La Coctelera

rincones

31 Octubre 2008

LETES (Y II)

Siempre me produjo ternura ese pavor de los héroes homéricos a morir en el mar y no poder ser enterrados. Es la disolución total, la soledad eterna. Sobre olas nada se puede edificar, no hay tumbas donde los muertos puedan hallar descanso, seguir apegados a la tierra que los vio nacer y ser visitados por sus deudos, continuar relacionándose con ellos. El mar es el no-lugar, y sus aguas el olvido donde se disuelve y deslíe todo cuanto se fue en vida, se hizo, se  penó y se logró. La tierra es el lugar, la memoria, y ambas, tierra y memoria, los únicos sitios donde se puede permanecer. Y las sepulturas son precisamente eso: una resistencia al olvido hecha lugar, el hábito del recuerdo erigido y consolidado.

Alguien dijo una vez que "Sólo la poesía y la arquitectura poseen la fuerza para vencer el olvido de los hombres». Y debe de ser cierto.  Arquitectura y memoria permiten al hombre morar,  arraigar, permanecer,  constituyen un desafío al tiempo y al olvido.  Ese desafío es  una necesidad, una obsesión para los hombres. Para  los vivos...  Porque nadie ha preguntado nunca a los muertos si desean o necesitan tierra, túmulos, memoria, permanencia...

Yo prefiero el mar, la arquitectura solo haría perpetuar un recuerdo que no deseo, atarme más aún a la tierra que me sustenta a regañadientes, de ella y mío. Y en cuanto a  la poesía... Ambas nos despedimos la una de la otra hace ya tiempo, cuando perdí el último recuerdo que me quedaba, el que atesoré hasta el último segundo aun después de haberte olvidado a ti, tus desplantes, las veces que me hacías sentir pequeña, de tan pequeña incluso insignificante. Hasta he olvidado ya aquellos momentos de sexo glorioso que me proporcionabas. Hasta el dulce amor que nos tuvimos. Todo. Las luces y las sombras de nuestra relación. Mnemósine se lo llevó todo, porque suya es la memoria y suyo el recuerdo, y está en su derecho de reclamarlos. Todo se lo quedó, sí, excepto el momento en que nos íbamos a la cama por la noche. Ese no me lo dejé arrebatar hasta el final. ¿Recuerdas? Tú me esperabas tumbado sobre las sábanas, desnudo, leyendo, las gafas cabalgándote la punta de la nariz, mientras yo me desmaquillaba en el baño. Cuando terminaba iba a reunirme contigo, me hacías sitio a tu lado, acomodaba la cabeza en el hueco de tu clavícula y rodeabas mis hombros con tu brazo. A veces comentabas conmigo durante unos minutos el libro que leías, otras veces lo cerrabas, lo dejabas sobre la mesita de noche y comenzabas a contarme cosas mientras yo te escuchaba embelesada, recorriendo tu cuerpo con la yema de mis dedos. Hablábamos, reíamos y dejábamos escapar algún beso furtivo. En ocasiones durante horas. Solo eso, hablar y reír con esa risa que sale del fondo de las entrañas, del fondo del alma, del fondo de la necesidad de sentir que se expande el diafragma, que el corazón rígido, acecinado, se fragmenta y se libera al fin, y sale despedido en mil pedazos con cada carcajada.

Durante años aferré con las dos manos esas charlas, esas risas, esa ternura, los dedos como garras en torno a ellas. Y las apretaba más fuertemente aún contra mi pecho y enseñaba los dientes a  Mnemósine cuando venía a arrancármelas. Yo la dejaba quitármelo todo, recuerdo a recuerdo, sin protestar. Pero ese no... Hasta que llegó el momento. Era el único que me quedaba, y cuando ella volvió por última vez tuve que entregárselo con mis propias manos, depositarlo en las suyas con el rostro bañado en lágrimas. Lo entregué como a ese hijo que se te desraíza del vientre y se te ahoga entre cuajarones de sangre cuando Átropos corta su hebra sin siquiera haber dado tiempo a Láquesis a tejerla. Como se lo entregas con tus propias manos a Tánatos: sin comprender nada.

Eso fue lo último que entregué. Después ya no ha habido más recuerdos, más lágrimas, más hijos, más poesía. Ya no soy nadie. Estoy muerta. Y por eso no le tengo miedo al mar. Solo los vivos le temen.

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16 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Mantis

Mantis dijo

Uysss... es mi ordenador o aquí se han cambiado las cortinas??

