La Coctelera

rincones

30 Enero 2009

THE DEADS (y III)

El póster de la película que Houston dirigió inspirada en “Los muertos” anunciaba: “Aquella música cambiaría sus vidas para siempre...” Su función es clave en la obra, el eje vertical, la columna vertebral de la trama. La música… Siempre es la música… Música es lo que trae de nuevo a la vida a Michael Furey desde los avernos y consigue abismar en ellos a una mujer, en los del pasado, un pasado más vivo y real que su presente.

“¡Puedo ver sus ojos ahí mismo, ahí mismo!”

exclamaba. Música es lo que descarna la realidad de un matrimonio y hunde también las expectativas de un marido respecto a esa unión. Música le parece a Gabriel la imagen de su mujer inmóvil en la escalera, escuchando aquella malhadada canción:

“Si fuera pintor la pintaría en esa misma posición. El sombrero de fieltro azul destacaría el bronce de su pelo recortado en la sombra, y los fragmentos oscuros de su traje pondrían las partes claras de relieve. “Lejana Melodía” llamaría él al cuadro, si fuera pintor.”

Y cuando a los pocos minutos evoca momentos felices de su vida en común, a música lejana , a música con letra, le suena la frase de una de las cartas que le había dirigido a Gretta hacía ya eones:

“¿Por qué palabras como éstas me parecen tan sosas y frías? ¿Es porque no hay una palabra tan tierna que sea capaz de ser tu nombre?”

Pero no basta con poder oír una melodía, hay que saber interpretarla. Furey sabía. Gustaba de la música, tenía una hermosa voz que su enfermedad no le permitió cultivar, era delicado, tenía unos hermosos y enorme ojos negros que sabían cómo mirar a una chica, y fue capaz de morir por amor. Y Gabriel no solo no conocía la palabra adecuada para nombrar a quien se ama, además carecía de las dotes suficientes para interpretar la música. No fue capaz de entender qué había en aquella canción tan poderoso como para efectuar aquella transformación en su esposa, convertirla en símbolo de algo, colorearle intensamente las mejillas y dar brillo a sus ojos, un color y un brillo que debía de hacer mucho que no veía en ella.

“¡Ay, el día que supe que se había muerto!

Se detuvo, ahogada en llanto, y, sobrecogida por la emoción, se tiró en la cama bocabajo, a sollozar sobre la colcha.”

La música, cualquier música, deja de sonar cuando Gretta, agotada por el dolor de la pérdida de su primer amor, por el sentimiento de culpa y las lágrimas, se rinde al sueño. Su marido queda a solas con sus pensamientos y con el silencio.

“¿Qué pequeño papel he representado en tu vida? Tu cara sigue siendo preciosa, pero ya no es aquella por la que dieron su vida. ¿Cuánto tiempo has guardado en tu corazón la imagen de los ojos de tu amado, diciéndote que no deseaba vivir? Yo no he sentido nada así por ninguna mujer, pero sé que ese sentimiento debe ser amor.”

Su mirada se detiene, distraída, en las botas que su mujer se ha quitado cuando se desvestía.

"Una bota se mantenía en pie, su caña fláccida caída; su compañera yacía recostada a su lado." Es el símbolo perfecto… Y no puede entender qué le impulsó solo una hora antes a concebir aquel arrebato pasional hacia su mujer.

“A la puerta del hotel, sintió que se habían escapado a sus vidas y a sus deberes, (…) y se habían fugado juntos, sus corazones vibrantes y salvajes, en busca de una aventura nueva.”

A rememorar momentos de pasada felicidad.

“Junto a la taza de té del desayuno, un sobre color heliotropo que él acariciaba con su mano.(…) Era tan feliz que no podía probar bocado.”

No, él nunca había sentido un amor como el de Furey. Hubo momentos, al principio de su relación con Gretta, en que su amor por ella  prestaba brillo a sus ojos, pero, aunque real y sentido, derivó en algo desprovisto de romanticismo, absolutamente adocenado, tan burgués como el entorno en que se había criado. Y él mismo llega a ser consciente de ello en aquellos instantes en que la pasión y el deseo lo dominaban.

“Anhelaba hacerle recordar a ella todos esos momentos, para hacerle olvidar su aburrida existencia juntos y que rememorara solamente los momentos de éxtasis.”

