La Coctelera

rincones

9 Diciembre 2008

HACE 15 AÑOS

Hace un rato revisaba la correspondencia que me traía el cartero. Estadillos del banco que reflejan los crueles mordiscos que las facturas le llevan dados ya a mi nómina apenas comenzado el mes, propaganda… Y pare usted de contar. Este invento del correo electrónico ha terminado con ese algo de ilusionante y esa espera tontamente esperanzada que tenía la visita del cartero.

Pero hoy había algo más en mi buzón: una carta del Centro de Reconocimiento Psicofísico de Conductores y Armas al que acudía habitualmente cada vez que me tocaba renovar el carnet de conducir. Y acabo de recordar que en breve hará 15 años que obtuve ese permiso. 15 años ya…

Como tantas otras en mi vida, fue una decisión tardía; me puse a ello con treinta y muchos años, más obligada por las circunstancias –el traslado a un instituto de una población cercana- que por propia voluntad. Si he de ser sincera, siempre me atrajo la idea de conducir, hasta el punto de que en numerosas ocasiones, muchísimas, soñaba que lo hacía. Que lo hacía mal, porque una es muy honrada consigo misma, pero que lo hacía. Por uno u otro motivo siempre posponía aquello de matricularme en una autoescuela, hasta que abrieron una al lado de casa y ya no me pude inventar más excusas. El profesor de teoría era un chico de veintitantos años que, para lo que le pagaban, no estaba dispuesto a dejarse la piel en el trabajo; nos daba unos libros de tests y bromeaba con unos y con otras, sobre todo con otras, mientras los rellenábamos, eso era todo. Nunca supe lo que era una clase teórica. La profesora de prácticas era una señora de cincuenta y tantos, encantadora, una auténtica matrona por dentro y por fuera que me amenizaba las clases de conducción con mil y una anécdotas de sus cuatro hijos, y que de vez en cuando, entre anécdota y anécdota, encontraba algún minuto para explicarme en plan rapidito cómo se cambiaba de marcha y para qué servía cada uno de los pedales, que a mí me traían por la calle de la amargura porque solo podía pensar que o me sobraban pedales o me faltaban pies.

Así que, visto lo visto, me compré un solucionario de tests y me dediqué a hacerlos en casa, donde al menos a ratos me podía concentrar en lo que estaba haciendo sin el hilo musical de fondo de risas y bromas, y, sobre todo, sin dejarme tentar por ellas, porque he de reconocer que para eso enseguida me convierto en mujer fácil, pierdo del todo la seriedad y el comedimiento. Y me dediqué a reforzar las clases de conducción practicando en casa con tres latas de conserva puestas en el suelo a modo de pedales, y una cuchara de madera de esas de cocina en sustitución de la palanca de cambio.

Total, que aprendí a conducir “de oídas”… Consciente de ello, me presenté al examen teórico con más miedo que vergüenza. A mí aquello de los gálibos, las intersecciones sin señalizar o señalizadas con sus correspondientes preferencias de paso, incluidas las de las ovejitas y otros animales que cruzan la calzada en el momento más inoportuno, que es cuando una está circulando por ella, las tropecientas señales de tráfico que no había visto en mi vida en vivo y en directo, las preguntas-trampa que, dado mi natural despistado eran más trampa aún… pues eso, que me traían por la calle de la amargura. Las noches previas a ese examen casi no podía conciliar el sueño, y recuerdo que me temblaban las manos y las piernas cuando me senté en el pupitre a rellenar el cuestionario. Las muchas horas de estudio concienzudo me permitieron, a pesar de todo, aprobarlo a la primera.

Pero el práctico ya dependía de mi habilidad, y entre que de eso ando más bien escasa, la preparación que tuve y los nervios que se apoderaban de mí en cuanto me subía en el coche, aprobar me costó…¡cinco convocatorias! Esto lo cuento porque ninguno de mis conocidos lee este blog, que si no, de qué… Todo era sentarme en el asiento del conductor, oír la voz del examinador y nublárseme el entendimiento. En uno de los exámenes, circulando por una calle cercana a casa y que conozco divinamente, me dijo “"En cuanto pueda, a la izquierda". Miré hacia ese lado, y como vi que podía porque nadie circulaba por el carril de al lado, obedientemente me cambié a él de inmediato sin esperar al llegar al semáforo que permitía hacer aquel giro. "¡¡Señora, por Dios, que nos nos vamos a matar, que nos vamos a matar...!!", gritaba el examinador, angustiado y yo diría que incluso indignado. En ese momento me percaté de que no se trataba de una calle con doble carril en cada sentido, como tantas otras de las que rodean aquella, sino que había invadido el de sentido contrario.