¿Un café? te lo dejo aquí mientras leo con calma... ;-)

Besos guapa

31 Octubre 2008 | 12:27 PM

rincones

rincones dijo

No, hija, que ando haciendo el idiota con las plantillas...

Sí, venga ese café, que siempre es hora para uno. Gracias, guapísima. Besazos.

31 Octubre 2008 | 12:48 PM

eltioantonio

eltioantonio dijo

Yo prefiero el fuego, las cenizas en diferentes lugares del mundo, en los que me gustaría estar a la vez y será una gran oportunidad poder hacerlo así después de muerto.

Buenos post, me hacen pensar.

Besos

31 Octubre 2008 | 04:38 PM

rincones

rincones dijo

Hoy día casi todo el mundo prefiere eso, Antonio, la cremación, y que sus cenizas sean llevadas a algún sitio en especial, esos por los que se sintió predilección en vida.

Gracias por la amabilidad de tus palabras . Un besote.

1 Noviembre 2008 | 12:18 AM

eric

eric dijo

Expresiones que antes eran corrientes, ahora son arcaísmos. Así también, los nombres de los que antes eran agasajados con muchos himnos ahora son de alguna forma arcaísmos: Camilo, Cesón, Vóleso, Dentato; por poco tiempo Escipión y Catón; más adelante también Augusto, posteriormente Adriano y Antonino. Pues todo se marchita y se vueve rápidamente legendario. Rápidamente también el olvido absoluto lo entierra. Y hago esas afirmaciones a propósito de los que brillaron hata la admiración, porque los restantes, nada más exhalar el alma, son desconocidos e ignorados. ¿Qué es en definitiva el recuerdo imperecedero? Es hueco del todo. ¿Qué es es, entonces, hacia lo que es necesario dirigir el empeño? Sólo una cosa, reflexión justa, acciones comunitarias, razón capaz de no equivocarse y disposición que se conforma con cualquier suceso como algo necesario, familiar y que fluye desde tal principio y fuente."

"Entrégate voluntariamente a Cloto para tejer con ella cualquier acción que desee"
"Todo es flor de un día, tanto el que recuerda como lo que se recuerda".

"Meditaciones" de Marco Aurelio.

1 Noviembre 2008 | 07:44 PM

unokupa

unokupa dijo

es preciosa la historia, mas que eso es buenísima, algo de tristeza o de melancolía y un mucho de añoranzas.

A mí también me gustaría ir a morir al mar, y que mi cuerpo fuera pasto de los peces.

1 Noviembre 2008 | 11:52 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Es dramática, pero preciosa esa semblanza que haces Ren, de cuando nos vemos obligados a ceder hasta el último de nuestros recuerdos, ese, el más preciado que hayamos podido tener y que hemos defendido con empeño denonado, con sudor y uñas, pero que termina por hundirse lo mismo que los demás en los abismos negros e inescrutables de la desmemoria. Sí, sólo los vivos le tienen temor al mar..., los muertos no, y ni siquiera los vivos-muertos en vida, ellos ya saben que hacen parte de él. Besos.

2 Noviembre 2008 | 03:03 AM

rincones

rincones dijo

Esta vez dejaré que Jorge Manrique te responda por mí, Eric, con tres y media de sus "Coplas por la muerte de su padre":

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte 5
tan callando.

(...)

Esos reyes poderosos
que vemos por escrituras
ya pasadas,
por casos tristes, llorosos, 160
fueron sus buenas venturas
trastornadas;
así que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
y prelados, 165
así los trata la muerte
como a los pobres pastores
de ganados.

Dejemos a los troyanos,
que sus males no los vimos 170
ni sus glorias;
dejemos a los romanos,
aunque oímos y leímos
sus historias.
No curemos de saber 175
lo de aquel siglo pasado
qué fue de ello;
vengamos a lo de ayer,
que también es olvidado
como aquello. 180

(...)

Tantos duques excelentes, 265
tantos marqueses y condes
y varones
como vimos tan potentes,
di, muerte, ¿dó los escondes
y traspones? 270
Y las sus claras hazañas
que hicieron en las guerras
y en las paces,
cuando tú, cruda, te ensañas,
con tu fuerza las atierras 275
y deshaces.

Nada más cierto que la frase que citabas de M. Aurelio:

"Todo es flor de un día, tanto el que recuerda como lo que se recuerda".

Así que no queda más que concluir.. "carpe diem", cada cual como le sea más gratificante.

