La Coctelera

rincones

11 Agosto 2008

EL PRÍNCIPE

"El Príncipe " parte de un cuento corto que el-Peletero, amigo personal y de esta casa, tuvo la gentileza de regalarme hace algún tiempo. Aunque me dio plena libertad para que hiciese las modificaciones que considerase oportunas, al final no han llegado a ser muchas.


Gracias, Pele.


Este cuento es real como la vida, no se trata de ninguna ficción y tampoco es ninguna invención, los hechos son ciertos y ocurrieron tal y como os los voy a contar. Así me los contó un anciano que hallé en una vieja casa de un viejo país.

Un anciano que al contarme el cuento cantaba y al cantar lloraba, y su pena parecía viento y lluvia. Parecía triste y algo loco, roca lisa y pulida, parecía un tronco caído con incrustaciones del tiempo, con caracoles y musgos, con sapos y ratones de cola pelada y ardillas de cola peluda comiendo piñones, rápidas y simpáticas. Era viejo y tenía esquejes verdes, infantiles, parecía una ballena con conchas y perlas pegadas en el morro, en sus labios viejos, en su boca cansada de cantarle al cielo, al mar y a la rosa.

Así cantó:

En el corazón de un continente perdido había un gran reino del que no diré el nombre. Tenía valles y altas montañas, mesetas y selvas y estaba bañado por los dos grandes océanos del mundo.

Su Reina, pues reina tenía, era de una belleza indescriptible; todos los poetas habían intentado reflejarla y cantarla en odas y poemas en su honor, pero la palabra más eufónica, el verso más inspirado, amarilleaban y se inclinaban como flores marchitas ante la extraordinaria y lejana hermosura de la soberana. Ningún bardo consiguió nunca completar un solo poema inspirado en aquella belleza inefable.

La Reina había tenido esposo, según ella un pedazo de piedra tosca y sin pulir, sin forma y con tendencia a convertirse en arena primero y en polvo después. Piedra, tierra, polvo, humo, nada... Año tras año, la carne tibia de la Reina, su corazón palpitante, la lava ardiente que le circulaba por las venas, se fueron enfriando y endureciendo al contacto con la abúlica y helada roca, convirtiéndose en cenizas, en barro pétreo, frígido e inerme.

La única vida que pudo extraer de aquella fea piedra poco antes de repudiarla fue el varón que parió, un varón tan bello como si de ella Michelangelo di Lodovico Buonarroti Simoni hubiera extraído con trépanos y cinceles otro David de cabellos negros.

Una vez al año La Reina Oscura, así la llamaban algunos, la Dueña del Mundo, así la llamaban otros, recibía en audiencia al pueblo que gobernaba. Sentada en su trono de oro, vestida con pieles de ocelote y plumas de cóndor, recibía el sometimiento de su pueblo. Todos hincaban la rodilla en el suelo y bajaban la cabeza ante ella, tapándose los ojos con las manos en señal de respeto y sumisión. Ella, hierática, dejaba sobrevolar la mirada fría y distante sobre sus súbditos durante toda la ceremonia. Al ver su porte regio, orgulloso, de diosa descendida a la Tierra, nadie hubiera supuesto lo mucho que le pesaban aquellas pieles y aquellas plumas, que no lograban atemperar el frío de su corazón. A veces, ni el de su piel.

Así era cada año en el solsticio de invierno, siempre igual, el ritual era perpetuamente el mismo, nada variaba, nada cambiaba. Si acaso, la soledad de la reina, que cada año era más sola. Su cansancio.

Hasta que en una de aquellas audiencias…

Alguien no se arrodilló, se mantuvo en pie, mirándola desafiante, orgulloso y valiente, presuntuoso y decidido. No apartaba sus ojos morenos de los de la Soberana. Era un muchacho joven, vestido con pobres y míseras pieles de cordero, era un pastor que ni rebaño tenía, solamente lo acompañaba un perro, su único amigo, un perro que respondía al nombre de Sirio, el perro de Orión.

Los soldados, ante tamaña osadía, quisieron apresarlo y hacerle cumplir el ritual de humillación. Pero la Reina los detuvo.