Bien pensado la verdad es que tampoco era para ponerse así, no venía nadie por mi izquierda. Es que a la gente también le gusta exagerar la nota… La cuestión es que me suspendió, claro; era una tontería, cosa de los lógicos nervios en un examen de conducir, pero se ve que se trataba de uno de esos examinadores duros, o que ese día estaba de mal humor. Al menos esa vez supe por qué me suspendían, porque el resto de las veces me decían de repente, al poco de comenzar el itinerario: “Aparque”, y ni idea del motivo. Sobre todo cuando me hacían meterme en una rotonda, mi talón de Aquiles; en cuanto me topaba con una que había de circundar no fallaba: “Aparque”. Y yo aparcaba, claro, sin saber dónde podría haberme equivocado y pensando en la guasita que me esperaba en casa cuando dijera que me habían vuelto a suspender.

El aprobado se lo debo a dos ansiolíticos que una amiga me dio y tres tilas bien cargadas que me tomé, una detrás de otra, un ratito antes del examen. Me lo pensé bien. "De esta, o me duermo en el coche o me calmo y apruebo". Mira, y aprobé… Aquello me sedó los nervios, y, si he de decir la verdad, los nervios y a toda Ren, porque estuve todo el itinerario que me marcaron como flotona, más bien levitando en el interior el coche. Oía la voz del examinador como entre brumas, y prefiero no decir cómo veía las calles… Nunca había tomado pastillas de esa clase, y aunque el nerviosismo que tenían que combatir habían contrarrestado en buena medida su efecto sedante durante la mañana, por la tarde estuve durmiendo ni recuerdo ya cuántas horas.

El estrés de tener que examinarte una y otra vez del práctico es tremendo, y, pobre de mí, aquel día pensaba que al fin se habían terminado mis padecimientos. Pero no habían hecho más que empezar…

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14 comentarios · Escribe aquí tu comentario

murron

murron dijo

Pues yo me saqué el carnet cuando empecé a trabajar, osea, a mis 18/19 añitos, a pesar del miedo que sentía cada vez que me montaba en el coche. El teórico a la primera pero el práctico fue un suplicio. Primero por mi natural despiste -soy negada para las rotondas, los cambios de sentido, etc- lo segundo porque las prácticas las daba a las 10 de la noche, despues de currar como funcionaria en la mañana, y estudiar en la facultad de periodismo por las tardes- Asi que conducía, entre pescozón y pescozón del profesor, para no quedarme dormida. Aprobé a la tercera y más bien "me aprobaron" porque siempre metía la pata en algo. Conducía bien pero ya te he dicho que soy muy despistada. 250.000 PTS DE LAS de entonces y de mi bolsillo. Nunca más volvía coger un coche hasta que tuve que trabajar con ellos. He conducido todo tipo de vehículos, desde un ford K hasta un jaguar ultimo modelo, mercedes, bmw, etc, etc, y jamás lo he pasado peor. Durante 8 años de mi vida trabajé con coches y jamás lo he pasado peor. Es más, hace muchísimos años que no conduzco y me niego a hacerlo. Me pongo tan tensa que me salen contracturas en la espalda. Asi que voy siempre andando o en transporte público o me llevan, pero conducir: NUNCA¡¡¡¡¡LO ODIO¡¡¡