De aquella pulsión sexual, del eros, no hay más que un paso al thanatos, la muerte, tras la confesión de su mujer. En el momento en que creía que ésta se acercaba a él dispuesta a entregársele y solo lo hizo para hablarle del amante muerto, siente que algún ser impalpable y vengativo, alguien salido de las sombras, se le enfrenta de forma amenazadora: Michael Furey.

“Mejor pasar audaz al otro mundo en el apogeo de una pasión que marchitarse consumido funestamente por la vida.”

¿Hay forma más épica de concluir una hazaña tan heroica como la de aquel joven si no es con la muerte? La épica de la muerte… No, no había otra conclusión posible. Ahora, su pensamiento llena la habitación en semi penumbras de fantasmas pasados y futuros, de figuras que ya pasaron al Hades, como su tío Patrick, y de las que muy pronto cruzarán el río que allí lleva, como la pobre tía Julia, y sobre todas ellas, gravitando, la del joven muerto tan prematuramente. Como si las Siddhe, las hadas irlandesas que se aparecen a los que pronto van a morir, y que también están presentes en “Grace”, otro de los cuentos de Dublineses, hubieran aparecido aquella noche durante la cena, las mismas Siddhe que le han descubierto que él nunca ha amado a su esposa de la misma forma que el adolescente que murió por ella lo hizo.

“El aire del cuarto le helaba la espalda. Se estiró con cuidado bajo las sábanas y se echó al lado de su esposa. Uno a uno se iban convirtiendo ambos en sombras. (…)A sus ojos las lágrimas crecieron en la oscuridad parcial del cuarto y se imaginó que veía una figura de hombre, joven, de pie bajo un árbol anegado. Había otras formas próximas. Su alma se había acercado a esa región donde moran las huestes de los muertos. Estaba consciente, pero no podía aprehender sus aviesas y tenues presencias. Su propia identidad se esfumaba a un mundo impalpable y gris: el sólido mundo en que estos muertos se criaron y vivieron se disolvía consumiéndose.”

Del eros al thanatos, y de thanatos al mithos…. El de Orfeo y Eurídice. Pero Gabriel, a diferencia de Orfeo —y del propio Joyce, que poseía una voz de tenor más que notable y grandes cualidades para la música— no estaba dotado de sensibilidad para este arte, y ello le privó de conocer antes la cancioncilla popular que llevó a Greta a los abismos, de rescatarla de las furias que allí la retenían y y devolverla al presente. Es Gretta quien, fusionando en su persona los papeles de Orfeo y Eurídice, vuelve la vista hacia atrás y queda atrapada para siempre en el pasado.

“De nuevo nevaba. (…) Había llegado la hora de variar su rumbo al poniente. Sí, los diarios estaban en lo cierto: nevaba en toda Irlanda.”

En la historia literaria el Hades ha sido situado con frecuencia en Irlanda, y además, “partir hacia poniente” en la cultura celta significa morir. Según la leyenda, el barquero de la muerte lleva a sus víctimas hacia el oeste, y precisamente los desplazamientos hacia este punto cardinal simbolizan a lo largo de los quince relatos que componen “Dublineses” la aceptación de la parálisis intelectual, social y moral que Joyce atribuye a su país. Y “Los muertos” no constituye excepción la regla. El simple traslado del matrimonio Conroy desde su casa en Monktown a la casa de Usher’s Island para participar en la fiesta de las ancianas tías es un movimiento hacia el oeste y por tanto revelador de la conclusión del relato. El hotel donde la pareja se queda a pasar la noche, el Gresham, está todavía más al oeste de Dublín Centro. En su debate con Miss Ivors Gabriel defiende el camino al Este, al continente, como vía de progreso, pero ninguno de sus contertulios, incluida Greta, es capaz de desviar la vista a ningún sitio que no sea el oeste.

Y al final, el joven Conroy se rendirá ante lo inevitable. No tiene ya más rumbo que el que lleva a poniente…

“Su alma caía lenta en la duermevela al oír caer la nieve leve sobre el universo y caer leve la nieve, como el descenso de su último ocaso, sobre todos los vivos y sobre los muertos.”

Sí, los diarios estaban en lo cierto: nevaba en toda Irlanda....