- ¡Esperad! - les dijo. Sus airados ojos, helados carbones encendidos, se clavaron con fijeza en el muchacho, y dirigiéndose a él le preguntó con su voz atronadora, con esa voz que solamente las verdaderas Reinas pueden pronunciar, con esa voz desafiante, que por sí sola ya mata:

- ¿Qué quieres?

El pastor ni se inmutó. Tranquilo, siguió mirándola despacioso, reposado. Lentamente en su rostro se iba formando una leve sonrisa, apenas un rictus, hasta que al final ya enseñaba la dulzura de sus dientes blancos. Entonces levantó su brazo derecho, estirado, y con su índice la señaló. Señaló a la Reina, a la Dueña del Mundo, a la Soberana del Cielo y de la Tierra, y dijo con una voz suave, casi como cantando, que todos oyeron:

- Te quiero a ti.

Un murmullo apagado se elevó entre las gentes allí reunidas , pero nadie, ni siquiera la Reina, osó decir nada. Desde algún rincón de aquella enorme explanada empezó a sonar una música lánguida y triste, ninguno sabía quién la interpretaba ni de dónde salía, pero se oía con claridad. Sirio se mantenía quieto y tranquilo, meneando mansamente su cola, sentado al lado de su dueño, mientras el pastor continuaba señalando a la Reina con su dedo y su brazo estirado.

Ella se levantó lenta, muy lentamente de su trono, sin desprender su mirada de él, y avanzó unos pasos. El pastor no se movió un ápice, sus labios dibujaban una sonrisa tan cálida y retadora como la que titilaba en la hondura de sus pupilas, que no se apartaban de las de la Soberana. Todo se había borrado de la faz de la tierra, todo menos la mirada soleada de aquel joven, que iba derritiendo el invierno de sus ojos de reina sola y fría, deshelando arroyos, licuando y calentando de nuevo la sangre de sus venas. Latió el canto de los pájaros de mayo en su pecho, y su carne volvió a ser valle florido.

Tales eran el silencio y la inmovilidad de la reina, en pie frente al joven, mirándolo fijamente, que todo el mundo estaba estupefacto y expectante, pensando ya cuál sería la forma en que decidiría matar a aquel osado. Pero lo que sucedió fue que esa Reina empezó a despojarse despaciosamente de sus ricos vestidos, hasta quedar completamente desnuda delante de todos sus súbditos. Y así pudieron ver por primera vez, aunque fuera de reojo, a la mujer que había debajo de ellos.

Esa mujer, ya Reina de nada, bajó majestuosa las escaleras del atrio, y tal cual había llegado al mundo, fue caminando por entre la muchedumbre hasta llegar donde se hallaba el pastor.

Ella tomó su mano y él la cubrió con un manto limpio y blanco de algodón que llevaba guardado en su bolsa de viaje.Y así, caminando juntos, los dos se marcharon de allí seguidos por Sirio, que, contento, ladró.

Para mi Dama oscura

La señora de mi libertad no es ni de sí misma esclava.
Por eso mi cuerpo os señala
con el dedo que no es de ninguna mano,
pues todo él, mi cuerpo, mano es de un solo dedo,
ése que fuente es y de la que leche mana,
de la que podéis beber si vos queréis,
y así, con ese beso, permitirme existir,
pues eso ansío, más que vivir,
morir de ésa que es mi Dama,
de su boca y de su herida,
dándole yo, a través de mi dedo
de lord y de fauno viejo,
mi amor, mi alma y mi… vida.

Para mi Caballero


Por eso, porque la Dama no es ni de sí misma esclava,
se dará libremente a sí misma como geisha.
Arrodillada pero erguida ofrecerá gentil a su señor, que nunca lo será,
la suavidad de su piel, de su canto, de su sonrisa.
Grácil, delicada, tañerá todos los instrumentos,
le franqueará las puertas de su jardín de las delicias,
beberá y permitirá que él beba de sus fuentes
llevándolo a una pequeña muerte dulce, blanca muerte de azucenas,
haciéndolo florecer entre amapolas rojas,
calmando así su sed y sus ansias.
Le hará sentirse dios y hombre, pisar el cielo y la tierra.
La geisha no tiene más dueña que ella misma,
suyas son su alma, su amor y su vida,
por eso no puede hacer mejor regalo a su señor
- que nunca lo será sino su igual-
que... la misma geisha. Su libertad.
___________________________________

