¡TAXI....! (Y 2)

El tercero de los taxistas, madrileño si no recuerdo mal, refería que su mujer, tras llegar a la conclusión de que estaba demasiado gordo, había decidido ponerlo a régimen, régimen suplementado por unas pastillas cuyo efecto laxante él desconocía. Salió de buena mañana a trabajar y, estando en la parada de taxis, sintió gases removerse en sus intestinos. Aprovechando que estaba solo decidió darle rienda suelta al que más pugnaba por salir. Pero.... no salió solo, sino acompañado de otra sustancia en estado semilíquido, además de por un olor tan insoportable que tuvo que abrir las ventanas para poder sobrevivir. Se fue a su casa, se duchó, se cambió de ropa, dejó la que había ensuciado sumergida en un barreñito con agua , se subió de nuevo en su taxi y cuando se dirigía de nuevo para la parada se percató de que tenía una rueda medio vacía. De camino al taller, al parar en un semáforo intentó levantar el pie del embrague, pero le resultó imposible. Lo tenía pegado al pedal. Imaginando que sería un chicle adherido a la suela del zapato, se agacha para quitárselo y… ¡otra vez! El laxante actuaba de nuevo, y el pobre hombre, aturdido por la inesperada avalancha fecal, apretó el acelerador inadvertidamente y chocó con el coche de delante, que aún estaba parado ante el semáforo. No hubo más remedio que bajarse en semejante estado para hacer el parte amistoso con el conductor del vehículo afectado. Por lo visto, este se mataba de la risa por más que intentaba disimularlo….
Volvió a su casa para ducharse y cambiarse de nuevo de ropa, y su mujer, que ya había llegado, para colmo le montó una bronca de antología por el estado en que había dejado dos calzoncillos y dos pantalones.
Un taxista de Jaén relató la historia que a mí me parece más divertida y más tierna. Recogió en un pueblecito de esos pequeños que hay por aquellas tierras a un matrimonio mayor, una pareja de viejecitos a los que, tras acomodar en los asientos traseros, puso el cinturón de seguridad. Llegados a la capital, al destino pedido por sus pasajeros, nada más parar el anciano le dice al taxista:
- Pero hombre, suéltenos. Si le voy a pagar…
Y como “fin de fiesta” del programa llamó una chica joven para contar una experiencia que, según decía, había sido tan traumática que desde entonces cada vez que veía a un profesional del gremio se descomponía. Claro, una piensa ya en lo peor… Una tarde lluviosa salía del médico con su hijita de año y medio y tomó un taxi.
- La niña hizo lo que cualquier criatura de esa edad: andar por encima de los asientos. Al poco el taxista se vuelve y me pregunta qué hace la nena, y le respondí que lo natural en una cría tan pequeña. Me dijo que si no podía hacer que se estuviera quieta, y le contesté que sí, que como poder, podía, pero que no estaba dispuesta. Por Dios, una niña tan chica… ¿Qué va a hacer? Pues corretear, en este caso por los asientos. Y de repente el energúmeno para el vehículo y nos hace bajar a la niña y a mí. ¡Nos echó del taxi, lloviendo como estaba!
Aquella había sido su tan traumática experiencia, esa que no la permitía ver a un taxista sin estremecerse. Casi no daba crédito a lo que escuchaba, pero menos aún cuando oía a los contertulios de Carlos Herrera intentando convencer a la joven madre entre suaves sarcasmos, bromas y veras de lo incívico de su actitud, incluso de los riesgos que conlleva tener a una niña tan pequeña sin sujetar debidamente ante la eventualidad de un frenazo en seco, y que la buena señora seguía erre que erre, sin cejar, en que se trataba de una criatura de solo año y medio y que lo normal era que se moviera, que no estuviese quieta. Y es que, como decimos en mi tierra, hay gente pa to…







Mantis dijo
jajaja... ya vuelvo más tarde. Es que mi Carlitos Herrera tiene una gracia que pá qué... me encanta su ironía y sentido del humor, pero que conste que sus afonías de Abril no tienen que ver nada con la Feria ni con su caseta...
Luego entro al tema taxi.... ;-)
Besos libres como los taxis
24 Octubre 2008 | 09:57 AM