Creo que Gabriel nunca llegó a saber de verdad quiénes son los vivos y quiénes los muertos. Quizás los muertos son los que no han huido al exilio, como Joyce, y se han quedado en la tierra de las sombras, en el poniente, como Gabriel. Francamente, yo tampoco lo sé. Solo sé que se nos mueren amores, amistades, deseos, esperanzas, convicciones, y con cada uno de ellos una parte de nosotros y de las personas y situaciones que les dieron soporte en su momento, aunque sigan vivas. Y también sé que hay situaciones y personas que ya no podemos tocar con las manos, pero que continúan teniendo una presencia absolutamente real en nuestras vidas. Solo sé que, en la inmensa mayoría de las ocasiones, somos nosotros quienes decidimos quiénes son los vivos y quiénes los muertos. -------------------------------------------------------------------------

“Los muertos” es la historia de un bien perdido. Y de esos, tenemos todos… Cada bien que obtenemos en la vida, sea de orden material o no, lleva aparejadas esperanzas, ilusiones, trabajos… Y todo ello parece abandonarnos cuando el bien a que van ligados desaparece. Y sin embargo...

En las cosas y objetos que aún no forman parte de nuestras vidas pero que habrán de llegar estará contenida una nueva remesa de esfuerzos, esperanzas, sueños y alegrías, serán todo un cajón de sastre que iremos llenando poco a poco de botones de vestidos y trajes que algún día serán antiguos, de hilos que terminarán colgando de las agujas que habrán de remendarlos y zurcirlos. Y que algún día se unirán en la memoria a los que ya formaron parte de nuestras existencias.

Y todas esas ilusiones, los deseos, los esfuerzos, hilos y botones, los del pasado y los venideros, están siempre contenidos en una sonrisa. En la más bonita del mundo.

REN

Felicidades.

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Pere

Pere dijo

Gràcies, Ampar.

30 Enero 2009 | 11:39 PM

Ampar

Ampar dijo

Gràcies a tu, Pere. Fins el pròxim any... Molts petons, molts.

31 Enero 2009 | 12:30 AM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Maravilloso, Ren, simplemente maravilloso.

31 Enero 2009 | 03:55 AM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Ah, una cosa debo añadir: Qué difícil es, por no decir imposible, competir con un fantasma..., qué difícil debe ser, por no decir que imposible, vivir con alguien que sigue anclada(o) al pasado. Besos.

31 Enero 2009 | 04:00 AM

Pere

Pere dijo

En agosto del 2207 enfermé, si es que así puede llamarse a esas cosas que te ocurren cuando estás tan cerca de los 90 años, esos desperfectos de un cuerpo cansado y casi abatido. Sufrí un edema pulmonar y la infección correspondiente, también me falló el corazón, me hubiera podido morir, la fiebre hizo que perdiera la poca consciencia que ya tenía por culpa de mi Alzheimer, mis piernas no me sostenían y la bruma del sin sentido me envolvía tenebrosa. Hacía ya algunos años que había perdido el habla, es extraño perderla, es como perder una mano, todavía la sientes en ti, notas los dedos y el roce del viento, pero las caricias con ella son los mimos de un fantasma.

Las palabras.

“no hay una palabra tan tierna que sea capaz de ser tu nombre”.

Primero la llamé nena y luego mama.

Ahora Veni está conmigo y yo con ella, los dos lo estamos con Rosa y Carme, con Ramón y Antoni, con Marià y Gregori, Josep y Joan, Maria y Herminia, Aleix, Rafel y Eduard, con Martin y Josep Maria.

Las palabras son casi lo más importante que tenemos, sean nuestras o de otros, las digamos nosotros mismos o las digan otros por nosotros o para nosotros.

“Mientras… ensimismado las oí llegar.

Venían andando de lejos, despacio, con un taconeo rítmico que las anunciaba. Por mi izquierda y bajando la calle.

Yo, cruzado de brazos y apoyado en la barandilla, mirando la puerta del Hospital, la calle completamente abandonada.

Caminando lenta y lánguidamente se acercaron tres mujeres.

Una era eslava, muy delgada, de un rubio descolorido y poco atractiva. La otra, latina, alta, guapa y espectacular. Y la tercera era distinta a las otras dos.