Exactamente el día del solsticio de invierno del siguiente año la Reina volvió a palacio, esta vez cubierta solo con la enorme piel mal curtida de un lobo. Lo había matado con sus propias manos, decían sus cortesanos. La amargura que ahora endurecía sus rasgos no restaba un ápice a la belleza cuya fama había trascendido todos los confines del reino. Sin pronunciar una sola palabra avanzó hacia el trono, se despojó ante todos del manto de lobo que la cubría y, desnuda, como aquella vez que renunciara a su reino, pidió con un sencillo gesto de su mano que le trajeran sus antiguos vestidos.

Sedas, terciopelos, pieles de ocelote y plumas de cóndor cubrieron de nuevo aquel hermoso cuerpo sin ser capaces de aportarle la más mínima calidez. Indicó al chambelán que abriera las puertas de palacio para iniciar la tradicional audiencia de esa fecha con el pueblo, que se agolpaba impaciente ante aquellas puertas deseoso de entrar, pues ya había corrido por todas partes la voz de que la Reina había regresado.

Sentada en el trono de oro, su porte era tan regio y su mirada se sobre elevaba tan fría y distante sobre ante sus súbditos, postrados y sumisos, que enseguida todos olvidaron que la habían visto desnuda, pues bien es sabido que las verdaderas Reinas jamás lo están.

Cuentan los que saben de estas cosas que el corazón de la reina se convirtió definitivamente en piedra, sus ojos en hielo, y que su hermosa piel adquirió la palidez de una muerta. Cuentan también que, aunque las estaciones se iban sucediendo en todo el reino, el palacio despedía siempre un helor que hacía temblar de frío y miedo a quienes se acercaban y lo visitaban. Así mismo, sus chambelanes y ministros dicen que vieron a la Dueña del Mundo estremecerse aterida bajo sus pieles aun en pleno verano, y que sus plumas de cóndor la encadenaban como una vulgar esclava a su trono de oro. Sus verdugos también nos narran con temor, que ni por un momento llegó a temblarle la voz cuando tuvo que ordenar matar a cuantos osaron pedir su mano.

Sin embargo el misterio, si es que tal cosa había, no era ella ni su conducta extraña. El misterio siempre fue aquel pequeño pastor que todos empezaron a llamar “El Príncipe”, aquel joven al que acompañaba un perro y que nadie nunca más volvió a ver.

"¿Qué fue de él?", le pregunté al anciano que me contaba cantando el cuento.

"¿Él?, no sé, murió, creo. Yo tampoco lo sé, pero me gusta pensar que en su muerte Sirio lo veló, hasta que el hambre y la pena también lo mataron a él."
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A mí también me gusta pensar que fue así, que el pastor tuvo quien le acompañara hasta el final.


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23 comentarios · Escribe aquí tu comentario

el-peletero

el-peletero dijo

Gràcies, Ampar.

Petons.

11 Agosto 2008 | 01:44 PM

rincones

rincones dijo

Gràcies a tú, Pele, por haberme regalado una historia tan hermosa sin condiciones, para que yo la modificase como quisiera, y por haberme permitido hacerlo a mi modo.

Petons, i una fort abraçada.

11 Agosto 2008 | 01:58 PM

earendil

earendil dijo

Saludos Ren !

Es una narración fascinante, cargada de romanticismo, de Belleza, de Amor...

Gracias a ambos por esta historia...

Arrivederci !

11 Agosto 2008 | 05:15 PM

eric

eric dijo

Enigmática historia. Me ha gustado.

Un besote.

11 Agosto 2008 | 07:00 PM

mantis_religiosa

mantis_religiosa dijo

Mañana vengo a comentar este cuento pero que sepáis todos que no me gusta que se maten lobos... no me gusta ni un pelo.
¿Es que no hay ningún lobo eterno? coñe, alguno habrá por algún sitio, cachis!!

