LAS CONFIANZAS

Un par de meses después, viendo que ni me mataba ni nada por el camino, empecé a tomarle confianza al coche y a dejar de desear encontrarme el hueco en su lugar cuando bajase al otro día a buscarlo. Tanto es así que cuando años después me lo robaron me enfadé una barbaridad, y al recuperarlo (una de las cosas más necesarias en esta vida es tener un amigo en la policía municipal) casi lo beso en los morritos. Al coche, no al municipal.
Ese nivel de confianza se fue incrementando hasta el punto de que llegó un momento en que conseguí ponerme a 90 por hora en la autovía, con cara de velocidad y ya en cuarta casi todo el tiempo, porque mi Rafi nunca me enseñó a meter quinta. Yo sabía cómo se ponía, de verlo hacer cuando viajaba de copiloto, pero durante 4 años ni lo intenté. Mi Ford y yo habíamos llegado a una entente cordial: él no trataba de dominarme a mí y yo no trataba de dominarlo a él, y meter quinta me parecía darle ventaja, dejarle ir a una velocidad que me parecía ingobernable. Hasta que una mañana me llamaron al instituto para decirme que mi hijo había tenido un pequeño percance, nada grave, pero le habían dado unos puntos en un pie. Y cuando llegó la hora de salida, me encomendé a todos los santos del calendario y metí quinta para llegar cuanto antes. Llegué, llegué, y de una pieza, así que al otro día, ya que había conseguido confraternizar con esa marcha, volví a usarla. Y entablamos tal amistad que terminé por dejar pegado el piececito al pedal y ponerme a 160 por hora en cuanto entraba en la autovía. Antes de que entrara en vigencia el carnet por puntos, claro, cualquiera se atreve a eso ahora…
Para decir la verdad, terminé por tomarle gusto a conducir por autovía y autopista, acabó siendo un verdadero placer para mí devorar kilómetros por ellas, con la música a un nivel de decibelios algo superior al que acostumbro, y a eso contribuyó el cambio de coche. No sé si el Ford salió malillo o es que yo contribuí a acelerar su muerte a fuerza de estresarlo, pero el caso es que a los pocos años hube de cambiar de vehículo, y me decidí por un Suzuki Ignis, un todoterrenito monísimo y de asiento alto, que era lo que quería. Es que lo que tiene ser bajita, que el Ford o cualquiera de asiento bajo, visto de lejos cuando lo conduces, parece el coche fantasma. Sentarse en ese asiento era hacerlo en un trono, desde sus alturas tenía un dominio perfecto de la calzada, y eso contribuyó a darme seguridad.
Disfrutaba en carretera, pero me angustiaba el tráfico en ciudad. Llegué a conducir bien, muy bien, pero me temo que nunca aprendí a circular, que es una cosa bien distinta, y creo que en parte se debe a una experiencia vivida a los muy poquitos meses de estrenar el carnet que me dejó medio traumatizada. Una prima mía, que a sus múltiples cualidades une la de ser tenaz en grado sumo y desplegar sus artes seductorias, que son muchas, con el ingenio suficiente para convencerte hasta de que los burros vuelan, me pidió un día que la llevase al centro de Sevilla. “Yo te guío. Si es facilísimo.. Y además, en verano está todo desierto, solo encontraremos cuatro coches para hacer bulto, mujer, ya verás, y necesitas soltarte un poco”. Yo solo pensaba en el dédalo de calles estrechitas, por las que solo cabe un automóvil y si encoge barriga, por las que la irresponsable de mi prima me quería meter, y me entraban los sudores de la muerte. Pero como la palabra “No” no figura en mi diccionario, accedí, vestidita de miedo. Ella me guiaba… “Ahora a la derecha”. “Cuando pasemos ese cruce gira a la izquierda”. Y de vez en cuando, por el rabillo del ojo, yo veía que se persignaba. Una vez, y otra, y otra… Eso me descomponía. “Dios mío, ¿qué habré hecho, en qué habré metido la pata para que esta criatura no pueda evitar persignarse de esta manera tan ostensible?¿Me habré saltado un semáforo en rojo, un stop..? ¿Qué...?” El tiempo que estuvimos circulando por las calles del casco histórico, en las que a media mañana se movían por supuesto muchos más de los cuatro coches que aseguraba mi prima, se me hicieron interminables, la tensión agotadora, y cuando al fin la dejé en su casa no pude aguantar más y le pregunté. “Pacita, ya sé que soy un desastre de conductora, pero ¿tan mal lo he hecho que tenías que persignarte una y otra vez?” Ella me miró sorprendida. “No, mujer, lo has hecho muy bien, ni nos hemos chocado, ni nos han pitado... Es que yo cuando paso ante alguna iglesia siempre me persigno”. ¡Y como no hay iglesias en el centro de Sevilla…!
Esa fue la última vez que me aventuré por las calles de mi ciudad. Yo me había propuesto obtener el permiso de conducir para poder ir tranquila a mi centro de trabajo, sin tener que pedir favores a compañeros para que me llevaran o trajeran, y lo conseguí. El tráfico por ciudad es estresante… atascos, niños con pelotita, señoras con carritos de bebé que cruzan calzadas como auténticas suicidas, conductores que no respetan las normas, motoristas que creen que pueden pasar por el ojo de una aguja e incluso adelantan por el carril contrario en cuanto ven una mínima oportunidad… Habiendo transporte público, ¿qué necesidad tengo de pasar un mal rato? Eso fue lo que pensé, y hasta hoy. Mi coche solo sabe ir de casa a mi instituto, y vuelta, ya está. Bueno, y a Cádiz… Trayectos de los que ambos hemos llegado a disfrutar de verdad estos últimos años; para todo lo demás hay autobuses, taxis, y nunca falta un alma caritativa que te lleve alguna que otra vez a donde necesitas ir.
No puedo terminar sin decir en mi descargo que mi falta de habilidad al volante siempre la suplí con dosis extra de prudencia, y que jamás he tenido en estos 15 años un accidente, ni un simple roce. Por lo menos, quedar bien en algo, ¿no...?




girasol dijo
Buen post Ren ;) Te diré que yo ni tengo el carnet, infinidad de veces he estado a punto de sacármelo, sobre todo cuando por cuestiones laborales me destinan a sitios muy mal comunicados, pero como siempre acabo volviendo a un mundo lleno de medios de transporte, las ganas iniciales de hacerme con el volante se transforman en un ¿para qué? si tengo autobuses, taxis y aviones, amén de la gente querida que por mí puede conducir en un momento dado. Besos y buen fin de semana!!!!
12 Diciembre 2008 | 10:16 PM