Al pasar delante de mí se detuvieron y se me acercaron. Empezó a llover.

Sucedió algo sin importancia, nada más que un intercambio simpático de palabras. Me desearon buena suerte y se fueron.”

¿Cómo era ésa que era distinta a las otras dos?, le pregunté en sueños.

Era una mora y era una reina.

Era una íbera y era una vikinga.

Era una india y era una niña.

Era una barquita de vela latina.

O una capa roja de gitana fina.

Cuando se está muerto se saben cosas que corresponden a otras verdades. Verdades que no deben ni pueden decirse fuera de la sin razón. Verdades que deben callarse. Momentos en los que se debe guardar silencio. Estar muerto es una manera como otra de estar mudo.

31 Enero 2009 | 02:26 PM

ren

ren dijo

Competir con un fantasma, Madeleine, vivo o muerto, porque también los hay vivos, es batalla perdida. ¿Llegaste a leer una novela titulada “Rebeca”, de Daphne du Maurier? Es un buen ejemplo de esta situación. La llevaron también al cine allá por los años 40 ó 50, creo, y la protagonizaron Joan Fontaine y sir Laurence Olivier. Un viudo se casa con una señorita de compañía, pero la sombra de la esposa muerta se interpone constantemente entre el matrimonio…

No creo que se pueda intentar competir con un fantasma, sobre todo cuando es el de alguien que ha muerto, porque la misma muerte lo convierte ya en un mito para quien le recuerda. También se mitifica a los fantasmas vivos, pero éstos aún pueden destruir su propio mito con sus acciones. Los otros ya no pueden, y se convierten en mitos indestructibles.

Besos, mi querida amiga.

1 Febrero 2009 | 08:05 PM

Ampar

Ampar dijo

Recuerdo aquel agosto,Pere… Tu hijo me contaba que haría unas cortas vacaciones, y te pusiste malito. Por suerte Albert había llegado ya, y él también pudo estar contigo y cuidarte. Les diste un buen susto, ¿sabes?, nos los diste a todos, porque también las amigas de Pele estábamos muy pendientes de tu evolución, y respiramos aliviadas cuando te dieron el alta. Ya conoces a tu Pele, es un gruñoncillo a veces, pero su amor por ti, por Veni y por su hermano es de tal calado que terminó por contagiárnoslo.

Sí que nos tuviste preocupados, y que pudiste haber muerto aquel caluroso mes, pero no era la hora. Me decías que cuando se está muerto se saben cosas que corresponden a otras verdades, y estoy segura de que así es. Una de esas cosas imagino que es cuándo es el momento adecuado de irse, y por qué es el adecuado. Supongo que debe de ser algo así como saber cuándo ya no es necesario no hablar más. Cuando eso te ocurrió habías dicho ya todo lo que tenías que decir con palabras, y a juzgar por el poso que dejaste en tus hijos debió de ser mucho y bueno. Y exacto. Sí que supiste encontrar la palabra tan tierna como para poder ser el nombre de la mujer que amaste, y no una sola, sino dos: “nena” y “mama”. Aquí en el sur se dice mucho “nena”, ¿sabes?, y cuando oyes a un abuelito llamar así a su esposa… Bueno, la ternura se te desborda. También tuviste que encontrar la palabra capaz de ser el nombre de tus hijos, y eso, encontrarlo, debe de ser la clave para conseguir ser amado como ellos te aman.

Yo creo que llega un momento en que lo sembrado mediante la palabra debe reposar para que fructifique en la mente de sus receptores, el silencio es necesario para que el otro pueda asimilar lo escuchado, y me da la impresión de que un buen día decidiste que había llegado el tiempo de callar y, como siempre te gustó tanto el jugueteo, seguir contando cosas solo con la mirada y la sonrisa. Pele te miraba, intentando sondear en ambas alguna más de las verdades que aún no les habías desvelado a tus hijos, y nunca lo he comentado con Albert, pero estoy segura de que él también lo hacía cuando dejaba Madrid y corría a estar a tu lado en cuanto había la menor oportunidad. Y apuesto a que tú te reías para tus adentros viendo los esfuerzos de tus dos muchachos, porque pilluelo has sido siempre, que lo sé yo. Anda, mira cómo preguntabas a Pele cómo era aquella tercera jovencita… (risas) Aprovechaste esa vía abierta a la comunicación entre los que estáis en el otro lado y los que aún permanecemos aquí, la misma que Rafael y yo, y te faltó tiempo para que te hablara de cómo era la niña aquella. Ya veremos si no se le tuerce la naricilla a tu hijo, porque no nos lo quiso contar en su momento y tú me lo has desvelado… Era guapa la muchacha, ¿verdad? Una mujer que era todas las mujeres. La mujer. Ese sueño, esa quimera que persiguen los poetas.