Un besote guapa

11 Agosto 2008 | 08:07 PM

mantis_religiosa

mantis_religiosa dijo

P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt">Es un cuento precioso aunque no me guste el final.... ya sabes que soy muy romántica y soñadora y hubiera preferido que ella no matara al lobo, y que el amor durara para siempre, pero... así es la vida.

Pele ha dejado plantada una buena semilla en este cuento que tú, Ren, has sabido mimar y regar hasta hacerla germinar en un fantástico relato.

Intento quedarme con lo positivo de él... y por lo menos la reina durante un año pudo sentir todo esto...

Todo se había borrado de la faz de la tierra, todo menos la mirada soleada de aquel joven, que iba derritiendo el invierno de sus ojos de reina sola y fría, deshelando arroyos, licuando y calentando de nuevo la sangre de sus venas. Latió el canto de los pájaros de mayo en su pecho, y su carne volvió a ser valle florido.

Sí, se acabó el amor y volvió a su estado inicial, un auténtico iceberg abatido por el desamor y el desencanto, pero... por lo menos lo intentó, renunció a esas pieles que no la hacían feliz y escogió cubrirse con un paño de algodón, durante un tiempo sintió el calor de su sangre, algo es algo...

Un beso Ren

P.D: Pele, yo no me escandalizo porque se maten lobos... me apena que se mate y muera el amor...

12 Agosto 2008 | 12:32 PM

Miss Hate

Miss Hate dijo

Todos odiamos algo. Compártelo:

www.comoteodio.blogspot.es

12 Agosto 2008 | 06:42 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

La página luce extrañísima, Ren y por lo tanto antes de lanzarme a hacer un comentario sobre este hermoso relato, hago un ensayo.

12 Agosto 2008 | 10:35 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Gracias a los dos por un cuento precioso y bastante cercano a la realidad de muchas parejas. La reina, infeliz en su palacio y agobiada y fría debajo de sus plumas y su pedrería encuentra por fin un hombre, un humilde pastor que no se arrodilla ante su poder y su increíble belleza. Alguien que la quiere por ella misma, que la quiere libre y desnuda, sin ornamentos tal y como era ella. Y la reina humanizada por fin, se despoja de sus vestiduras, renuncia a su reino, y sigue aparentemente deslumbrada al pastor. Pero me parece que el enamoramiento le duró poco, porque todo en esta vida tiene un precio y existen además riesgos que hay que asumir, y a ella le faltó el valor que se precisaba para ello. Me parece que "mató al tigre", en este caso al lobo, y se asustó con la piel. Me luce que le fue mejor al pastor, que por lo menos sabía lo que quería y tenía a Sirio que le fue leal hasta su muerte. Muy buena historia. Gracias y besos para los dos.

12 Agosto 2008 | 10:51 PM

Mantis

Mantis dijo

Shhhhh... yo sé porque se ve raro este post Ren. Es por las imágenes, si las reduces un pelín, se verá normal ;-) lo digo por experiencia propia...

Besos

P.D: La temperatura es agradable, unos 23ºC y hoy ya no llueve, otra cosita es...

13 Agosto 2008 | 09:44 AM

rincones

rincones dijo

Gracias a ti, Earendil, me alegro de que te haya gustado el cuento. En justicia he de decir que el mérito, casi en su totalidad, recae sobre Peletero, pues suya es la idea central de la historia y buena parte de su desarrollo, así como la belleza que supo imprimirle.

Baci.

14 Agosto 2008 | 11:58 AM

rincones

rincones dijo

Sí, Eric, la historia resulta enigmática, como en cierta forma lo son todas o casi todas las que hablan de amores fallidos. En algún momento, lo que se inició como un amor que desafiaría el tiempo y los obstáculos termina por romperse, y la mayoría de las veces ninguno de los dos llega a saber qué falló exactamente. Solo que aquel sentimiento que se presumía eterno en sus comienzos tenía fecha de caducidad.

Un besote.