9 Diciembre 2008 | 04:11 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida amiga, ya sé que ésa no es la cuestión, ni en ése ni en ningún caso distinto a ése. Y cuando digo “ése” no me refiero a las “eses” que un automóvil o persona poco diestra o siniestra realiza al andar, bailar o conducir un artilugio de esos cuando no sabe o está bebido, bebido de algo que normalmente lleve alcohol, alcohol dentro de la bebida que no fuera de ella y que al beberse resulta que pasa a estar dentro de uno que no fuera. La cuestión no es ésa, repito, y al no serla no es necesario que la mencione ni exponga pues parecería que meo fuera de tiesto cuando en realidad apunto y apunto bien, sea adentro o afuera, eso ya depende de cada caso, pues si en uno deseo mear afuera, meo afuera, y si en el otro es al revés, pues meo al revés, o séase adentro, pero adentro de afuera, aunque sea algún adentro distinto al mío. Para resumir, y para concretar la cuestión que en realidad no lo es, porque la verdadera cuestión es otra, las mujeres conducen si no igual que los hombres en la mayoría de los casos, sí mucho mejor en esa misma mayoría o en otra según se sume. Llegados a este punto, creo que se puede afirmar con rotundidad que las mujeres conducen mucho mejor que los hombres, excepto cuando no lo hacen que es casi siempre o casi nunca o viceversa. Es decir, no. O sí siempre que no. Y si no es así será porque la cuestión es otra y no ésa.

Saludos.

9 Diciembre 2008 | 05:10 PM

Mantis

Mantis dijo

Lo que faltaba.... además de gruñón nos ha salido meón, si digo yo....

9 Diciembre 2008 | 05:18 PM

rincones

rincones dijo

Déjalo, Mantis, si mañana va a ser peor... Mañana viene la segunda parte: Ren, no ya aprendiza, sino conductora. Mañana nuestro Peletero afilará y sacará las garras... de visón.. (risas)

Murron, gracias por tu odisea. Gracias, Pele, Mantis, me habéis hecho reír los tres muchísimo. Luego os respondo tranquilita, pero conste que si tú sacas las garras de visón yo saco las de gata, Pele; está demostrado que las mujeres tenemos muchos menos accidentes que vosotros, por algo las compañías de seguros nos dan un trato especial. Hala, he dicho. :-P

Un beso grande a los tres. Es decir, uno a cada uno.

9 Diciembre 2008 | 05:30 PM

lamujeresqueleto

lamujeresqueleto dijo

ja,ja,ja,jaRen, bordas los relatos, salá.

Lo del examen de conducir para mi tambien fué una pesadilla.
La primera vez estaba tan nerviosa que me tecleaba la rodilla en el volante y me olvidé de ponerme el cinturón.Suspenso.
La segunda pretendia el examinador que aparcara en una calle eminadísima....casi me muero del susto de solo pensarlo.Suspenso.
La tercera me tomé un Orfidal y tenía que ir a recoger a mi padre que salía del Hospital.Ya casi lo daba por perdido, pero me puse el cinturón, circulé por un barrio de Sants atascado y aprobé!!!!!
Eso si...no me hicierón aparcar que si no...
Los coches son una máquina de matar, yo le he perdido el miedo pero le tengo muchísimo respeto.
Veremos como continuan tus aventuras al volante, fitipaldi (( ;

Gracias por las risas, un abrazo,guapa.

9 Diciembre 2008 | 06:12 PM

eltioantonio

eltioantonio dijo

Todos los sentimientos y sensaciones normales de un evento como éste. Al igual que muchos momentos en nuestras vidas, las decisiones parecen marcar momentos que suelen ser importantes.

Ahora seguro son otros, pero se llevan con más templanza.

Besos.

Antonio

9 Diciembre 2008 | 06:41 PM

mantis_religiosa

mantis_religiosa dijo

Aischhh.... qué bonito era aquello de esperar al cartero para leer cartas de amor, ahora nada de amor, bueno sí, los bancos nos quieren mucho aunque no lo digan en formato poesía.

En fin, acabo de recordar esa época en la que me saqué el carnet de Fittipaldi, claro que yo no esperé tanto como otras.... después de cumplir los 18 años en cuanto tuve un huequito, hale, a la autoescuela con nombre de Virgen maña. Yo iba convencida de que aquello estaba chupado y me animaba a mi misma diciéndome que si lo había sacado el burro de mi vecino pues para mi sería coser y cantar. Y sí, cosí mis ojos al librito ese que tenías que memorizar y ná que no memorizaba nada, así que decidí que lo mejor era cantarlo de cabo a rabo tropecientas veces y
algo quedaría en la neurona.
La profesora de teoría tenía nombre de mamífera marina y hacía honor a su nombre porque ante mis preguntas y repreguntas era pelin escurridiza...
Yo en mi vida había tocado un coche y oír palabros tan raros se me hacía un poco pesadito. Que si el embrague, que si las revoluciones, que si el freno motor, que si detrás de un balón siempre viene un niño... mi neurona patinaba en una mancha de aceite que encontraba en la carretera.