La palabra es casi lo más importante que tenemos, es verdad, pero solo “casi”. Muchas veces las dicta una emoción espontánea, puntual. Un “te quiero”, un “te odio” … Cuántas veces son solo flor de un rato, de un sentimiento vívido pero fugaz, ¿verdad? Lo que en realidad importa son los sentimientos asentados, las acciones, las actitudes que tenemos hacia los demás, esas son las que dan verdadero contenido denotativo a las palabras, y son su perfecto sustituto. Y creo que las que usaste para transmitir verdades.

Verdades que solo se pueden aprehender y aprender cuando se tiene un padre mudo, enfermito, débil e indefenso, como un niño, como un hijo pequeño. Una de ellas me la contó hace tiempo Pele: “Yo he encontrado una lasca importante de la felicidad en los pañales de mi padre enfermo”. ¿Sabes…? A veces pienso en el orden maravilloso, exacto y perfecto que rige el cosmos, la naturaleza, en esas leyes inmutables que todo lo disponen con rigurosidad matemática, y no me cabe en la cabeza que en esa orquestación admirable no tenga asignado el ser humano su lugar, que todo lo que nos ocurre no tenga un motivo que le dé sentido último, como lo posee cuanto ocurre en el universo, a nuestra vida y a nuestra muerte, a cada circunstancia en que nos vemos envueltos. Fíjate, Pere, algo que en principio supone una desgracia, como la enfermedad de un ser querido, se convierte para quien sabe ver en una fuente de emociones y sensaciones que nunca pudo sospechar. Ya sé que leíste estas palabras de tu hijo menor, pero te las recordaré:

“El contacto con la carne enseña cosas que nunca podías haber imaginado antes.(..) ha creado una cercanía inusitada y de una intensidad muy fuerte.(…) la empatía y la ternura que despiertan es inmediata. La necesidad de protegerlos y cuidarlos, besarlos y acariciarlos se aviva en ti como si acabaras de parirlos. Cuando los miras comprendes que las personas ancianas pueden ser extraordinariamente bellas, y hermosas y mucho más dulces y tiernas que un bebé.”

Cuando leí aquello supe que mi idea de que todo tiene un porqué, aunque a veces se nos escape, es cierta. Como lo ha de tener el momento de llegar, y también el de irse. Muchas cosas las sabemos, en muchas otras nos equivocamos, pero aciertos y equivocaciones seguramente coinciden en un punto situado más allá de la verdad y de la mentira, seguramente también más allá de la vida y de la muerte, en ese punto en que todo tiene sentido. Esa debe de ser una de las verdades que tú ya conoces: el punto en que todo adquiere verdadero sentido. Yo aún no sé cuál es ese punto, ninguno de los vivos lo sabemos, pero me basta con intuir que ese sentido existe.

Estar muerto es una manera como otra de estar mudo, sí. Otra manera de seguir estando, y hablando.

Y hablando de hablar... he hablado mucho, ¿verdad? Pero lo hacía contigo, y apuesto a que no te importa leer. Este año te voy a dejar un poema de José Hierro; desde que te conozco cada vez que lo leo me acuerdo de ti. A mí me gusta mucho, espero que a ti también.

Un petó ben fort, Pere, i una més forta abraçada de la teva amiga.

Poema Respuesta

Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.
Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.
Que tú me entendieras a mí sin palabras
como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.
Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte,
hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes.
Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible,
la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.
Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.
Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.
Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma,
yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese.
Criatura también de alegría quisiera que fueras,
criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.
Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas
y llorar en sus calles oscuras sintiéndote débil,
y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros,
y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde…
Si ahora yo te dijera
que es tu vida esa roca en que rompe la ola,
la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste,
aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha,
aquel niño que azota la mar con su mano inocente…
Si yo te dijera estas cosas, amigo,
¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente,
qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?
Y ¿cómo saber si me entiendes?
¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?
¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?
¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna,
poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?
Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.