14 Agosto 2008 | 11:59 AM

rincones

rincones dijo

La única culpable de ese final desgraciado soy yo,
Mantis, lo confieso, esta vez la gruñona he sido yo. ;-)

El cuento, tal cual Pele me lo regaló , terminaba felizmente; era un símbolo de cómo el amor puede triunfar sobre los mayores obstáculos. Pero el "The End" de los cuentos y de las películas románticas solo es "The Beginning", el comienzo de la vida en común de una pareja, y ya se sabe lo que trae la convivencia. No siempre se pueden superar los roces que conlleva, ni siquiera los amores de los cuentos, que de esos también los hay en la vida real. O sencillamente es que ese amor no es viable, y hay que matarlo, como ella terminará matando al lobo.

La reina fue valiente, renunció a su reino por un simple pastor porque supo ver que bajo aquellas pobres ropas había en realidad un verdadero príncipe. Un príncipe más príncipe que todos los que había conocido ataviados con ricos ropajes y dueños de grandes y poderosos reinos, y lo abandonó todo por él. Eso dice mucho de la reina, no todas están dispuestas a dejar lujos y poder por amor.

Durante un tiempo ese amor existió; los dos poemas muestran los sentimientos que ambos se profesaban, la manera en que uno se entregaba al otro, pero eso no fue bastante para mantenerlos unidos. ¿Qué pasó? No se sabe, y tampoco importa realmente , la cuestión es que ella termina por despojarse del paño de algodón que durante un año logró aportar calor a su cuerpo y a su corazón y vuelve a vestir pieles. La primera, la del lobo que mató. Que sepamos, es la segunda vez que sufre un desengaño amoroso, puede que haya habido otros antes, y ya no se siente con fuerzas para soportar ni uno más. Mata su amor, su capacidad de amar, su particular lobo, regresa a su trono revestida de su piel, y ya nunca más volverá a sentir el calor de ese material. Fue su elección.

Besos, guapa. :-)

14 Agosto 2008 | 12:06 PM

rincones

rincones dijo

Sí que el cuento está cercano a la realidad,
Madeleine, la mayoría de las parejas que se enamoran
no llegan a ver una consecución feliz del sentimiento que una vez les unió. El otro día leía que solo en España se producen más de 300 divorcios...¡al día! Y eso, por lo hablar de los que están divorciados "de hecho", aunque no de derecho, de los que siguen viviendo bajo el mismo techo técnicamente casados, con el amor enterrado bajo alguna losa del suelo de la casa en que habitan.

La reina que solo era reina consigue por fin convertirse en mujer, y sigue a su pastor, pero algo falló. Quizás ella no supo pagar el precio del amor, o quizás no supo él, o puede que ninguno de los dos. No olvidemos que en una pareja siempre hay dos que han de renunciar a determinadas cosas y pagar un precio, ambos han de tener la voluntad necesaria y la valentía para ello. No sabemos qué ni cuál de los dos falló, o si fueron ambos, solo que la reina decidió que jamás volvería a arriesgarse a amar y que mandaba matar a quienes osaban pedir su mano. Puede que tuviese amantes, flor de un día, quién sabe, pero su corazón se endureció para siempre tras colocarse la piel de aquel lobo.

En cuanto al pastor, nada sabemos con certeza, pero desde luego no pudo irle peor que a la reina. Cabe suponer que, puesto que nada se nos dice al respecto, él no mató ningún lobo, no mató su capacidad de amar, y como era joven aún, ¿por qué no pensar que volvió a enamorarse, que cuando le llegó la hora final no solo estaba a su lado su fiel Sirio, como quería pensar el viejo que cantaba la historia, sino también una mujer ? El final está abierto.
:-)

Besos, querida amiga.

Por cierto, niñas, ¿se sigue viendo mal el post? Yo en ningún momento he llegado a nogtar nada extraño, si no es por vuestro aviso ni me entero. He seguido tu consejo, Mantis, y he reducido todas las fotos, pero no sé si he logrado arreglar el fiasco.

14 Agosto 2008 | 12:08 PM

mantis_religiosa

mantis_religiosa dijo

Se sigue "nogtando" algo raro.... ;-) pero sólo en la parte de abajo, el apartado de comen se ve "distraído". Ni te preocupes, todo se ve divino.