Bueno, resumiendo, que el día antes de examinarme del teórico pues hice un test de confirmación y creo recordar que tuve 17 fallos.... la profe me miró muy malamente y me dijo... “¿Te examinas mañana?” y la contesto... “Pues claro, pá chula yo. Ese test lo hice sin pensar, mañana ya pensaré... no te preocupes” jajaja...

Y ná, que para darle en los morros a la del nombre de mamífera marina, pues sólo tuve un fallito y aprobé a la primera....

El práctico... pues recuerdo cuando el profe con el mismo nombre que Zp me dijo que subiera al coche y me abrochara el cinturón... el primer intento fue engancharlo en el del otro asiento, luego ya le pillé el tranquillo.
Me pregunta el listillo... “¿Qué conoces del coche?” y mi neurona dice... “¿Eh?”, y yo contesto... “El volante”.
Me miró extrañado y ná, me dijo como arrancar y pisar esos pedales, y me sacó de la ciudad, no sé si intuyó el peligro o lo hacía con todos la primera vez...
A los 10 minutos estábamos en una carretera comarcal, ni un coche por ningún sitio, aquello era facilísimo. Y me pregunta el profe con voz acojonada y acongojada... “¿Te gusta la velocidad?”, y contesto... “Pues no, a mi las prisas...” y me grita... “Pues levanta el pie del acelerador que vas a 140 Km/h”, “Locaaaaaaaaaa” dice mi neurona. Y yo no dije ni mú, levanté el pie para que se relajara el copiloto y hale, tranquilita la vuelta.

Mi profe no se aburrió demasiado con mis clases, por lo menos eso me dijo, que tenía que estar controlándome tanto que la clase se le pasaba en pis pás...
Bueno, que el día que me examiné del práctico pues que también lo saqué a la primera..... Recuerdo que hubo una conversación sobre el tiempo en el Norte, miradas extrañas de mi profe que se clavaban en mis piernas como puñales y miradas mías hacía el profe que le amenazaban con pegarle un muerdo si tocaba un solo pedal de su lado y por su culpa me suspendían.
Cuando me entregó el carnet rosa me dijo que me iba a extrañar mucho, él y la úlcera que le había despertado, ni que fuera yo la “despierta-úlceras”.... en fin, un profe meón y cagueta.

Besos Ren

10 Diciembre 2008 | 01:05 PM

ren

ren dijo

Cómo te entiendo, Murron… Mi calvario siempre han sido las rotondas, los cambios de sentido, las preferencias de paso… Como nunca me aclaraba dejaba pasar a todo el mundo primero, y cuando ya no había nadie entonces pasaba yo, ya podían pitar los de atrás lo que quisieran.

A mí me gustaba la idea de conducir, pero nunca encontraba el momento para perder media tarde acudiendo a una autoescuela, hasta que me pusieron una al ladito de casa. Duró poco, porque preparaban fatal y se quedaron sin clientes, pero a mí al menos me sirvió para, con mucho esfuerzo, sacar el carnet.

Entiendo tu miedo; a mí me duró los primeros años, pero luego se me quitó y he llegado a disfrutar verdaderamente al volante.

Besos, y gracias por tu intervención, ha sido muy simpática.

11 Diciembre 2008 | 03:07 PM

ren

ren dijo

Mi querido Pele, ha quedado totalmente clara tu exposición: no miccionas fuera de tiesto (¿has visto qué fino me ha quedao… ;-)) cuando afirmas que una mujer poco hábil al volante es un auténtico peligro. Lo mismo que un hombre… Nosotras conducimos en general igual que vosotros, conducir es cuestión de habilidad y reflejos, y de eso a cada cual nos toca en el reparto lo que nos toca, independientemente del sexo.

Lo que sí es cierto es que nosotras solemos ser más prudentes que vosotros, que os confiáis más en el dominio del vehículo y de los posibles imprevistos que puedan ocurrir durante la conducción, y la prueba es que estadísticamente tenemos menos accidentes. Y no me digas que es cierto, pero que los provocamos, que eso está ya muy visto (risas). A la vista está que nadie podría pensar que me llevaría el premio a la mejor conductora del año, pero jamás he tenido un accidente, ni un solo rozón. Ni lo he provocado. Debo de tener un ángel de la guarda la mar de trabajador…

Petons.