Besote, Eric.

3 Noviembre 2008 | 01:45 PM

ren

ren dijo

Gracias, Unokupa. Sí que es triste la historia, siempre lo es la de alguien que queda totalmente vacío por dentro.

El personaje también prefiere el mar para morir, la nada, deshacerse de todo lazo que la ligue a algo o a alguien. Yo, si te digo la verdad, es un dilema que aún tengo sin resolver, pero tampoco me preocupa demasiado. Al fin y al cabo, no me voy a enterar de lo que venga después... :-)

Un cordial saludo, encantada de verte de nuevo.

3 Noviembre 2008 | 05:08 PM

ren

ren dijo

Quien está muerto en vida ya no le teme a nada, Madeleine, como mucho, a la vida. Ir perdiendo recuerdos es ir perdiéndose una misma, el pasado y de alguna manera el futuro, y cuando esa "amnesia" no la provoca una enfermedad sino el mismo inconsciente de la persona, supongo que es porque no desea ese pasado, ni ese futuro, ni, evidentemente, pasar por el presente. Debe de ser algo así como una criogenización anímica, emocional... Y gente así hay, no creas...

Un besote, querida Made.

3 Noviembre 2008 | 05:18 PM

Mantis

Mantis dijo

Uffff.... llegar a ese punto de resistencia para no perder su último recuerdo...
Da mucho que pensar, primero que si uno pretende alimentarse con recuerdos, lo más que hace es sobrevivir medio muerto, pero no vivir. Los recuerdos, sobretodo los buenos, han de servir para cargarnos de energía y VIVIR, y los malos para llenar la mochila de la experiencia, esa que vamos cargando en el camino de la vida para pasito a pasito hacernos más sabios e intentar convivir hasta con lo que no nos gusta. No tropezar en la misma piedra es ya otro cantar, somos humanos...

Me pregunto por qué uno ha desprenderse de los recuerdos, ¿quién o qué te obliga a ello? eso no es incompatible con la vida, lo que no es compatible con ella es hacer de esos recuerdos nuestro único sentido de vida.
Uno puede vivir con los recuerdos porque forman parte del pasado, y él es parte de nosotros pero sin olvidarse de vivir el presente, sobretodo este es el importante porque el futuro es mañana y no podemos vivir tampoco en él, ni tan siquiera sobrevivir. Nuestros sueños e ilusiones son el motor del presente que es el que debemos conducir como buenamente podamos pero con coraje y ya se verá ese futuro...

Esta mujer ha conservado un recuerdo, sentimental, que fue el que la hizo sentirse viva y para seguir sintiendo se aferró a él hasta que se dio por vencida y lo entregó, ¿con lágrimas y sudor? Yo sólo sudo y lloro para que no me arrebaten nada, no entrego nada que sea mío, como mucho lo comparto, lo demás es resignación. Cuando uno entrega algo que forma parte de su alma, entonces ya se ha dado por vencido, ya te da igual el mar que la montaña, ya estás muerto.
Es triste llegar a este punto en el que el mayor olvido es el de uno mismo.

Yo como el tío Antonio quiero la cremación, porque los míos no necesitan un trozo de tierra para recordarme, ni una poesía ni una construcción arquitectónica. Los míos me recordaran porque hay algo que nunca se olvida, ni se pierde en la memoria, es el amor; ese sentimiento que no es palpable, que no se entierra ni se quema porque es perpetuo hasta después de la muerte.
Vale, me pongo muy filosófica pero es lo que pienso hoy, espero no olvidar ni perder la memoria mañana...

Más besos Ren, sorry por la parrafada pero me ha encantado esta historia a pesar de la tristeza...

3 Noviembre 2008 | 06:17 PM

ren

ren dijo

Hay vidas y vidas, , algunas cuyo presente es tan amargo que uno tiende a refugiarse en el pasado, a revivir "glorias" pretéritas por tal de aprovechar el "vivir" de "revivir", supongo que se me entiende. Es una falacia, por supuesto, pero lo vemos continuamente en las personas mayores, en los abuelillos que no dejan de contar batallitas. ¿Te has fijado en que cuando están inmersos en la
narración de una de ellas les brillan los ojitos, se les anima la expresión del rostro y la voz parece más vivaracha? Tiene poco presente, por lo general no muy grato, y menos futuro aún. Se diría que solo pueden contar con el pasado, y, es curioso, no le preguntes dónde han dejado las gafas hace 10 minutos ni qué comieron ayer, pero te dirán con todo lujo de detalles lo que cenaron hace 30 años tal día como hoy.