1 Febrero 2009 | 08:43 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Querida Ren: Hoy me he pasado un largo rato en tu blog leyendo lo que los "tres" habeis escrito. Sólo os puedo decir: Gracias. Pienso que cualquier otra cosa que yo dijera estaría de más. Hay momentos en que el silencio se impone, no hay duda, en que el "silencio es más elocuente que la palabra. Se te quiere, Ren.

1 Febrero 2009 | 08:53 PM

ren

ren dijo

Si te refieres a esta conversación, Madeleine, no era entre tres, sino entre dos. Pele estaba ayer en otros menesteres, solo hablábamos Pere y yo.
El silencio es más elocuente que las palabras, sí, es algo de lo que cada vez estoy más segura. Cada vez creo menos en la palabra, menos en lo que me dicen y más en lo que me hacen. La verdad está , como le decía a Pere, en los sentimientos arraigados, en las acciones, en las actitudes, que son mudos, no en las palabras, que muchas veces mienten sin ni siquiera saberlo quien las pronuncia. La verdad, lo esencial, creo que solo se halla en el silencio, en lo que no tiene voz.

Antes le dije a Pere que no puedo saber cuál es ese punto en que todo adquiere sentido, no puedo saberlo porque aún no he cruzado al otro lado, pero algo intuyo … Y supongo que parte de ese sentido es la causa de su marcha. Creo que se van porque es la única manera de que dejemos de caminar de su mano. Mientras están aquí es inevitable que no queramos soltarla del todo, pero llega un momento en que hay que caminar solo sobre nuestras dos piernas y ser definitivamente adultos, en tiene que terminar la tentación de ser una especie de proyección de ellos y convertirnos en nosotros mismos.

Dentro de dos meses hará 19 años que se fue Rafael, joven aún, no tuvo mucho tiempo para enseñarme demasiadas cosas. En ese sentido nuestros dos amigos y tú tuvisteis más suerte. Pero casi todo lo que aprendí de él fue después de que se marchara. De su silencio, de su ausencia. Después fue cuando todo lo que él había vivido y me había contado, todo lo que quiso enseñarme, fue tomando forma. Y ahora sé que tiene que ser así, que no hay otra forma de acaba de crecer, de adquirir la suficiente fortaleza como para moverse con paso firme por la vida, de madurar, de aprender todo lo que es necesario transmitir a los que vienen detrás de nosotros.

Estar muerto es otra manera de estar mudo. Y estar mudo es la manera más elocuente de hablar, pero solo se puede oír y escuchar lo que dicen los que no hablan cuando se consigue aparcar el dolor que nos produce su pérdida.

“Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.”

Un beso, amiga. Se te quiere, y mucho.

1 Febrero 2009 | 10:50 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

"Estar muerto es otra manera de estar mudo. Y estar mudo es la manera más elocuente de hablar, pero sólo se puede oír y escuchar lo que dicen los que no hablan cuando se consigue aparcar el dolor que nos produce su pérdida". Yo sigo luchando, querida amiga, por aparcar ese dolor, para poder escuchar en el silencio de nuevo su inolvidable y hermosa voz. Un abrazo estrecho.

Nota: De verdad vas a dejar la puerta solo entreabierta??? En qué andas? Se me hace el colmo!

3 Febrero 2009 | 06:22 AM

mantis_religiosa

mantis_religiosa dijo

Maravilloso remate del post "The Deads".

No puedo añadir nada más porque los comentarios de este post alumbrados por la sonrisa más bonita del mundo me han dejado sin palabras.

Enhorabuena Ren por este trabajo. Muchos besos

5 Febrero 2009 | 01:39 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Está bien lo que decidas, Ren..., pero necesitamos de cuando en cuando aquí y en nuestras casas uno de tus guiños, OK? Besos.

5 Febrero 2009 | 07:25 PM

eltioantonio

eltioantonio dijo

A lo mejor vivo amarrado al pasado, a aquellos momentos que no puedo olvidar y que daría cualquier cosa por repetir.