Un besote reina

14 Agosto 2008 | 12:13 PM

rincones

rincones dijo

Ays... Así que aún se "nogta" algo raro... Pos como no encoja un poquito más las fotos... Voy a intentarlo.

¿Un café? Antes de nada me voy a enchufar uno directamente en vena. ¿Te pongo otro solo y con sus dos terroncillos de azúcar? :-)

Muassss...

14 Agosto 2008 | 12:28 PM

mantis_religiosa

mantis_religiosa dijo

“Y la reina convertida en un iceberg acicalado de sedas, plumas y pieles seguía impasible ante las miradas de sus súbditos. Al caer la noche, cuando sólo era la reina de su soledad mantenía sus ojos en vela y dejaba que unas gotas de su cálida tristeza recorrieran sus mejillas y su cuello hasta alcanzar el pecho escarchado. Y ahí algunas de esas gotas conseguían derretir una esquina de su corazón ahogado. Era entonces cuando se dejaba mecer por la corriente de los bellos y cálidos recuerdos que recorrieron todo su cuerpo y su corazón durante un año. Y se entregaba al abismo de los sueños porque allí su alma derretida con los cálidos momentos vividos, podía navegar por el río de la felicidad, alejada de la orilla del desamor y del desencanto......”

http://www.youtube.com/watch?v=BPgbhDEzrxY

14 Agosto 2008 | 12:43 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Ahhh!!! Me gusta esta versión de Mantis, porque le da un poquito de alegría a la pobre reina, aunque sea sólamente en el recuerdo. Eres también muy buena, Mantis, modificando cuentos, ja, ja. Besos.

14 Agosto 2008 | 05:13 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Ren querida: Yo no niego que todos somos débiles y que a todos nos puede ocurrir que tengamos que escoger entre el amor y el oro y las pieles. Pero hasta a la pasión más desaforada, hay que ponerle un poquito de cabeza para no acabar de repente con muchas vidas. Esta historia me recuerda vagamente a una película francesa que vi hace como "sepetecientos" años. La protagonista, amante de un millonario, que obviamente la tenía como a una reina, se vuelve loca por un hombre más joven que su amante, y también muy charming, pero sin un kilo. Naturalmente, consciente de que lo que sentía por su nuevo amor ni lo había experimentado antes ni lo iba a volver a sentir otra vez en su vida, renuncia a todos sus lujos y deja a su amante rico para vivir su idilio con el otro, que me parece que trabajaba de mesero. Bueno, ni para qué te cuento lo que fueron los primeros meses al fin juntos!!! El champán, como en la canción, lo bebían en "las copas de amor" del brassier de ella, en su ombligo, etc. Lo que parece tan sexy y al mismo tiempo es lo tradicional cuando queremos pintar "excitante" una historia. Pero cuando vino la realidad, y ella tuvo que salir a buscar trabajo para mantenerse, acostumbrada a dormir hasta las 10:00 de la mañana envuelta en sábanas de seda, y el cuartucho adonde vivían porque él no podía pagar otra cosa empezó a aprisionarla, y ya en lugar de champán no tomaban ni "aguadepanela" entonces, por supuesto, el amor se diluyó y la reinita de marras tomó entre sus manitos al "lobo" y lo mató. Luego, llamó a su antiguo amante, que "felizmente" la recibió y se fue contenta pero "endurecida" como si nada a su antigua vida fastuosa de antes. Nunca olvidé esa película, aunque era apenas una adolescente cuando la vi, porque siempre me pregunté por qué la gente, al calor de una pasión así, no calibran lo que en realidad pesa más sobre ellos, en este caso el dinero y la comodidad (que no niego que estén en todo su derecho de conservar), pero sin llevarse en rastras la vida y los sentimientos de otro que a lo mejor sí era sincero y que a pesar de no tener nada, creyó honesta e ingenuamente que el amor lo podía todo. En ese caso, como en muchos, claramente no fue así. Besitos.