A todos los ancianos les ocurre; esa memoria especial tiene un nombre en Sicología, pero ahora mismo no lo recuerdo. Parece como si la misma naturaleza nos hubiese programado para, llegados a un determinado momento, vivir casi exclusivamente de recuerdos.

Uno no puede desprenderse de ellos, forman y conforman a la persona, nos proporcionan una identidad de la que, sin ellos, careceríamos. Por lo que tengo entendido, pocas cosas hay tan traumáticas como una amnesia después de un accidente... Carecer de nombre y de historia es como estar hueco, vacío, desubicado, como no-ser. Los recuerdos son imprescindibles; distinto es que uno los quiera tener presente o sumirlos en un Leteo, dependiendo de cómo nos haya ido en la vida, pero es lo vivido lo que nos conforma como si fuésemos pellas de barro.

Yo también había pensado siempre, como tú, que ese bagaje existencial que todos acarreamos solo debe servir para, en el caso de los buenos, cargarnos de energía, y en el caso de los malos servirnos de aviso de navegantes y aportarnos sabiduría. Pero últimamente ya no lo tengo tan claro... Hay quien integra las malas experiencias del pasado en su vida de tal manera que las convierte en ladrillos de la construcción de su presente, dispuesto a no renunciar a nada, ni siquiera al dolor que conllevan determinados recuerdos. Estos no son medios para aprender, sino parte integrante de cada momento que se vive. No es que estas personas olviden vivir el presente, ni que sus recuerdos sean el único sentido de su vida, es que de alguna manera dan continuidad al pasado asimilándolo al momento actual y dispuestos a que sea así en el futuro. Eso, creo, deviene de un concepto de plena asunción de lo ocurrido en la vida de uno, y de lealtad y fidelidad a uno mismo que es difícil de entender y de aceptar, y que requiere mucho valor y mucho temple. Pero hay quien no está dispuesto a renunciar a nada de lo vivido, y a no permitir que el pasado se quede solo en eso en pasado.

Sí que es triste llegar a este punto en el que el mayor olvido es el de uno mismo, sobre todo cuando ese bagaje vivencial que todos tenemos pesa mucho, cuando es desgraciado y las perspectivas de futuro son tan poco halagüeñas como ese pasado y como el presente. Seguramente es una cobardía entregar el último recuerdo sin luchar por él, entregar lo último de una misma, el último resto de la propia identidad. O agotamiento. La gota pertinaz horada la piedra, ya se sabe, y las personas desde luego no estamos hechas de ese material. El chorreo continuo de decepciones, ver el suelo alfombrado a tus pies de ilusiones rotas, puede llevar a ese estado de cansancio en el que ya todo te da igual, ni frío ni calor, ni mar ni montaña. Solo paz, un acorchamiento que impida que se te clave nada más en el hígado, en el corazón. A todos nos gusta vivir, y lo mejor posible, pero cuando alguien tira la toalla debe de ser por algo muy importante. Pobrecita mi "personaja", tengo que hacer de abogado del diablo pa defenderla, ¿no..? ;-)

Quienes nos aman no necesitan tierra que nos recuerde, eso está claro, se puede desaparecer en el mar y continuar vivo en sus corazones, eso desde luego...

Un besazo, me encanta la Mantis-filósofica.

Y no hablemos de parrafadas, porqque a mí como me deis pie..je..

4 Noviembre 2008 | 11:26 AM

lamujeresqueleto

lamujeresqueleto dijo

Me he llevado Letes a casa para leer los pots y los coments tranquilamente.
Gracias a ti por escribir como lo haces y a todos los que han participado en los coments...he aprendido muchísimo, lo peor es que soy una desmemoriada y no me voy a recordar de ningun nombre...snifffff
El tema que tocas y que tocas tan bien me recuerda de alguna manera al post de Zona Cero.
Estar muerto en vida, provocar esa muerte es un pecado, muy respetable la decisión de cada uno, pero para mi es una falta de respeto al regalo que nos han dado.Poder vivir.
Y vivir conlleva que nos sucedan cosas, buenas y malas, que formaran parte de nuestros recuerdos.Somos parte de ellos, lo que tenemos que intentar es disfrutar de los buenos y aprender de los malos. Los recuerdos buenos no pesan y son buena compañia y los malos hay que trabajarlos para que no sean un lastre en nuestro presente y nuestro futuro.