Besos

5 Febrero 2009 | 10:04 PM

ren

ren dijo

El dolor tiene su propia voz, querida Madeleine, y ensordece a todas las demás, no permite escucharlas, distinguirlas con claridad. Pero se termina aprendiendo a recordar sin sentir la punzada, sobre todo cuando llega el momento en que se asume que ellos tienen derecho a descansar, y a hablar en silencio. Y entonces es cuando de verdad comienzas a oírlos, y a entender.

Guiños seguirá habiendo, son ya tres años y pico en este lugar de encuentro y eso crea adicción a los amigos y a lo que cuentan en sus posts, debaten en los comentarios… No podría sustraerme a eso.

Un beso enorme, princesa, has escogido un avatar precioso, lleno de luz, de serenidad… Es muy “tuyo”..

7 Febrero 2009 | 12:17 AM

ren

ren dijo

Querido Antonio, guardar celosamente momentos del pasado en nuestro recuerdo no es lo mismo que vivir atado a ese pasado. Son enfoques distintos. El presente es lo único real que tenemos, pero no somos nada si nos centramos únicamente en él y olvidamos nuestra propia historia. Somos lo que hemos vivido, por eso es fundamental preservar el pasado. Pero vivir atado a él, añorar momentos que ya se fueron y que jamás se repetirán, estar continuamente mirando hacia atrás es un error, porque impide ver lo que tenemos delante y a los lados, las nuevas oportunidades que nos surgen. Y, en consecuencia, perderlas. Es como meterse en un bote con formol y olvidarse de respirar aire fresco.

No te ates a nada, Antonio, y menos a lo que ya jamás podrá ser, o te perderás lo que tienes ante ti.

Un beso enorme, maestro.

7 Febrero 2009 | 12:18 AM

ren

ren dijo

Un beso muy grande, Mantis. Tan grande como tu corazón, si es que fuera posible igualar esa grandeza.

7 Febrero 2009 | 12:19 AM

earendil

earendil dijo

Excelentísimos tres post sobre una obra magna, compleja, cuya curiosidad me ha despertado después de leer este homenaje...

Escuché buenas críticas de Dublineses y aunque no he leido a Joyce, siempre he tenido en mente verla algún día.

Después de esta estupendo análisis voy a conseguir esta piedra angular de la literatura y espero poder corresponder a su intensidad con la peli de Houston en segunda instancia...

Feliz Domingo !

15 Febrero 2009 | 07:06 PM

ren

ren dijo

Gracias por tus cálidas palabras, Earendil... Me alegro muchísimo de haber conseguido despertar tu interés en este autor del que muchos, y me incluyo, salimos huyendo cuando nos enfrentamos a su "Ulises", pero al que realmente merece la pena volver, al menos comenzando con "Dubliners".

La peli de Hosuton te encantará, estoy segura, la puesta en escena es maravillosa y se ciñe con casi absoluta fidelidad al texto aunque lógicamente hay algunas aportaciones ya de carácter estrictamente cinematográfico. Si no me falla la memoria, creo haber leído que esta película es su testamento, así que resulta un valor añadido.

Baci, caro amico.

17 Febrero 2009 | 07:52 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Hola amiga querida: Pasé por aquí a releerte y a dejarte un estrecho abrazo. Es precioso este post y todavía mejor el diálogo. Se te quiere.

19 Febrero 2009 | 05:50 AM

ren

ren dijo

Gracias, Made. Creo firmemente en que existe un sentido último en las cosas que todo lo explica y justifica, y me gustaría pensar que en ese diálogo, que salió del corazón más que del teclado, me he acercado a ese sentido último.

Besos.

21 Febrero 2009 | 11:50 PM

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Sobre mí

Realmente somos dos personas en esta sección. Un grancanario, EUDLF, y una sevillana, RENAISSANCE. La idea de publicar un blog conjuntamente viene de nuestra inquietud por expresar ideas, cuanto menos, curiosas en un crisol de chispas.

Lo más extraño es que jamás nos hemos visto en persona. Pero la amistad ha crecido en nuestros momentos más duros y dolorosos. Valga como brindis nuestra aportación al mundo de las letras, los sentimientos y nuestra esperanza de que el ser humano es un espíritu sin fronteras.


(How to tell stories. De Sebastian Holmer).

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