11 Diciembre 2008 | 03:10 PM

ren

ren dijo

Uy, Conxa, ni me hables de rampas, otro de mis terrores. Desconozco las leyes físicas por las cuales un artilugio tan enorme y de tanto peso como un coche puede quedarse pegado como una mosca a la pared de una rampa sin caerse, obviando la ley de la gravedad, siempre me da la sensación de que se me va a ir para atrás y voy a provocar un choque en cadena con los que tengo tras de mí, así que en mi vida se me ha ocurrido entrar en un aparcamiento subterráneo. Y por suerte, en mi tierra no hay cuestas, solo en algunos pueblitos que, desde luego, no he pisado jamás si conducía yo.

A mí me pasa lo mismo, un vehículo es una máquina de matar, y le tengo un respeto tremendo. ya miedo no, pero los primeros años las pasé canuta.

Me alegra muchísimo haberte podido provocar una sonrisa, yo también me he reído lo mío con tus andanzas. Un besazo, preciosa, y hasta muuuuuuuuy pronto.

11 Diciembre 2008 | 03:11 PM

ren

ren dijo

Las decisiones siempre son importantes, Antonio, por las consecuencias que acarrean para nuestras vidas. Cada vez las vamos madurando más, es cierto, pero creo que pocas veces resultan fáciles.

Besos.

11 Diciembre 2008 | 03:12 PM

ren

ren dijo

Mira, Mantis, conociendo tus antecedentes de la infancia y sabiendo que en plena carretera se te pegó el pie al pedal y te pusiste a 140 el primer día que cogiste un coche, que el profe se pasaba la hora controlándote, ¿todavía te extraña que al pobre le saliera una úlcera? A mí, ni chispa… (risas) Dos o tres al día como tú y no lo cuenta…:-P

Lo que no me ha quedado claro es por qué se clavaban las miradas de tu profe en tus piernas el día del examen.. ¿Por qué te tenía yuyu o porque te pusiste minifalda ex profeso pa causar buena impresión al examinador? Mira, en eso no caí yo… En aquella época creo que si lo hubiese hecho habría obtenido el carnet antes de la quinta convocatoria.. (risas)

Besos, guapa, me he divertido muchísimo con tu comen.

11 Diciembre 2008 | 03:13 PM

Mantis

Mantis dijo

¿El Pele micciona? yo creí que meaba ¿no?.

Ren, Ren, eres pelín mal pensada... no, no llevaba minifalda, el profe clavaba su mirada en mis piernas porque quería que adelantara a un camión en una curva y él con los ojos quería empujar mi pie en el acelerador. La vida me dio que pasé de él y adelanté cuando tuve visibilidad porque sino no apruebo...
Al volante se necesitan dos cualidades, decisión y firmeza, ambas las tengo, aunque no voy a confesar toda la retahíla de las que no tengo, que conste, jajaja...

Besos, vamos al volanteeeeeeeeeeeeeeee

11 Diciembre 2008 | 04:09 PM

ren

ren dijo

El Pele no hace cosas feas, niña, que es un señor mu serio. :-P

¿Mal pensada yoooooooooooo? Pero si soy una angelita, Mantis... Bajá del cielo a pedrás, pero bueno...je...

Haces bien en no confesar las cualidades que no tienes, el que quiera saber que vaya a Roma..

besos, guapísima.

15 Diciembre 2008 | 09:59 AM

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Sobre mí

Realmente somos dos personas en esta sección. Un grancanario, EUDLF, y una sevillana, RENAISSANCE. La idea de publicar un blog conjuntamente viene de nuestra inquietud por expresar ideas, cuanto menos, curiosas en un crisol de chispas.

Lo más extraño es que jamás nos hemos visto en persona. Pero la amistad ha crecido en nuestros momentos más duros y dolorosos. Valga como brindis nuestra aportación al mundo de las letras, los sentimientos y nuestra esperanza de que el ser humano es un espíritu sin fronteras.


(How to tell stories. De Sebastian Holmer).

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