Vida-Muerte-Recuerdo-Olvido...todo forma parte de un todo y a mi, que quieres que te diga, si hay más alla o rencarnación es algo que no me "preocupa" porque estoy "ocupada" en vivir mi día a día.

Un gusto leerte, aunque me dejes triste (( ;

Un abrazo cálido

5 Noviembre 2008 | 06:51 PM

rincones

rincones dijo

En un momento determinado de “La Celestina”, la vieja protagonista que, como el diablo, sabe más por vieja que por diabla, dice algo así:

Viva la gallina, aunque sea con su pepita, pero viva. El mozo desea ser hombre, el hombre viejo, y el viejo más, aunque con dolor”

La pepita , de nombre tan cómico, era un grano que salía en la lengua a las gallinas y al ir engrosando de tamaño les impedía comer, con lo cual morían de hambre, una agonía lenta. Viene a decir Celestina que propio de la condición humana y de cualquier ser vivo es vivir, como sea, por nefastas que sean esas condiciones, pero vivir… Milenios de civilización y de vida cada vez más muelle no han conseguido apagar ese instinto atávico que todos tenemos: el instinto de supervivencia. Cuando alguien está muerto en vida es indiscutiblemente porque la vida se ha terminado para él, porque no hay ya nada en el horizonte. Y nadie deja piedra que remover y bajo la que buscar cualquier cosa, por nimia que sea, que le aporte la más mínima esperanza de que al fin habrá algo que le salve de la nada absoluta en que se ha convertido su existencia.

Yo no puedo considerar pecado sentirse muerto en vida, entre otras cosas porque eso no se lo provoca a sí mismo casi nadie, son las circunstancias las que deciden, como tampoco podría considerar así el suicidio. Cuando alguien opta por esa salida, es porque ya no hay otras puertas que pueda abrir.

La historia que se narra en estos dos posts es triste, sí, pero… ¿sabes qué tienen de bueno estas historias? Que cuando vemos en un personaje actitudes que nos parecen negativas enseguida nuestra mente y nuestro instinto de supervivencia emocional se rebelan, y recurren a esos argumentos que todos guardamos en el subconsciente para rebatir esa negatividad, e intentar hacer un enfoque más racional y positivo de la cuestión. Entonces surgen reflexiones como la que haces: que vivir conlleva cosas buenas y malas, que todas esas vivencias nos forman y conforman, y que pasar por las unas y por las otras indica que estamos vivos. Al que está muerto de verdad, no como la protagonista de la historia sino bajo tierra, no le ocurre ya nada, ni bueno ni malo. Todo eso es algo que sabemos, pero que tendemos a olvidar sobre todo cuando las circunstancias son adversas. Nunca viene mal recordarlo.. :-)

Un besazo grande, Conxa.

6 Noviembre 2008 | 12:13 AM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Quien está muerto en vida, querida Ren, y es consciente de ello, no hay duda de que vegeta muerto de miedo. Para mí eso es peor que sufrir de un Alzheimer, de amnesia o de otra enfermedad. Un beso.

7 Noviembre 2008 | 02:36 AM

rincones

rincones dijo

Estoy de acuerdo contigo, Madeleine, estar muerto en vida es peor que un Alzheimer, una amnesia o cualquier otra enfermedad similar. Las personas que padecen alguna de ellas siquiera no son conscientes de su estado, y eso ya es una suerte. Quien está muerto en vida sí que lo es, consciente de todo. Lo que ya no sé es si llegarán a sentir miedo, o algo, lo que sea.. A mí me da la impresión de que en ese estado te vuelves corcho, insensible totalmente a todo.

Besos.

7 Noviembre 2008 | 11:02 AM

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Sobre mí

Realmente somos dos personas en esta sección. Un grancanario, EUDLF, y una sevillana, RENAISSANCE. La idea de publicar un blog conjuntamente viene de nuestra inquietud por expresar ideas, cuanto menos, curiosas en un crisol de chispas.

Lo más extraño es que jamás nos hemos visto en persona. Pero la amistad ha crecido en nuestros momentos más duros y dolorosos. Valga como brindis nuestra aportación al mundo de las letras, los sentimientos y nuestra esperanza de que el ser humano es un espíritu sin fronteras.


(How to tell stories. De Sebastian Holmer).

Si desean hacernos alguna sugerencia pueden hacerlo a a.los.rincones@gmail.com

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