14 Agosto 2008 | 05:41 PM

rincones

rincones dijo

Mantis, eres buena hasta con los personajes de los
cuentos... :-) En estas líneas preciosas que has añadido a la historia has procurado a la desgraciada reina siquiera unos minutos de serenidad, de algo parecido a la dicha. Y a nosotros unos minutos de placer leyéndote, dicho sea de paso.... Y a mí, por lo menos, en concreto, otros de auténtico gustazo escuchando a mis Dire Straits de mi alma y de mi corazón.. ;-)

Yo mantengo con los recuerdos una extraña relación de amor-odio; los malos los alejo de inmediato, no los quiero cerca ni en pintura, y los buenos... son agradables, me gusta rememorarlos, incluso a veces parezco el abuelo Cebolleta aquel de los tebeos... Pero al final siempre me queda la punzadita de la nostalgia de lo que fue y ya no es ni podrá ser jamás, y eso ya me gusta menos. Todos, los buenos y los malos, son necesarios, constituyen escuela de vida y parte de lo que somos, pero ese poso de melancolía que termina dejando cuando los desempolvamos... Prefiero no mirar atrás más que lo estrictamente necesario, mejor siempre adelante. Y ya ves, leía y releía tus líneas, las contextualizaba en la historia narrada en el post, y me preguntaba qué podrían suponer para esta reina esos recuerdos, si gracias a ellos podría sentirse por un rato viva, humana. Incluso si hubiera sido capaz de recordar...

Besazos, Mantis-buena, y millones de gracias por aportar siempre algo.

15 Agosto 2008 | 03:17 PM

rincones

rincones dijo

Es que ese es el problema, Madeleine, que el amor no
siempre lo puede todo. Eso del "Contigo pan y cebolla" funciona muy pocas veces, hay que haber concebido un sentimiento a prueba de bomba
para que así sea.

Muchas veces tendemos a confundir enamoramiento con amor, deslumbramiento y pasión con algo que posee un voltaje sentimental
infinitamente mayor, y mientras nos dura pensamos que no habrá obstáculo que no podamos superar para llevar a buen término esa relación. Pero pasado el primer momento empiezan a pesarnos en el ánimo otras consideraciones, y no siempre solo económicas, aunque qué
duda cabe de que la falta de dinero para mantener el nivel de vida al que estamos acostumbrados o al que aspiramos es uno de los peores
enemigos que hay. Y cuando ponemos en un platillo de la balanza lo que sentimos por la otra persona y en el otro nuestros proyectos, ambiciones, necesidades... casi nunca se inclina el fiel de esa balanza a favor del platillo en que hemos colocado el amor que sentíamos. A veces pesa más el amor que nos tenemos a nosotros mismos que el que hemos concebido por la otra persona, y ocurre lo que dices: destrozamos a ese o esa que creyó ingenuamente que todo se podía superar, porque él o ella sí que hubieran podido hacerlo.

Pero sí creo, o mejor dicho, sé, que cuando el amor es firme nada puede impedir que la relación llegue a buen término. Solo nuestro propio egoísmo.

Besos, querida Made.

15 Agosto 2008 | 03:20 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Ren querida: "Cuando el amor es firme nada puede impedir que la relación llegue a buen término..." ni siquiera nuestro propio egoísmo, créeme. El amor verdadero puede más que el dinero, que ya es mucho decir. Besitos.

15 Agosto 2008 | 08:57 PM

ren

ren dijo

Eso sí, Made, el amor verdadero puede más que el dinero que todo en el mundo. Pero ha de ser verdadero...

Besotes.

21 Agosto 2008 | 10:41 AM

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Sobre mí

Realmente somos dos personas en esta sección. Un grancanario, EUDLF, y una sevillana, RENAISSANCE. La idea de publicar un blog conjuntamente viene de nuestra inquietud por expresar ideas, cuanto menos, curiosas en un crisol de chispas.

Lo más extraño es que jamás nos hemos visto en persona. Pero la amistad ha crecido en nuestros momentos más duros y dolorosos. Valga como brindis nuestra aportación al mundo de las letras, los sentimientos y nuestra esperanza de que el ser humano es un espíritu sin fronteras.


(How to tell stories. De Sebastian Holmer).

Si desean hacernos alguna sugerencia pueden hacerlo a a.los.rincones@gmail.com

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