio y te daré un helado, que hoy te lo ganaste por lo bien que has bailado.
Visto y no visto; como una "estrella jugal", que dice ella, o sea, fugaz, sale de estampida con los dos juguetes, los guarda y llega a la cocina pocos segundos después que yo.
- Ya guardé la andindurunda y el ciriaubrio, ¿y mi heladito?
Le extiendo uno, lo coge, le quita con extrema habilidad el envoltorio, que le quito rápidamente de las manos antes de que haga confetti con él - una verdadera pulsión en ella cada vez que se adueña de un papel -, le da un mordisco, lo saborea y me mira con ojitos de carnero degollado.
- Mmmmm... Qué ricooooooooooo... Gracias, mamá, erez muy precioza, muy preciozízima.
Y yo me derrito antes que el helado, que terminará chorreándole por la comisura de los labios y por la camiseta, inevitablemente.
- Así que " muy preciozízima", ¿ehhhhh..?- sonrío. Y afirma que sí muy convencida con la cabeza, con un enorme bigote blanco sobre el labio superior y la boca llena de helado.
Es lo bueno de tener una hija pequeña. Mi hijo ya no me dice estas cosas, hace mucho que se le cayó la venda de los ojos. Pero la Marina de zu mamá todavía la tendrá puesta algún que otro añito más.




Madeleine De Cubas dijo
Ja, ja, Ren, qué gracioso y tierno este post. Mmmm..., a quién se me parece la "Marina de zu mamá"? A quién..., a quién por Dios. Ah! ya sé, me da la impresión de que la "Marina de zu mamá" es un copy cat de la madre??? Qué dices, Ren? Apuesto a que sí. Si eso es con cuatro años, con 15 más arrolla al mundo, y olé!!!! Mil gracias por las sonrisas. Eres tan afortunada..., bueno, y Marina también!!! Besos.
25 Junio 2008 | 04:25 AM